“Aprendiendo a caminar en autoridad.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 19 de febrero de 2018

“Aprendiendo a caminar en autoridad.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Cuando caminas en autoridad, estás demostrando el reino y que Dios camina contigo, pero cuando caminas deprimido, triste, con un espíritu de luto, pues no estás caminando en autoridad.

Lucas 7:1-10 dice:

“Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum. Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo. Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;  porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.  Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;  por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.  Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo”. 

Lucas 10:17 dice:

“Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.  Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.

Un centurión no es más que un militar romano que comandaba una centuria, es decir, comandaba cien hombres, y estos eran  hombres de gran importancia, de gran credibilidad, eran parte de la nomenclatura del ejército romano.

En la vida de Jesús hubo tres centuriones:

  • El centurión de Capernaum.
  • El centurión que comandaba los hombres cuando crucificaron a Cristo, es el que dijo: “verdaderamente es el hijo de Dios”.
  • El centurión Cornelio, este era piadoso, temeroso de Dios,  él y toda su casa.

En todo el nuevo testamento Jesús tiene una relación con cada uno de estos centuriones, hombres de guerra, hombres bajo autoridad, que conocen la obediencia, porque Dios es un Dios de obediencia, de autoridad.

Cuando la palabra dice que nos da autoridad sobre escorpiones y serpientes, estos no son más que espíritus malignos, inmundos, es una tipología de esos espíritus, entonces si tenemos esa autoridad de hollarlos, entonces nosotros debemos de aprender a caminar con esa autoridad.

Para tener autoridad hay algunas condiciones en las que debes entrar, porque lo que Dios te va a dar siempre va a venir acondicionado por algo:

  • Autoridad dada por obediencia. No todo el mundo puede caminar en autoridad, para poder caminar en autoridad debes tener una obediencia total.
  • Autoridad de la resurrección. Es la que Jesús tomó cuando resucitó de los muertos.
  • Autoridad ganada. Esta se adquiere cuando acumulas experiencias en la guerra espiritual, personal y propia.

Juan 5:30 dice: 

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”.

Para Jesús tener autoridad tenía que estar sujeto a una fuente mayor que era quien le daba la autoridad.

El reconocimiento de autoridad aumenta tu fe, y el aumento de fe te lleva a obediencia. Hay gente que cree que tienen autoridad, pero no tienen fe y no tienen obediencia, por eso la autoridad va de la mano con la fe y la fe con reconocimiento de autoridad te da obediencia.

Esto es importante que lo entendamos porque el pueblo de Dios obligatoriamente tiene que caminar en una autoridad diferente. Para tu caminar con autoridad tienes que reconocer autoridad.

Hebreos 5:7 dice:

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. 

La obediencia no es un don, la obediencia es una decisión que se aprende. Cristo siendo carne igual que nosotros aprendió la obediencia.

Tú aprendes más rápido a ser obediente cuando entiendes y conoces el propósito que Dios tiene para ti, los propósitos en los que estás enmarcado a vivir; mientras menos conozcas tu propósito y llamado, más difícil se te hará ser obediente.

Adán y Eva fallaron con la desobediencia, dejaron de caminar en autoridad y Dios tenía que mandar a alguien que lo vuelva a relacionar con sus hijos, entonces Cristo vino a restaurar lo que había perdido Adán y Eva y a poner la obediencia en el lugar legítimo que debería de estar, por eso no le importó padecer lo que tenía que padecer.

Jesús caminó en la tierra treinta y tres años y medio, pero desde que nació hasta los treinta años, Él agotó una primera obediencia a sus padres naturales. En el pueblo judío a los treinta años se les daba la mayoría de edad a los hijos, se les entregaba su herencia y tenia decisión sobre su vida.

A partir de los treinta años Jesús entró en otro nivel de obediencia con el Padre Celestial y por eso fue al desierto a ser tentado, para ver su legitimidad como hijo de Dios. Jesús necesitó salir de la obediencia terrenal y meterse a la obediencia divina.

Éxodo 20:12 dice:

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.

Jesús conocía este pasaje, por eso honró a José y a Maria todo el tiempo, no se descuidó. Jesús a los trece años ya sabía que era el hijo de Dios, cuando se le perdió a Maria y  José, les dijo: “En los negocios de mi Padre estoy”.

La desobediencia es el cáncer más peligroso que tienen las iglesias. La autoridad que viene de la obediencia es solamente una autoridad que es dada por Dios aquí en la tierra, no tiene nada que ver con autoridad en los cielos.

Santiago 4:7 dice:

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. 

Si te sometes a la autoridad de Dios, tendrás autoridad para resistir al diablo y él huirá de ti.

Hebreos 13:7 dice:

“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”.

Muchos están fuera de este orden y andan como gallinas y gallos sin cabeza. En el mundo espiritual la obediencia a la autoridad es clave para la victoria; Jesús fue obediente hasta el punto que nunca se metió a hacer guerra espiritual en los cielos, hasta que tomó una autoridad diferente que es la autoridad de la resurrección.

Jesús sanó, sacó demonios, pero nunca tomó la autoridad en los cielos, por eso no pudo tener una iglesia mayor a ciento veinte personas, pero sin embargo, cuando Jesús murió y resucitó dijo: “Toda potestad me ha sido dada en los cielos y en la tierra y esa potestad se la doy a vosotros”. Por eso cuando Él cogió esa autoridad fue que peleó con la legalidad que había en los cielos.

¿Cómo aprendió Jesús la obediencia?

Hebreos 5:8-10 dice:

“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”.

Cuando el ser humano pasa pruebas, tratos, esto le sirve para ser obediente, Dios lo está enseñando a ser obediente.

¿Cuándo sabes que estás listo para ejercer una obediencia completa? Dios tiene que romper en ti todo lo que se revele en contra de las cosas de Él. El mismo nivel de autoridad que tengas en el espíritu, es el mismo nivel de sumisión que usted se somete a la autoridad. Cuando te sometes a la autoridad con sumisión, pase lo que pase, adquieres autoridad en el espíritu.

2 Corintios 10:4 dice:

“porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta”.

Tú estás luchando con los mismos problemas y los mismos pensamientos, porque tu obediencia es parcial, pero cuando obedeces a Dios en todo, el diablo tiene que huir porque eres un soldado de Cristo bajo una orden de Él. Para poder agotar tu primera obediencia y entrar a la segunda, obligatoriamente tienes que saber cuál es tu propósito en la vida.

Los comentarios están cerrados.

EnglishFrenchSpanish