“El creyente vive por fe. 2da. parte.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 23 de octubre de 2017

“El creyente vive por fe. 2da. parte.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Si quieres operar como opera Dios, por fe, lo primero que tiene que hacer es un rompimiento con tus razonamientos, tienes que atar el razonamiento y sacarlo de tu mente; no puedes razonar el por qué te pasan las cosas, lo que tienes que aprender es cómo evitarlas. El razonamiento te va amarrar a tu alma, a tu condición intelectual, a tu sabiduría propia, a tu cultura, a tu educación.

Un razonamiento mal dirigido cuestiona a Dios, por eso hay tanta gente razonando a Dios en las iglesias, mucha gente cuestionando el por qué Dios hace las cosas como las hace. Cada vez que cuestionas a Dios, lo estás razonando. Pero si aprendes a verlo por fe, en el espíritu, no solamente entendieras lo que Dios está haciendo, sino que mirarías el propósito que Dios tiene con lo que está haciendo.

Por eso se nos hace tan difícil vivir el evangelio, porque hasta que no vivas el evangelio en el espíritu, lo estás viviendo como si fuera una historia y esa historia la vas a acomodar como tú consideres, como tú entiendas, por eso la historia la leen algunos y la entienden con legalismo, otros la leen y la entienden como libertinaje, pero cuando lees la historia en el espíritu, tienes equilibrio y te da vida ese equilibrio.

Cuando razonas a Dios, no solamente afecta tu mente, sino también tu corazón y eso es peligroso. Cuando empiezas a razonar a Dios y te sales de la esfera de la fe, automáticamente tu mente cambia, pero tu corazón se endurece. Cada razonamiento de tu mente hacia Dios, lleva una tendencia de endurecer tu corazón y ese endurecimiento es lo que Dios llama corazón de piedra.

El razonamiento te puede confundir a que estás recibiendo revelación de Dios y no es revelación de Dios nada. Muchas veces hasta tus sueños son por razonamiento, no es que lo razones, sino que en tu mente está lo que tú deseas, te lo sueñas y piensas que te lo dijo Dios. Por eso tenemos que entender que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino simple y llanamente es porque hay un problema espiritual fuerte que nosotros no queremos entender que tenemos que dejar de razonar, las cosas de Dios no se pueden ver por la razón.

El día que usted razonó a su pastor, dejó de ser su pastor; el día que usted razone a su líder, ese líder dejó de ser su líder. El manto de un hombre de Dios se identifica por el Espíritu Santo y este lo identifica porque el espíritu siempre da revelación, el razonamiento no da revelación. Mientras estés razonando no tienes vida, vas a tener conflicto contigo mismo, con Dios, en la iglesia, en todos lados, pero cuando tienes fe, el espíritu le revela a tu espíritu lo que es Dios en cada uno de sus atributos y empiezas a operar como opera Dios en cada atributo de esos, entonces te haces portador de la presencia de Dios, si Dios tiene un atributo que es amor, Él te lo revela en el espíritu y te hace un portador de amor, te hace un portador de paciencia, te hace un portador de benignidad, te hace un portador de compasión, un portador de misericordia. Por eso es que no podemos reflejar la imagen, por razonar, por eso es que no damos frutos.

2 Corintios 4:18 dice:

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

Por eso dices que no ves a Dios, que no sientes a Dios; tienes que entrar en el ámbito de la fe para verlo en el espíritu, porque son eterna, por eso no te amarres tanto a lo físico, nada de lo que es físico es tuyo, pero el espíritu de razonamiento te hace razonar que es tuyo, que eres posesivo, que lo posees y que todo es tuyo, pero no, nada de lo que ves es tuyo. Por eso los creyentes tienen que vivir en fe, los creyentes no pueden ver lo temporero.

Hay tres condiciones con las que confundimos la fe: 

  1. La esperanza. Esta no es mala, es bueno tener esperanza, pero no es mayor que la fe. El creyente no puede vivir de esperanza, sino de fe.

La esperanza es una expectativa confiada por lo que Dios hizo en el pasado y esto garantiza que lo hará en el futuro, con una diferencia, que en la esperanza siempre puedes tener incertidumbre, pero en la fe no, en la fe no hay incertidumbre, en la fe es SI y AMÉN. Una incertidumbre mal manejada te puede llevar a una duda.

Lucas 3:3 dice:

“Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados”.

Lucas 3:15-18 dice: 

15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, 16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo”.

Lucas 3:21-22 dice: 

21 Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

Mateo 11:1-4 dice:

“Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?, Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.

En estos versículos vemos como Juan en vez de tener fe tenía esperanza, porque hubo en él una duda, tuvo incertidumbre, pero el que tiene fe, después de lo que vio y oyó como lo hizo Juan, no tendría nada que dudar. Suelta la esperanza y metete en el tren de la fe.

En el pentecostés no solamente vino la impregnación del Espíritu Santo sobre esos hombres, sino también que fueron impregnados de fe y de osadía, porque el Espíritu Santo como resultante da fe y osadía, esto sucede porque crees y entiendes quien está contigo. Hay gente que han sido bautizados en el Espíritu y todavía no lo creen, se les hace difícil hablar en lenguas, porque han razonado que el bautismo en el espíritu es como ellos creen que debe ser.

Entonces la impregnación del espíritu de por si despierta la fe en el individuo para creer realmente lo que tienes y por ende desarrolla la osadía, porque ya has visto, ya has sentido y ya has valorado.

  1. El conocimiento. Cuando una persona solo cree que puede percibir con sus sentidos naturales algo que no haya sucedido. Si tú esperas ver, sentir, saber y oír, eso no es fe. Hay mucha gente que dicen que tienen fe de que Dios lo va a hacer, pero hacen las cosas ellos con su conocimiento, no le dan la oportunidad a Dios de verlo actuar, peor aún, no le dan la oportunidad a Dios de que sea Dios en lo que está haciendo.

Cuando haces las cosas en tu conocimiento y no por fe, llega un momento que cuando el conocimiento se para, entras en estrés, agotamiento y cansancio.

1 Corintios 2:5 dice: 

“Para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

Nuestra fe no está fundamentada en la sabiduría de hombre porque muchos confunden la fe con el conocimiento.

  1. La presunción. Es querer algo que todavía no está disponible en el ámbito eterno para ti y tú estás tratando de forzar para que venga al ámbito temporal. No es que tu fe no lo haga disponible, es que no es el tiempo, no está disponible.

Nuestro Padre celestial nos puso una medida de fe a cada uno.

1 Timoteo 6:12 dice:

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”.

Sin fe no hay vida eterna. Por eso los creyentes, los hijos de Dios, tenemos que caminar en fe, vivir en fe y para fe.

La buena batalla se pelea llamando las cosas que no son como si fuesen. Por eso se convierte en una batalla, contra la incredulidad, contra lo que está sintiendo, con lo que estás viendo, con lo que estás escuchando, con lo que estás sintiendo, con lo que te está rodeando y te están rodeando jaurías de perros, espíritus malignos, pero tú tienes una batalla y esa batalla es llamar las cosas que no son como si fuesen. Por eso se llama buena batalla, porque te lleva a que se haga lo que estás diciendo.

Si no tienes fe, siempre vas a buscar a alguien para que pelee tus batallas y esto siempre pasa en las iglesias pastorales y parroquiales, que el pueblo acostumbra que sea el pastor que pelee sus batallas, pero la iglesia apostólica no, en esta te enseñan, te revisten, te equipan con el escudo de la fe, la espada de la palabra, el presto del evangelio y te envían a la victoria de tu batalla.

Muchos están viviendo creyendo que es en fe y están viviendo en conocimiento, esperanza y presunción. La batalla que le habla Pablo a Timoteo es contigo mismo, no es contra más nadie, es contra tu incredulidad, falta de fe y la condición que tienes, por eso muchas cosas que Dios tiene para ti en la eternidad ya disponible, no has sabido irla a buscar.

Hay un solo sitio donde se pelea, donde identificas verdaderamente quién eres, se llama tu lugar secreto. En tu lugar secreto está todo lo que está disponible para ti en la eternidad, es el único sitio donde las cosas del cielo se aceleran, es el único lugar donde encuentras la llave del cielo para entrar al corazón de Dios y poderle decir: “Señor heme aquí, dame lo que tienes para mí y yo seré agradecido de lo que me estás dando”. El lugar secreto es el único lugar donde la fe se hace uno en ti y donde la fe de Dios se hace en Dios.

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