“Creados para una Misión. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

 

Lunes, 03 de octubre de 2016

“Creados para una Misión.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Juan 17: 1-5 dice:       

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;  como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.  Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.  Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.

Versículo 19:  Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”.

Cuando Jesús hacía el trabajo que le fue encomendado, Él estaba siendo santificado, y de la misma forma, somos nosotros santificados cuando hacemos el trabajo que Jesús dijo que hiciéramos. Podemos observar 2 cosas:

  1. Jesús está siendo agradecido con Dios, Su Padre Celestial. Jesús hizo aquello para lo cual fue enviado.
  2. En el versículo 18, Jesús dice: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”. El mundo significa lo que éramos antes de llegar a los pies de Cristo. Nosotros tenemos una misión dada por Jesús que debemos hacer.

La misión de Jesús fue de:

  1. Jesús vino a reconciliarnos con Dios porque en el pecado original con Adán y Eva fuimos destituidos de Su presencia y de Su gloria. Cuando Adán y Eva pecaron no lo hicieron con un pecado carnal, ellos pecaron por un espíritu de independencia, el hombre se independizó de Dios y esa es la iniquidad, la raíz de todo pecado. Independizarse de Dios significa que no necesitas de Dios, quiere decir que no reconoces que Él es Dios y por eso no lo adoras y lo alabas. Jesús nos envía a reconciliar al perdido.
  2. Poner Sus enemigos por estrado de Sus pies. El enemigo viene como enfermedad cuando toca tu cuerpo. Enemigo es todo aquello que impera a través de ti. El enemigo se te va a aparecer conforme a la iniquidad y debilidad que tengas. La Iglesia nos llama a poner nuestra debilidad bajo los pies de Cristo.

La Iglesia no es un club social para entretenerte, la Iglesia es para prepararte, para ponerte los armamentos que necesitas, para darte las coordenadas, la Iglesia está para decirte cómo hacer las cosas para que vayas allá afuera y hagas lo mismo que hizo Jesús. El ir a la Iglesia no es cumplir con una religión, es algo más profundo, es que vengas a prepararte para que tengas las herramientas y hagas el trabajo que Jesús hacía: Sanar enfermos, libertar cautivos y endemoniados, también vino a reconciliarnos, a sacarnos del lugar donde estábamos.

El divorcio, el vicio, la vanidad, la mentira, son todos enemigos de Dios y es la Iglesia que tiene que prepararte para sacarte todo eso, porque si no, no podrás ir allá afuera y hacer lo que Jesús hizo. No tendrás autoridad para sacar de alguien algo que tú mismo tienes. Es por esto, que primero Dios Padre, envía a Jesús y luego Jesús nos envía a nosotros. Jesús tomó 12 apóstoles, los preparó por 3 años, recibieron el Espíritu Santo con poder y salieron de ahí haciendo lo mismo que hacía Jesús, que es lo mismo que recibes aquí en la Iglesia para que hagas lo mismo que hacía Jesús.

Lo que aprendes en la Iglesia no es para uso propio, es para ser enviado y decirle a la gente allá afuera quien es Dios.

Juan 17:4 dice:

 “ Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”.

Tú glorificas a Dios cuando haces aquello que Él te envió a hacer, no lo glorificas diciendo que Él es grande, lo glorificas cuando haces lo que Jesús hacía, y cuando terminas el trabajo, es Dios quien te glorifica a ti.

Dice en Marcos 12:35-36:

“Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies”.

Hebreos 10:12:

 Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”.

La Iglesia es para tener la revelación de lo que Dios hizo, por esto Dios nos pone en lugares específicos y estratégicos para que llevemos la Palabra y aprovechemos hablando que hay un Dios que sana y liberta, que provee y que es tu sanador.

2 Corintios 5: 18-19:

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;  que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”.

Somos responsables de hacer lo mismo que Jesús hacía. Si Jesús fue un reconciliador, nosotros también tenemos que ser reconciliadores, y saber que cuando haces esto, Dios te va a glorificar en su momento.

Todo lo que aprendemos y usamos espiritualmente no es para nosotros solamente, sino que también debemos usarlo para beneficio de los demás, en aquellos que están atrapados por el enemigo.

Nos han enseñado que lo primordial es servir aquí en la Iglesia y esto no es lo primordial para Dios, lo primordial para Él es que seamos reconciliadores. El trabajar aquí dentro es parte de un proceso para que mejores y crezcas en tu reconciliación. Aquí dentro Dios te pone una lija para prepararte. Mientras estás aquí, te estás preparando para salir y reconciliar.

Muchos de ustedes están en lugares que entienden que merecen y que se han ganado y te equivocas, Dios fue quien te puso dónde estás y lo hizo para que hablaras de la reconciliación.

Mateo 28:16-19 dice:

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.  Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Dios te va a equipar para que seas un reconciliador, Él nos envía a ir y hacer discípulos.

Ezequiel 3: 16-20:

“Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.  Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano”.

No puedes ser permisible con lo que Dios te dice, no nos podemos quedar callados, debemos hablar de la Palabra con nuestros hijos y vecinos. No podemos hablar si no tenemos testimonio, a veces no hablamos porque tenemos temor, y la Palabra dice que el temor no es de Dios, que el temor es de Satanás.

Juan 17: 3 dice:

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

Cuando evangelizas, haces un ambiente de eternidad, porque cuando le dices a alguien que se reconcilie con Jesús, entra la eternidad a su vida y tú también afirmas tu eternidad.

Hechos 20: 24-26:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos”.

Pablo tuvo la revelación de Ezequiel, por esto Pablo era imparable, fue el único de los apóstoles en tener esta revelación, Pablo sabía que si no hablaba el evangelio de la gracia y la reconciliación, sus manos estarían manchadas de sangre, por esto él fue Apóstol de Apóstoles, él sabía que no podía permitir que un justo se distrajera y vemos que habló con Pedro. No podemos ser permisibles con el hermano que anda mal porque si le pasa algo, esa sangre va a caer en nuestras manos.

No necesitas ser sabio ni recitar versículos, sólo necesitas testimonio y experiencia de primera mano de lo que Dios está haciendo contigo y con tus hijos. Háblale al adicto y al alcohólico, ¿de qué te vale ser cristiano si tu madre y hermanos se van a perder?

Apocalipsis 22:12-15 dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra, Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Más los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

Puedes ser salvo sin galardón o puedes ser salvo con galardón. Lavar tus ropas significa hacer lo que dice la Palabra. Los perros son una figura de demonio,  e idolatría es todo aquello que compite con Dios.

Dios nos ha enviado el Espíritu Santo para reconciliarnos.

Dios nos da 4 cosas cuando nos reconciliamos:

  1. Dios siempre estará contigo cuando hables de Él.
  2. Autoridad y poder de atar y desatar en los cielos y en la tierra.
  1. Galardón, que es una posición allá arriba por rango de acuerdo a las cosas buenas que hayas hecho.

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