• “Cómo reclamar tu promesa, 2da. parte.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

    Lunes, 15 de octubre de 2018

    “Cómo reclamar tu promesa, 2da. parte.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

    Caleb, a sus ochenta y cinco años está exigiendo una promesa que le fue hablada a Moisés, él está exigiendo algo que le pertenece. Este hombre no caminó durante cuarenta años con un grupo de personas que eran santos, si era el pueblo de Dios, pero tenían un montón de problemas mentales, prejuicios, condiciones, conceptos, actitudes, con las cuales no eran las mejores personas, aunque si eran el pueblo de Dios.

    Ellos no estaban en esa condición porque querían, sino porque estaban sometidos a una esclavitud, en la cual duraron cuatrocientos años viviendo pisados por los egipcios, donde ellos vivían en la plenitud de Dios y en esos cuatrocientos años este pueblo creció a 4 o 5 millones de personas, ellos no se explicaban por qué crecía tan rápido el pueblo hebreo, lo que ellos no sabían era que Dios hacía algo sobrenatural que los multiplicaba.

    Todo el que está en Cristo y todo el que pertenece a Su pueblo, Dios siempre lo va a poner a caminar en la multiplicación. Pero este pueblo tenía un concepto y un hábito de vivir en esclavitud, no tenían decisión propia porque estaban acostumbrados a ser mandados, enviados, obligados, ellos entendían a base de golpes, le quitaban las raciones de comida, sus hijas eran violadas; fueron cuatrocientos años viviendo en esa tradición.

    Este pueblo estuvo viendo los milagros que hacia Moisés, vivieron en una tierra llamada Gosén, en Egipto y venían las plagas a Egipto y al pueblo hebreo no lo tocaba, los sacaron de noche del desierto y una columna de fuego los alumbraba y los calentaba y de día una columna de nube los cubría, no tenían que trabajar, solo dormir, sin embargo este pueblo empezó a quejarse y a desesperarse, empezaron a recordar todas las cosas circunstanciales y externas que tenían en Egipto.

    Así andamos muchos de nosotros, estamos en la iglesia buscando de Dios, metidos con Dios, Él nos ha sacado del mundo, nos ha metido en Su casa, miramos la gloria de Dios, la alabanza, adoración, manifestación, sanidades, milagros, cambios, transformaciones, sin embargo los recuerdos los tienen atados al mundo.

    Dios viene luchando con nosotros desde que nos sopló, Dios está gimiendo para que dejemos de mirar lo que nosotros estamos mirando en lo externo, circunstancial, condicional y empecemos a mirar lo de adentro.

    Lo primero que el pueblo de Dios tiene que ver es que cuando Dios te da una promesa, nunca mires que te la dio el hombre, porque cuando es el hombre que te la da, te vas a quedar igual toda tu vida sin recibirla, debes mirar la promesa que te da Jehová.

    Caleb recibió la promesa, la hizo visión en él y esa visión lo empujaba a seguir viviendo, creyendo, tener esperanza que lo que Dios le dijo hacen cuarenta y cinco años, él lo va a recibir.

    Este hombre duró todo ese tiempo ligándose con gente que estaba inconforme, murmurando, criticando, chismeando, pero Caleb nunca cometió el error de dejar de ver lo que Dios hacia a través del hombre de Dios que se llamaba Moisés, mientras los demás no sabían mirar a Moisés como el hombre, libertador y enviado de Dios para liberar a Su pueblo.

    Lo único que diferencia a un hombre y una mujer ser diferentes en Cristo, es tener una promesa metida en su vientre como una visión y parirla bajo la obediencia. Caleb nunca se despegó de Moisés. Una promesa que no se convierte en visión, nunca te va a empujar en los momentos de crisis, pero una promesa convertida en visión sí te empuja y te golpea, esto es lo que traerá el de repente de Dios. Esos de repente son los que la Biblia llama añadidura.

    Cuando Dios te da una promesa, no lo tomes a la ligera, embarázate de ella y vívela, saboréala. Caleb sabía que ese monte estaba lleno de gigantes y durante cuarenta y cinco años él se miraba en ese monte matando gigantes. Esos cuarenta y cinco años tumbando cabeza en la mente y en el corazón, fue lo que hizo que él mantuviera su fuerza como el primer día.

    Nosotros somos los llamados a cambiar lo que hay allá afuera, hemos sido llamados a demostrar la gloria de Dios.

    Cuando Dios te suelta una promesa, no importa en qué circunstancias te encuentres, solo espéralas porque son decretos que se cumplen por encima de todo, lo único que tienes que hacer es entender a Dios.

    Cuando Dios te da una promesa, sea profética, sueño o visión, siempre pregúntale al Señor por qué te da eso. Uno de los problemas por los que no se cumplen nuestras promesas, es porque no valoramos que somos realmente dignos de recibir esa promesa. Cuando buscas el por qué Dios te la está dando, te vas a valorar más a ti mismo y eso hará que esa promesa empiece a tener visión en ti.

    Muchos de nosotros cuando nos dan una promesa no la tomamos porque nos quedamos en la antesala, no entramos a buscar la promesa. La antesala es el proceso por el cual estás pasando. Si Dios te dice que te dará una promesa, te va a pasar por una antesala que va a ser la circunstancial que estás viviendo.

    Si te quedas en esa sala la promesa no viene, por eso la Palabra dice: “pasarás por agua y no te ahogarás, pasarás por fuego y no te quemarás”, no dice que te quedarás en el agua o en el fuego. La promesa no viene porque se te hace un hábito estar en esa antesala, se te hace una costumbre. Debes salir de ahí en obediencia. Si Dios lo dijo, Él lo cumple.

    Abraham, Moisés, Noé no buscaron a Dios, ninguno fueron a buscar a Dios, el Señor los buscó a ellos, esto quiere decir que tu estás aquí no fue porque viniste a buscar a Dios, sino que Él te buscó a ti, porque te tiene algo preparado.

    Ahora tienes que levantarte a buscarlo, pero con esa mentalidad de esclavo no podrás llegar a ningún lado. Moisés necesitó tener una antesala de cuarenta años en el palacio, una antesala de cuarenta años en el desierto y una antesala de cuarenta años con el pueblo y al final no entró a la tierra prometida, pero por la misericordia de Dios, en el monte de la transfiguración la pisó. Si Dios te llama, te trae o te sienta, aunque dures años en la antesala, aunque mueras en la antesala, en la eternidad se cumplirá lo que Él te dijo.

    Cuando entiendes que fue Dios, esto hará que lo busques con tus sentidos espirituales y no naturales, tienes que entender que Dios está en el medio, no ver las cosas con los ojos naturales, sino con los espirituales. Tus sentidos naturales no son los que van a determinar lo que va a suceder, es con tus sentidos espirituales que se manifestará y cuando esto suceda, en tus desiertos, tu evento, tu proceso, tu trato, veras un nuevo horizonte.

    Dios no es un Dios estático, sino de movimiento, activo, que avanza, es un Dios de multiplicación. Lo que tú eres ahora, mañana tiene que estar multiplicado. Ahí están los cambios del fruto. Esto quiere decir, que en el nivel que estas ahora, mañana no puedes seguir igual. Cuando Dios te da esa fuerza de multiplicación, en cuestión de segundos eres mayor, eres diferente.

    Para que hayan cambios en tu vida, tu visión tiene que ser más grande que tu proceso y que tu ambiente, si no ves el proceso y el ambiente en que te mueves más grande que tu visión, todo se anula y te hunde el ambiente. En otras palabras, tu visión tiene que ser más grande que el ambiente, los sentidos y todo, sino la visión no se va a multiplicar.

    Conforme cruces la antesala, mas rápido cogerás lo que viene, la antesala que estas pasando es por lo que viene, aprende a ver lo que viene y eso va a acelerar el caminar en la antesala y saldrás más rápido. Si Dios lo prometió, Él te lo va a cumplir.

EnglishFrenchSpanish