“Cómo perder la reputación.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

“Cómo perder la reputación.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Muchas personas están en la iglesia por años, pero no han sido capaces de romper con esa reputación, que los lleva día a día a no poder entrar en la presencia de Dios y el hombre de este tiempo se ha conformado con vivir en una dimensión de rutina, sin anhelos de hacer cambios y tener experiencias que los lleven a ser transformados para una mejor vida.

Cuando no rompemos con algunos paradigmas y algunas fortalezas, estamos viviendo con lo suficiente, pero Dios no nos llamó a esto, Él nos llamó a vivir en lo abundante y sobreabundante en todos los sentidos, primero porque Dios es un Dios dador, porque tiene más beneficio el que da, que el que recibe.

Los hijos de Dios tenemos que romper las estructuras mentales para entender que tenemos un mejor nivel de vida dado por Dios, no porque queremos, sino porque lo merecemos delante de Él. Cuando tú te mereces algo, empiezas a reconocer que es Dios que te lo está dando.

Dios nos ha llamado a vivir un cien por ciento y debemos anhelar vivir al máximo, pero para nosotros vivir al máximo tenemos que romper con una serie de pensamientos, que deben venir de adentro hacia afuera, y estos pensamientos van a entrar en nuestro carácter y personalidad.

Muchas veces no perdemos la reputación porque tenemos condiciones internas que no nos permiten hacerlo. Cuando no pierdes tu reputación es porque le estás dando más importancia al hombre que a Dios, le das más valor a lo que diga el hombre, que a lo que diga Dios de ti, por eso se te hace tan difícil inclinarte, humillarte y llorar ante la presencia de Dios.

Tienes que trabajar tres áreas en tu vida:

  • El niño interno.
  • El adulto interno.
  • El padre interno.

Un niño solo quiere que le den, un adulto hace crecer lo que tiene y el padre da. Un niño es como una vasija vacía que necesita ser llenada, el adulto está lleno pero siempre está buscando más y el padre es la vasija llena que busca vaciarse en otros.

Si no trabajas tu niño interno vas a perder el gozo, la alegría; cuando el hombre entra en una dimensión tan varonil, se olvida del gozo de Dios, por eso David sabía entrar en la presencia de Dios, porque entraba como un niño.

Si tu niño interno está lastimado, seguramente perderá la alegría de vivir, de reír, de pasarla bien, si ese niño está enfermo, eso hará que te formes una coraza para esconder tus debilidades, errores y fallas, cuando tienes tu niño enfermo, la esperanza se cae, no tienes un futuro, no tienes propósito ni destino, por eso debes sanar el niño que hay dentro de ti. Todos los pasajes que hablan de gozo en la Biblia, son para restaurar el niño interno.

Jesús y el Espíritu Santo quieren que estés en gozo, porque cuando estás en gozo, Él es tu fortaleza, porque cuando te deprimes y tienes problemas le estás dando más importancia al enemigo que a Dios.

Cuando no quieres perder la reputación, lo que haces es crear una autodefensa y esta se convierte en un hábito, una rutina, una forma de vida y hace que no reconozcas tus debilidades, porque adquieres una forma de vida. Cuando te manejas en esa autodefensa viene el principal problema, que por autodefenderte nunca reconoces tus errores, tus debilidades y tus fallas. El niño es el que hace la alabanza, no es el adulto, no es el padre, es una dirección de gozo en Dios.

La función del adulto es conquistar y tiene que restaurar esa área, Pablo dijo: “Cuando era niño hablaba como niño y cuando deje de ser niño pensaba como adulto”. El adulto está hecho para dominar, conquistar y pelear, ahora bien, tú no puedes pensar todo el tiempo como adulto, tienes también que pensar en algunos momentos como niño, porque tienes que conquistar, pero cuando conquistes, te tienes que gozar.

El adulto se convierte en un conquistador, empieza a madurar, a calar las dimensiones, pero cada vez que esto sucede, tienes que gozarte como un niño, porque cuando te gozas como un niño, le darás siempre la gloria a Dios, cuando no te gozas y te conviertes en un conquistador, te empieza a entrar el orgullo y la vanagloria y dejas de darle la gloria a Dios.

Todo el que no quiere perder la reputación, prefiere convertirse en eco, hacer lo que otros hacen para ellos no tocar nada, pero Dios no te mandó a ser eco, sino a ser voz, y cuando eres voz, vas a sacar a mucha gente de la comodidad, te van a empezar a perseguir, empezaras a hacer cambios y a predicar un evangelio de Reino.

El adulto está para dominar, conquistar y pelear, Salomón fue un niño que nunca mató un gigante, dormía en cama de oro y nunca tuvo problemas, porque tuvo un papá que sí peleo por él, que sí perdió la reputación en todo, David le dijo a Mical, mientras más vil me pongo delante de Él, más estoy con Él.

Mical, por su reputación fue estéril toda la vida, porque los que son hipócritas en Cristo, por no perder la reputación, se convierten en estériles, por eso hay gente que no tienen ni hijos espirituales, no están dando frutos, porque primero está su reputación, el agradar al hombre.

Cuando no pierdes la reputación y prefieres agradar al hombre más que a Dios, te está merodeando un espíritu de Absalón.

¿Quieres ver un adulto en la iglesia, como un adulto sano en su interior? Míralo como trabaja, como demanda de la unción del siervo de la casa, se sienta adelante, recibe y está atento a todo lo espiritual, pero los niños solo son niños, están sentados y hasta se duermen, por eso tienes que saber cuando eres niño y cuando eres adulto.

Hay personas con su adulto enfermo, herido, pero nunca logran nada, guardan sus sueños, se ponen límites y se empiezan a conformar, por eso tienes que sanarlo. ¿Qué es un adulto enfermo? Es el no reconocer verdaderamente quién eres, de qué eres capaz; eso te quita el gozo, te quita todo. No hay una felicidad más grande que cuando el hombre reconoce sus debilidades y sus fallas, las acepta y las empieza a trabajar.

Pablo dijo antes de morir: “He peleado la buena batalla”, hay personas con su adulto enfermo, riendo, pero nunca alcanzan la verdadera felicidad. Un conquistador se enfada con los límites y necesita un faraón que le diga NO, para ellos poder sacar lo que tienen en su corazón, el poder de Dios.

Cuando un conquistador tiene su hombre adulto enfermo, vive cruzado de las manos esperando de la misericordia de hombres, siempre está en lo mismo y no hace cambios, pero cuando ves un conquistador con un hombre adulto sano, se convierte en irresistible, no hay límites para él, en su boca no existe la palabra odio, derrota, desanimo, apatía, siempre está dispuesto a entrar en Egipto a arrebatar almas.

Características de un conquistador con el adulto interno sano:

  • Es fiel hasta la muerte.
  • Recibe un trato íntimo de parte de Dios.
  • Está dispuesto a involucrarse en desafíos sanos.
  • No se conforma con lo que sabe, quiere más.
  • Trabaja en equipo.
  • No se resigna con la mediocridad.
  • Sabe que el Faraón no será fácil, pero eso lo provoca a pelear.
  • Ama a todos por igual.

¿Qué recibirá el conquistador con el adulto interno sano?

  • Prosperidad ilimitada.
  • Recursos y conexiones ilimitadas.
  • Milagros ilimitados.

Moisés sanó su niño interno, su adulto interno y se convirtió en el conquistador más grande de la Biblia, miró los milagros más grandes del antiguo testamento.

Dios restaurará el nivel superior que es el padre interior, este es aquel que se reproduce, deja huella y conduce. Automáticamente sanes tu niño interno, tu adulto interno y te conviertas en un conquistador, no puedes dejar de ser padre. El ser padre, cuando tienes ya todo tu ser sano, es lo que va a cerrar el círculo para entrar en la presencia de Dios.

El ser padre es uno que se llena para vaciarse, por eso no te puedes quedar como conquistador. Moisés intentó quedarse como conquistador, pero tuvo que vaciarse en un Josué, porque hubo arias en Moisés en su parte adulta que no la pudo controlar, entonces Dios le dijo: “No vas a poder ser padre”.

Cuando te conviertes en conquistador tienes que entrar en el ciclo de ser padre y padre es uno que se vacía para ser llenado por Dios.

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