“Reconoce tu potencial,  2da. parte. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 02 de julio de 2018

“Reconoce tu potencial,  2da. parte. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lo primero que tienes que hacer es empezar a tener fe en ti mismo, tú puedes tener la fe de Dios y fe en Dios, pero si no tienes fe en ti mismo, la fe de Dios y la fe en Dios no te van a funcionar.

Cuando Dios te creó, te hizo a Su imagen y semejanza, son dos palabras impresionante, es decir, Dios te puso una esencia de Él, te puso un potencial que tiene que ser activado con algo que se llama el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo va a hacer que ese potencial sea despertado y hará provocar los cambios necesarios en tu vida, para romper con las rutinas y los hábitos. Dios te creó con un propósito y lo hizo porque sabe que eres capaz de cumplirlo.

El peor aliado de un hijo de Dios se llama el temor, este opaca la fuerza que tienes dentro, opaca el sentimiento, el temor es el peor enemigo al futuro y te lleva a no entender la capacidad que tienes. Esa fuerza y autoridad que tienes, es la suma de todo lo que eres, que aun no ha sido revelado. Lo que tú eres ahora es el caminar y el proceso de lo que vas a ser mañana, conforme construyas tu futuro, así harás tu propósito.

Los hijos de Dios tienen que dejar de andar con la mente, con los pensamientos propios y tienen que empezar a caminar en los propósitos de Dios. Tienes que pararte y valorarte, levantar esa autoestima, tú no eres cualquier cosa.

Dios no hará nada ti tú no lo decides, Él te da la fuerza, autoridad y el poder, pero hasta que tú no lo decidas, Él no lo ejecuta. Cuando logras auto valorarte por lo que Dios ha hecho contigo, eso te ayudará a alejarte del pecado y de caer.

Dios ha puesto muchas habilidades dentro de nosotros, pero no la usamos y muchos no saben por qué, primero porque usted no se conoce a sí mismos y segundo porque no conoce la fuente a la que tiene que pegarse; Dios es tu fuente. Si quieres saber cuál es tu fuerza, potencial y habilidad, obligatoriamente tienes que ir, conocerte a ti mismo y saber de dónde te conectas.

Para que tu potencial, fuerza, energía y capacidad salgan, tienes que hacer lo siguiente:

  1. Como hijo de Dios debes tener una relación intima con el que nos representa que es el Espíritu Santo.
  1. Tienes que saber de qué manera fuiste diseñado para funcionar. Tú no eres igual a nadie, fuiste hecho con un diseño, un propósito, una visión que no es la de nadie más. Si no entiendes esto, la fuerza que tienes la puedes convertir en negativo, en vez de positivo. Para aprender tu diseño, no lo puedes aprender con psicología, con estructuras esquemáticas, de hombre, tienes que aprenderlo por fe. Dice la Palabra que sin fe es imposible agradar a Dios y Él es el único que te va a dar el propósito que tiene para tu vida.
  1. Para saber cuál es la fuerza y la energía que tienes dentro, primero debes conocer tu propósito y ese propósito Dios te lo dio antes de que nacieras. Llegará un momento en que tu propósito se unirá con tu lucha y cuando esas dos cosas se unan, el Espíritu Santo va a despertar tu espíritu para que empieces a entender cuál es tu propósito.
  1. Tienes que aprender y comprender cuáles son tus recursos, tú tienes recursos espirituales, físicos, materiales, emocionales, sentimentales; si no sabes trabajar estos recursos, se pueden convertir en contra tuya.
  1. Tienes que desarrollarte en una condición y en un lugar que verdaderamente te saque lo que tienes dentro de ti, tienes que ir a un lugar donde te empujen, porque si no te empujan te quedarás en el mismo lugar y no alcanzarás tu propósito.
  1. Tienes que botar la reputación, Dios anda buscando hombres y mujeres lanzados.

No puedes estar en un ambiente o un lugar que te tiente para volver atrás, si verdaderamente quieres que Dios saque el potencial que hay en ti, tienes que dejar de jugar. Tienes que unirte a gente de Reino, positiva, que te lleve a hacer los cambios en Dios.

Cuando el enemigo logra anular lo que tienes dentro de ti, de parte de Dios, te viene lo peor que le puede pasar a un hombre o una mujer, te quedas sin identidad. Por eso son tan importantes las experiencias de primera mano con Dios.

Salmos 82:6 dice:   

“Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo”.

Aquí el Señor nos dice que somos dioses, porque lo que ha puesto en nosotros, Su esencia, nos hace partícipe de toda Su obra. Esa revelación la entendieron los apóstoles, por eso ellos hacían todo lo que Jesús hacia. La iglesia tiene que entrar en esa posición, para poder recibir lo que Dios tiene para nosotros. El problema está en que tenemos el hábito y la costumbre de estar inconformes y quejándonos, en la misma rutina, pero cada uno de nosotros tiene una esencia dentro, para poder hacer lo que Dios quiere que hagamos.

2 Pedro 1:3-4 dice: 

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.

Para que Dios te de Su poder divino, dice la Palabra que tú tienes que conocerlo y para tu conocerlo, solo lo puedes hacer con una relación.

La relación te trae dos cosas:

  1. Conocer quiénes son los tuyos.
  2. Conocer a tus enemigos.

El poder divino que Dios te puso, es para que traigas las promesas de lo invisible a lo visible, de lo sobrenatural a lo natural. No busques las promesas de Dios con tu propia fuerza, tienes que conocerlo a Él.

Lo mejor de lo mejor es reconocer que tenemos que cambiar. Tu no haces nada si no buscas tu potencial, reconoces lo que Dios ha puesto en tu vida y si no huyes de lo que el mundo te ofrece. La iglesia de Dios tiene que sacar el pie del mundo, dejar de estar haciendo equilibrio, debe comenzar a tomar una posición firme para que empiece a vivir en lo divino y traer las promesas grandes y preciosas, por el poder divino.

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