El dinero, cuando no proviene de Dios, nos destruye

Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. 1 Timoteo 6: 10

Muchos dioses hay dentro de nosotros que compiten con Dios, y uno de ellos es el amor al dinero, el cual es la raíz de todos los males. El dinero nos hace perder nuestros principios, nos llena de codicia y avaricia. Engañamos a los demás para sacar beneficios; otros se convierten en asesinos a sueldo, roban, mienten. El dinero no es malo; lo malo es el amor a éste y cómo nuestro corazón lo ve. Este se insensibiliza y aquel llena nuestros ojos, desviándonos de la fe.

Tenemos que estar alertas ante cualquier tentación que pueda venir a sacarnos de los caminos del Señor y se vista de engaño, haciéndonos tropezar y perderlo todo. El dinero, cuando es Dios que nos lo da, trae bendición a nuestras vidas y no añade tristeza, dándonos gozo el poder bendecir Su Reino.

El dinero, cuando no proviene de Dios, nos destruye, porque creemos que no necesitamos de Él, que todo está a nuestros pies y que todo lo que queremos podemos obtenerlo. Todo eso es mentira, porque ese dinero no nos da paz, no da la salvación ni puede comprarse la vida eterna, la cual es un tesoro más grande que lo que algún millonario ha podido comprar, a menos que se rinda y entregue su corazón a Cristo.

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