Debemos recoger cada una de esas palabras que han sido lanzadas en contra de nosotros

Los que pagan mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno. Salmos 38: 20

Los aires muchas veces se saturan, y tenemos que hacer una limpieza para que la atmósfera divina, la cual nos cubre, no sea obstaculizada por la contaminación espiritual producto de envidias o celos de personas que no resisten que al otro le vaya bien. Desatan palabras de maldición sobre los ungidos de Dios, provocando una interferencia que obstaculiza las bendiciones. Por eso, debemos recoger cada una de esas palabras que han sido lanzadas en contra de nosotros y llevarlas a los abismos, de donde nunca más saldrán.

Declaremos a la vez que ninguna lengua que se levante para traer muerte, enfermedad, destrucción y división, prosperará. Establezcamos que estamos guardados en el corazón de Dios y cubiertos por Su sangre, lo cual pone una cubierta alrededor de nosotros para impedir que cualquier arma que haya sido lanzada nos alcance.

Hagámonos invisibles al mundo de las tinieblas, y confundamos los planes que el enemigo ha lanzado por los aires o esté ejecutando debajo de la tierra, enviándole un torbellino para que queden sepultados.

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