• “La bendición de Dios es Su voluntad.  Mensaje del Apóstol Miguel Bogaert”

    Lunes, 21 de enero de 2019

    “La bendición de Dios es Su voluntad.  Mensaje del Apóstol Miguel Bogaert”

    Génesis 12:1 dice:

    “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”.

    Hechos 8:1 dice:

    “Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”.

    Hechos 22:6-21 dice:

    “Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco. Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre… Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban. Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles”.

    Estas palabras nos enseñan que una vez que usted empiece el camino de la vida como Cristo, como creyente, hay que romper un velo que nosotros tenemos como cristianos, como creyentes, y es un velo en nuestra mente y corazón.

    Dios te quiere hacer a ti un hombre visionario, pero también te quiere hacer un hombre bendecido, pero hasta que no rasgues el velo de ese pensamiento, el velo de tu forma de ser, Dios no te va a dar la visión, no te hará un hombre visionario y tampoco te podrá bendecir en la sobreabundancia.

    El gran atributo de Dios, tu creatividad, nos hizo como una obra maestra, nos hizo excelentes, en su creatividad, eso es uno de los dones más grandes que Dios tiene, que es creativo.

    Efesios 2:10 dice:

    “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

    Por eso tenemos que entender que antes de Él crearnos, ya Él tenía un propósito, tenía una visión para con nosotros. Cuando tú entiendes esto por revelación, automáticamente tu principal trabajo en la iglesia va a ser, remover todos tus pensamientos, toda tu mente, para tú poder adquirir lo que Dios tiene y lo que Dios te puso desde antes de la fundación del mundo.

    Efesios 1:4-5; 11 dice:

    “…según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad… En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”.

    El propósito te establece, Dios nos envió a nosotros con un propósito, nos hizo con una visión, que tiene que cumplirse porque Dios la puso desde antes de la fundación del mundo. Por eso, el propósito te establece y la visión determina todo el proceso hacia el éxito que tú vas a llevar.

    Cuando leemos la vida de estos hombres que Dios escogió para llevar a cabo este propósito, Él les reveló Su voluntad, les dio Sus planes y luego los rodea de hombres que lo van a ayudar, lo van a identificar. Esto es lo que hace Dios, una vez que Dios escogió al hombre para que ese propósito que Dios tiene se cumpla y para que la visión empiece a cumplirse, Dios le va a acercar hombres, Él le va a revelar Su voluntad, le va a dar Sus planes y luego los rodea de hombres que se identifican con Él y lo apoyan en todo cuanto emprende, convirtiéndose en la fuerza que empuja la visión.

    La visión de Dios es la voluntad de Él. Por eso, cuando llamó a Abraham, lo llamó, le dio una visión y automáticamente le dio una promesa de bendición.

    Cuando Dios escoge a un hombre, empieza un trato de relación, y en este trato de relación se van a producir tres cosas:

    1. Formación
    2. Identificación
    3. Decisión

    Una vez que esta relación empieza a cumplirse, Dios pone en el corazón del escogido, lo que se llama un sentido de propósito en Dios, y cuando esto lo identifica, esto se llama voluntad de Dios, y ahí tu puedes decidir si lo obedeces o no. Cada uno de nosotros venimos con un propósito y una visión, y estos se van a cumplir en cada uno de nosotros, conforme nosotros estemos en esa formación, identificación y decisión.

    No todos tenemos el mismo llamado, pero si entre todos nos complementamos en nuestro llamado. Para poder unir los propósitos, la visión de Dios, obligatoriamente tenemos que ir a la cruz.

    Por eso el proceso de formación se hace con tantas dificultades, ese periodo de formación va a depender de nosotros. Dios cumplió con acercarnos, ahora es nuestra responsabilidad el unirnos.

    Una vez que empieza ese periodo de formación, obligatoriamente hay que correr el velo de la mente y de tu corazón; porque el periodo de la formación sólo se llega a cumplir a través del Espíritu Santo. Si tú no corres el velo de tu mente y de tu corazón para que el Espíritu Santo te sostenga en esta relación, el proceso será más fuerte, tomará más tiempo y se abortará el propósito y la visión en ti.

    2 Timoteo 4:14-15 dice:

    “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”.

    Cuando hay gente que tú crees que lo estás formando, que no se identifican y deciden traicionarte.

    1 Timoteo 1:19-20 dice:

    “Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar”.

    La persona que Dios te pone a tu lado tienen que ser personas que saben el manto que tú cargas de parte de Dios, ellos se han formado, ellos han identificado que su propósito y su destino está ligado al tuyo y es la voluntad de Dios. Cuando esto sucede, los hombres que  Dios te acerca están dispuestos a morir por la visión de Dios.

    Sé que no estoy siendo formado cuando estoy chismeando, criticando, cuando me vivo quejando, murmurando, juzgando.

    Habacuc 2:2 dice:

    “Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella”.

    Todo el mundo tiene que saber cuál es su visión y propósito. Visión es la idea de Dios revelada en la mente del hombre para hacer Su voluntad.

    Sabes por qué en el proceso de relación entre Dios y tú no se cumple como debe de cumplirse?, por el enemigo número uno que tiene el ser humano, que son la:

    • Tradición
    • La rutina
    • Los ritos

    Es el enemigo número uno para tu formación, identificación y decisión; por eso, se te hace difícil decidir. Estas son las ataduras más grandes, se convierten en rupturas y paradigmas mentales, y es por eso que el velo de tu mente no se puede quitar. Aunque Cristo entregó Su vida para darte la autoridad de romperlo, tú no lo intentas.

    Muchos de nosotros fallamos en las tradiciones, en lo que vemos que otros hacen y en lo que nosotros hemos aprendido. No hay una tradición más peligrosa, que cuando están basadas en experiencias que te fueron bien. No salimos de la tradición por temor a que nos juzguen.

    Romano 11:34 dice:

    “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?”

    Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.

    Romanos 2:1 dice:

    “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo”.

    Romanos 14:10-13 dice:

    “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”.

    La tradición va a impedir el progreso de tu vida, tendrás dificultad con la visión de la casa, la tradición te traerá procesos, en la formación, en la identificación y en la decisión.

    Santiago 4:11-12 dice:

    “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?”

    Mientras estemos en la tradición, no vamos a tener ideas creativas, vamos a estar usando métodos.

    Cuando tratamos de vivir en tradición, una vez de poner la verdad, estamos traicionando a la gente. La tradición está castrando la iglesia, es un movimiento donde no queremos salir, por temor a que nos juzguen.

    Este tipo de pensar siempre alberga esperanza en el pasado, el vivir de tradición siempre afectará generaciones. En hechos dice que el pueblo de Dios tiene que convertirse en trastornadores. La tradición no trastorna nada, se convierte en eco.

    La clave para el fracaso en el futuro, es mantenernos preocupados por el pasado, aferrarte a esas formas del pasado. Cuando las experiencias se convierten en nuestro mejor maestro, el único maestro, el progreso, va a sufrir más. No podemos progresar solamente basados en las experiencias.

    Cuando ya tú decides que es el lugar, que estás formado, y te identificaste con la visión, es cuando tú me empujas a mí para llevarme a destino. Cuando yo llegue a mi destino, automáticamente, empieza el tuyo. Por eso, la generación de relevo no puede tener la misma edad que el hombre del manto.

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