“Nuestro amor hacia Dios. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes 23 de mayo de 2016

“Nuestro amor hacia Dios.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Marcos 12:28-32 (RV1960)

“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él”.

Aquí encontramos el gran mandamiento: El Señor uno es y lo amarás con todo tu corazón, alma y mente, y cuando lo sabes, eso te acerca al reino de Dios.

No hay otro mandamiento mayor que estos dos, y se nos tiene que revelar a la luz de la Palabra lo que significa Dios para nosotros; Él es un ser personal y creador de todo el universo, redentor de Su pueblo, autor definitivo de la Escritura y tema principal; objeto de confesión, de adoración y servicio a la iglesia. Si no sabemos quién es Dios, vamos a estar confundidos.

Hoy te pregunto quién es Dios para ti, porque será conforme a la idea que creas y consideres de Él. Solamente depende de ti, quien sea Dios en tu vida.

Muchos dicen ser creyentes y hablan de seguir a Dios pero caminan confundidos y la palabra ´confundido´ se refiere a cuando no sabes con certeza quién es Dios.

El concepto de Dios, lo que Él es, tiene que entrar en tu mente, porque tu manera de vivir va a depender de eso. Lo que le des a Dios va a ser conforme a lo que creas que Él es; por esto, tus oraciones son mediocres y tu alabanza no es genuina, porque lo que crees de Dios no es genuino.

El amor que Dios nos demanda compromete todo nuestro ser; amar a Dios con todo nuestro corazón se refiere a amarlo con lo más íntimo y el amarlo con toda nuestra alma significa que tu amor a Dios tiene que estar por encima de tus emociones, sentimientos  y pensamientos. El amor de Dios es lo que tiene que gobernar tu voluntad.

Tus emociones, recuerdos y sentimientos no pueden hacer competencia con el amor de Dios, porque si es así, quiere decir, que tu amor no es genuino. No puedes adorar a Dios y decirle que lo amas, conforme a lo que sientes, tus sentimientos nunca pueden estar por encima del amor de Dios. Cuando entendemos esto, también podremos entender la lucha que existe entre nuestros pensamientos y sentimientos vs. el amor de Dios, una batalla surge en ese momento y es esa batalla  la que te va a llevar a la presencia de Dios.

No me digas que amas a Dios si tus pensamientos toman el control de tu vida.

Amar a Dios significa que lo vas a amar sin importar lo que estés atravesando, pase lo que pase, simplemente no te debe importar el amar a Dios por encima de toda circunstancia. El amor de Dios siempre va primero, es por esto que Jesús habló sobre el corazón que es lo más intimo, Dios en Su palabra dice que conforme lo que haya en tu corazón así serán las palabras que salgan de tu boca, también habló del alma, que domina al hombre y es el laboratorio  donde se mete Satanás. Si entendemos esto y el Espíritu Santo explota dentro de nosotros, muchas condiciones y actitudes van a cambiar.

Muchos mandamientos no se cumplen, si el primero no es genuino y real.

Si no amamos a Dios en la condición que habla el versículo 30, el siguiente mandamiento que es semejante, de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no lo podremos cumplir.

Cuando quieres saber si alguien es verdaderamente maduro, mira el nivel de amor que tiene para Dios, porque así como ama a Dios, amará a su prójimo. Si entramos en esta realidad, también entramos en la verdadera batalla, porque nunca vas a pelear por nada que no ames.

Si no amas a Dios y a la vez odias el pecado, no vas a poder luchar contra todos los pensamientos en tu cabeza y es en esta batalla donde Dios te va a recompensar. Todo lo demás debe estar sujeto al amor de Dios en tu vida. Nada debe obstaculizar tu amor hacia Él. Tu voluntad siempre debe estar sujeta al amor de Dios y lo sujetas cuando todo lo que decides está acorde y alineado a Su palabra, aquí es cuando te das cuenta que verdaderamente amas a Dios.

El amor es una decisión, no es una emoción ni un sentimiento. ¡Tú y yo decidimos amar a Dios! Una vez que lo decides, nada está por encima de eso.

Tienes que amar a Dios genuinamente para poder establecer una relación con Él, porque si no amas algo o alguien, no vas a luchar por ello. Una vez decides amarlo, lo primero que va a pasar es que vas a empezar a escuchar la voz de Dios y empiezas a conocerlo.

El que viene a la iglesia de manera forzada, es muy difícil que escuche la voz de Dios, porque tienes que decidir amarlo para que Él te hable. Hay una estructura en tu cabeza que tiene que ser derribada y es al de creer que cuando vienes a la iglesia, vienes a escuchar la palabra del pastor, estás equivocado, aquí vienes a escuchar al Espíritu Santo de Dios hablarte. Cuando yo leo a Lucas, Marcos o Mateo, yo no los estoy leyendo a ellos, estoy escuchando al Señor que habló a través de ellos.

Cuando vienes a la iglesia y escuchas palabra de Dios, ¡celébralo! Lo estás escuchando porque decidiste amarlo. Decidiste amar a Dios, vienes a Su casa, recibes el justo mensaje que necesitabas escuchar y te hace cambiar, con esto, empieza el proceso más importante de tu vida, que se llama fe. La Palabra dice que Dios nos da un nivel de fe, el cual ya está en nosotros cuando decidimos amarlo, y a medida que venimos a Su casa y recibimos palabra que nos cambia y transforma, también adquirimos experiencias de primera mano con el Señor lo cual te impulsa de una manera que te vuelves defensor de todo lo que te da fe.

Tenemos que estar muy locos para murmurar o criticar algo o alguien que le tenemos fe, mientras más fe tengas en que Dios me use, tu crítica y murmuración se convertirán en una honra.

La misma palabra que te confronta mientras estoy predicando es la que te da la experiencia de primera mano con Dios porque sabes que Él te está hablando y tu fe empieza a aumentar. Escuchar palabra de Dios aumenta tu fe.

La importancia está en cómo recibes estas experiencias si tus hechos demuestran que no tienes fe, ¡porque si Dios te habló, eso tiene que darte fe! La decisión es el problema del porqué tus hechos no corresponden con lo que estás recibiendo y no corresponden porque tus pensamientos están por encima del amor de Dios, y justo aquí, radica la raíz de la Parábola del Sembrador; unos reciben la palabra entre espinos que son tus emociones y otros entre piedras que son tus pensamientos.

Cada área de tu alma que lucha por el amor de Dios es usada por Satanás. Un día te acuestas gozoso y feliz, y al día siguiente te levantas melancólico y triste. Tienes que decidir soltar la depresión, escuchar alabanza y darle brincos a Dios, decirle al Señor, que tu amor hacia Él está por encima de toda depresión, ¡y tu vida tiene que cambiar!

La fe pone más amor hacia Dios en ti. Si no te esfuerzas en tener experiencias de primera mano con Dios, no vas a lograr amarlo. Es este mismo amor que trae temor a tu vida.

Si no hay amor, tampoco habrá temor. El amor es lo que produce el temor en ti, ese temor de no dañar o hacer algo que lo moleste. El amor desata el temor, porque cuando amas, proteges y no quieres hacer sentir mal a esa persona.

Lo próximo que va a ocurrir es que vas a querer caminar con Dios, cuando lo amas quieres estar donde Él está. Sin amor a Dios, te dará lo mismo; no vas a caminar con alguien que no ames genuinamente. Pase lo que pase, siempre vas a querer caminar con Dios, cuando lo amas a este nivel, empiezas a morir a ti mismo.

Cuando todo lo que haces, lo haces por Dios: Caminar por Él, por el amor que le tienes, por tu temor hacia Él, lo siguiente que adquieres es un corazón de siervo, ese de servirle con un corazón genuino. Los siervos mueren a sí mismos, por sus amos.

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