“Yo anhelo un corazón obediente. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 15 de mayo de 2017

“Yo anhelo un corazón obediente. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

En Deuteronomio 10:16 nos damos cuenta la alabanza que le dan a Dios por Su grandeza y porque es Dios de dioses. También en Hebreos 5:8 vemos cómo Jesús aprendió la obediencia.

Es importante que entiendas la necesidad que tienes de un corazón obediente, porque siempre estarás luchando con ese problema de desobediencia. Según va pasando el tiempo cada vez te vas haciendo más desobediente a Dios y hasta contigo mismo.

Es muy difícil que un hombre cambie a otro hombre, el hombre solamente puede ser cambiado por otro hombre, a través de ese hombre ser usado por el Espíritu Santo, este es el único que puede cambiar al hombre; Dios es el que sabe cómo corregirte para que se provoque el cambio en ti.

Proverbios 29:1 dice:

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina”.

Tienes que saber que tu relación con Dios está fundamentada en el amor y la obediencia. El amor del Padre en ti es representado por tu obediencia a Él. Obligatoriamente, para tu amarlo, tienes que ser obediente. Todo amor que no te resulta en obediencia a Dios, no es verdadero, en otras palabras, ningún amor puede estar por encima del amor de Cristo.

Cuando empiezas a entender esto, vas a salir del sistema natural, emocional y sentimental, y vas a entrar en el sistema espiritual; mientras estés en el sistema natural, todo lo que tengas en lo terrenal estará por encima de Dios. Todo amor que se anteponga entre Dios y tú, es ilegal. Muchas personas dicen que aman a Dios, que están agradecidos y tienen un montón de prioridades delante de Él.

“Obediencia” significa: sumisión a la autoridad por elección. Hasta que no estés persuadido por lo que es Dios, nunca le vas a obedecer; creerás en Él, pero no le obedecerás.

La fortaleza del hombre está en la voluntad, y la voluntad es la fortaleza del carácter. Cuando no tienes una fuerte voluntad, muy difícil puedas elegir y hacer elecciones. La voluntad escoge una decisión y una decisión ejecuta una acción. Las decisiones de tu voluntad te desacreditan o te dan honor.

El Señor tiene múltiples formas de persuadirte, y lo hará conforme este tu corazón. Cuando Él te persuade y te pone la mirada, se te empieza a revelar. Cuando Dios te empieza a persuadir y tu voluntad comienza a accionar y decidir obedecer a Dios, es el mejor camino que vas a tomar para ser radical.

Para activar el llamado de Dios, tienes que estar persuadido por Él para que tomes la decisión y ejecutes tu llamado. Obedecer es hacer lo que Dios manda, cuando, donde y como Él dice. En otras palabras, estar obediente a Dios, es estar persuadido y convencido totalmente de quién es Dios para ti. Cuando no entiendes esto, se te hace difícil obedecerlo.

La obediencia significa estar totalmente persuadido y convencido de qué es lo que usted quiere. En Romanos 4:17-21 vemos que si Abraham no hubiera estado persuadido y convencido de lo que era Dios, no  le obedece, no lucha esperanza contra esperanza, ni con la situación adversa.

El Señor te puede persuadir a través de un predicador, de un profeta, con una palabra profética, de sabiduría, de ciencia, pero una cosa es persuadirte y otra es convencerte. Cuando estás convencido, nadie te mueve de donde estás, ni te lleva a mirar atrás, nunca vuelves a lo mismo, sino que ya eres un hombre nuevo.

Hay personas que no se dejan persuadir porque no saben lo que quieren. Uno de los síntomas para tu saber si amas a Dios verdaderamente, es preguntarte: ¿Cuántas veces vas a la iglesia a darle o a buscar de Él? El que ama no busca, el que ama da.

Cuando estas persuadido tú decides y accionas, y es imposible que vuelvas atrás. En lo que Dios te va persuadiendo, te va a dar experiencias de primera mano y esas experiencias te van a convencer de que es Dios, cuando se las des a otros.

El problema está en que muchos han cualquierizado a Dios porque lo ven desde el sistema natural; quieren que Él piense como ellos piensan, que actúe como ellos actúan, y no es así, es al revés, Dios quiere que actúes como Él actúa, que hables como Él habla, que pienses como Él piensa.

 

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