“Hoy es el día para recibir tu milagro.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 22 de octubre de 2018

“Hoy es el día para recibir tu milagro.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Éxodo 15:26 dice:

“Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”.

Isaías 53:3 dice:

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Si miramos estas dos lecturas, nos daremos cuenta que la intención de Dios desde un principio es que Sus hijos, Su pueblo sea sanado y curado. Qué gran misericordia tiene Dios para Sus hijos, que Él le tira toda esa carga, enfermedades, rebeliones, pecados encima a Su hijo y luego que Él lleva todo eso a la cruz, al Getsemaní, Su padre dice: “Y por las llagas producidas, ahora ustedes van a ser sanos”. Ese es el tipo de amor que Dios tiene por cada uno de nosotros.

Nosotros somos sanados por Dios, por misericordia, pero somos salvos por gracia. Si Dios quiere eso desde el principio es porque la enfermedad en nuestro cuerpo es ilegal, esta no es más que la rebelión de una célula que se rebela y esa hace convertir las otras, hasta que se multiplican en esa rebelión y hay enfermedades que son puestas por Satanás.

El hijo de Dios lo sufrió todo por nosotros. Rebelión significa el espíritu de independencia, el espíritu de nosotros no querer confiar en Dios, de no estar metido con Dios, la rebelión fue lo que le hizo las heridas más fuertes a Jesús.

La rebelión y el pecado ejercieron condiciones y circunstancias diferentes en el cuerpo de Jesús. La rebelión le produjo heridas, el pecado lo molió. Cuando usted es molido no sale sangre como cuando usted es herido y rebelión significa independencia de Dios.

El pecado original no fue el adulterio, la fornicación ni el robo, la raíz del pecado se llama espíritu de independencia. Cuando Eva comió la manzana, ella no pecó, pero se hizo independiente de Dios, ya no necesitaba estar con Dios.

Por ejemplo, cuando naces tú eres dependiente de tu mamá, te tienes que alimentar de ella, cuando ya no te tienes que alimentar, te independizas, ya no le consultas, no le hablas, no le pides consejo porque te hiciste independiente, pero en Cristo tienes que ser interdependiente, porque si no el pecado va a venir.

Jesús llevó todo en la cruz del calvario, eso significa que nada de lo que tienes ahora te pertenece, tienes que sacarlo de tu vida.

Quien ministra la sanidad en nuestro cuerpo es el Espíritu Santo.

Romanos 8:11 dice:

“Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”.

El espíritu de Dios que mora en nosotros, vivifica nuestro cuerpo, ahora bien, el Espíritu de Dios tiene que ir acompañado de la Palabra, porque la Palabra también es vida, por eso, cuando enviamos la palabra de sanidad, sacando toda enfermedad por las llagas de Cristo, si esa palabra cae donde no hay un Espíritu de Dios, no hace el efecto que tiene que hacer.

En otras palabras, la fe que hay en ti tiene que pelear la buena batalla cuando el Espíritu Santo entra y penetra con la Palabra y esto es importante para recibir el milagro, el Espíritu y la Palabra tienen que ir juntos. Hay que confesar la Palabra de Dios, donde está el poder de la vida y la muerte.

Proverbios 18:21 dice:

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”.

Es tiempo de empezar a cambiar tu declaración, esta tiene que ir dirigida a la Palabra, dirigida por el Espíritu. Tu declaración tiene que empezar a ser diferente, ya no te puedes seguir quejando.

Tienes que declarar todo el día con tu boca, pero llegará un momento en que esa declaración llegará a tu corazón y cuando esto suceda, no vas a necesitar a nadie, porque todo lo que sale de un corazón de un hijo agradecido, humillado, dice la Palabra que no lo despreciará Dios. Cuando esta declaración entra en tu corazón, llegará un momento donde se detendrá el tiempo y en una milésima de segundo llegará tu milagro.

¿Sabes por qué Dios tiene que para el tiempo cuando viene un milagro? porque en la eternidad no hay enfermedad y mientras tengas vida en la tierra, tus designios están dirigidos por lo que se decretó en la eternidad desde antes de la formación del mundo.

Tienes que ponerte bravo para sacar lo que está en lo eterno y traerlo a la tierra, porque la sanidad divina y los milagros es lo que representa el poder de la resurrección de Cristo en la tierra.

Cuando recibimos un milagro, demostramos la resurrección de Cristo, porque Su amor y misericordia para con nosotros es tan grande y especial que Él se fue a sentar a la diestra del Padre a interceder por nosotros, después que murió, lo molieron, hirieron, crucificaron y después que dijo: “Por mis llagas serán sanados”, entonces dijo: “Resucito y mi divinidad va a ser dirigida a ustedes de nuevo sentándome a la diestra del Padre para interceder por ustedes”.

Jesús está intercediendo por ti hace tiempo, tu solo tienes que decir: “Señor heme aquí”. Dios solo necesita una milésima de segundo para detener el tiempo y que de la eternidad venga lo que tú necesitas, cuando Dios te hizo en Su mente, que fuiste una idea, hagamos al hombre, automáticamente Dios te hizo con un equipaje completo de la esencia de Dios, ese equipaje lo perdimos en el caminar aquí en la tierra, pero Él entregó otro equipaje en la cruz y dijo: “Ahora le cambio el equipaje y te pongo un equipaje nuevo que es mi hijo”, no es cualquier cosa.

Cuando Dios nos entregó a Su hijo, dice la Palabra que ya Él había hablado en la eternidad desde antes de la formación del mundo que Él iba a ser crucificado. El misterio de la cruz es un proceso de eternidad, por eso cuando se predica de la cruz en las iglesias hay sanidad, liberación, cielo, se palpa, se siente, es una atmósfera que se carga, que se establece, por eso el Espíritu y la Palabra tienen que ir juntos, porque hay vida.

Por eso tienes que llegar en la iglesia el día que todo el mundo sea sano, porque Espíritu y Palabra donde encuentran fe tiene que salir.

Marcos 1:40 dice:

40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio”.

La palabra leproso significa maldición, es uno que se le está pudriendo la carne, esa es la enfermedad del leproso.

Este hombre no vino donde Jesús a imponerle, no le pidió lo que quería, este hombre fue sabio, él tenía una convicción diferente a todos los otros enfermos, solo dijo “Si tu quieres”. Este hombre rechazado por la sociedad, frustrado, los leprosos vivían aparte, fuera, no podían porque era una maldición el ser leproso. Cuando un leproso entraba a la ciudad le caían a pedradas, los familiares tenían que llevarle la comida a sitios donde ellos estaban.

Pero este hombre tenía un corazón diferente, no tenia dolor en su corazón, no era frustrado por lo que le estaba pasando, no tenia espíritu de rechazo, ni de lastima, no tenia espíritu de inconformidad, él solo dijo si tu quieres yo te sigo esperando.

Este hombre le tocó la fibra que más le gusta a Dios, le tocó la voluntad y el tiempo, no le demostró desesperación, él sabía que aunque no fuera en el momento, no importaba porque él sabía que lo iba a hacer. El 90% de la gente no se sanan ni reciben su milagro porque no son obedientes, se van de los servicios de sanidad sin la sanidad pensando que Dios no lo hizo, pero hay sanidades progresivas que según vas caminando a tu casa te llega.

Cuando el Señor dice “quiero”, nos está revelando que la intención de Él todo el tiempo es sanarnos, que si no recibimos la sanidad no es por Él, es por lo que hay en nuestro corazón. Dios no te puede sanar si tienes un espíritu de religiosidad, porque esta opaca, anula, hace inoperante lo sobrenatural, porque la religiosidad es ritual y lo sobrenatural de Dios no es ritual, es espiritual.

No recibimos nuestra sanidad por varias razones:

  • El espíritu de religiosidad.
  • La incredulidad.
  • La falta de perdón.
  • El rechazo.

Si tienes dolor contra alguien, odio, rencor, falta de perdón, el Señor no puede obrar un milagro, porque Él es amor, entonces tienes que preparar tu corazón para que la Palabra y el Espíritu que son vida, entren y encuentren vida en el corazón. La religión no es vida, esta te castra, te ata, te anula. El rechazo, la depresión, el rencor no es vida.

A veces hay cosas que tenemos que arreglar primero, que tenemos que poner en orden, porque Dios en Su omnisciencia sabe que si recibimos un milagro y no estamos preparados con una gratitud especial, ese milagro nos puede hacer más daño que la enfermedad. Yo prefiero morir y que mi alma sea salva, a vivir y perder mi alma.

Este hombre vino a rogar, rogar no es llorar, no es pedir, sino derramar tu alma, sacar y humillarte.

Rogar significa llamar en auxilio a uno, se utiliza para todo tipo de llamada a una persona que tiene como objeto u objetivo la producción de un efecto determinado, teniendo la certeza de que ese efecto se producirá. Es decir, que cuando tú vienes a la presencia de Dios rogándole, pidiéndole auxilio porque Él tiene un efecto determinado de la necesidad que le estas pidiendo, pero tienes que tener la certeza que lo que le estas rogando es un efecto hecho ya.

Rogar también significa rodilla hincada, actitud de un suplicante de alguien que ruega, Jesús sabia de eso, Él iba al Padre al monte y subía a rogarle a Dios, su Padre celestial, Jesús subía al monte y subía de rodillas.

Este hombre leproso le llegó con todo lo que Jesús sabía, por eso le dijo “quiero”, le puso sobre la mesa, la obediencia, el tiempo, la voluntad, el ruego y el hincarse. ¿con qué actitud viniste tú hoy?

El ruego y la rodilla son sinónimos de humillación, por eso dice su Palabra que un corazón contristo y humillado no lo desprecia Dios.

Dios no te puede sanar con un corazón lleno de ira, dolor, tristeza, amargura, dice el Salmista: “mis huesos se secaron por el odio”, la artritis, el reumatismo, todos esos son problemas de falta de perdón, de rechazo, de odio, de rencor. Tienes que sacar ese veneno.

La Palabra dice que Jesús lo vio con misericordia, “misericordia” significa inclinación del ánimo  para compadecerse del mal ajeno, por eso Dios es un Dios de misericordia. Él entregó a su Hijo por amor y misericordia a nosotros y Jesús fue obediente por amor y misericordia a nosotros, por eso fue al Getsemaní, peleo nuestras batallas, llevó nuestras enfermedades, asumió todo nuestro pecado. El amor y misericordia de Dios son Su esencia.

Jesús empezó a sentir todos tus pecados y enfermedades en el Getsemaní la noche antes de ser entregado, Jesús subió al Getsemaní y dice la Palabra que estaba postrado, rogándole, igual que el leproso, de rodilla, hincado y Jesús cuando estaba ahí postrado empezó a sudar gotas de sangre y cuando alguien suda gotas de sangre tiene un nombre científico, un nombre médico.

¿Sabes por qué sudaba sangre? Porque Jesús tenía que vencer a Satanás como hombre, no como divino, no como Dios, porque si Él vencía a Satanás como Dios, iba a ser injusto y Dios es un Dios justo. Cuando Jesús empezó a sudar sangre fue cuando comenzó a recibir todos nuestros pecados, nuestras enfermedades, fue molido, abatido, herido y cuando aguantaba la presión, entonces empezó a sudar sangre.

Jesús sudó gotas de sangre porque sus vasos capilares de las glándulas sudoríparas se estallaron por la presión, le empezó a llegar el sida, el cáncer, la ulcera, las lepras, todas las enfermedades le empezaron a llegar juntos y encima de eso los pecados, adulterio, fornicación, vicios, todo en un solo paquete, por eso sudó sangre.

Por esto Jesús le dijo al Señor: “Padre, si puedes pasa de mí esta copa”, pero no le estaba diciendo ‘me estoy echando para atrás”, no le estaba diciendo “quítame esta carga”, no le estaba diciendo “no aguanto más”, sino que Él le estaba diciendo: “Padre, dame fuerzas que no es aquí que tengo que morir, es en la cruz”.

Lo que estás viviendo es ilegal, es un Getsemaní, pero no es ahí que tienes que morir. Cuando eres hijo de Dios no puedes tener enfermedad, porque los hijos estamos llamados a expandir el Reino, no te mires muriéndote, enfermo, mírate predicando, expandiendo el Reino, mírate por la palabra profética que te han dado, mírate por la palabra que te han dicho que vas a ser, mírate por lo que Dios te ha levantado, mírate como Dios te ve predicando, en las naciones, en las iglesias, danto testimonio, tu matrimonio caminando en Cristo. Todo lo que no tienes míralo en el espíritu.

En el Getsemaní es donde debemos valorar la misericordia de Dios, más Su gracia, ahí es donde viene lo que se llama el arrepentimiento. El arrepentimiento es la palabra más importante de la doctrina de Cristo.

Arrepentimiento es reconocer y entender que tú has hecho algo que no le agrada a Dios, te arrepientes y no lo vuelves a hacer jamás. Mucha gente dice estar arrepentido, pero no están convencidos del arrepentimiento. Si alguna vez te arrepentiste de algo y lo volviste a hacer, no hubo arrepentimiento y hay muchas enfermedades que vienen por la falta de arrepentimiento. El arrepentimiento genuino nos prepara para la gloria venidera, no hay gloria donde no hay arrepentimiento.

Este leproso tenía fe en Jesús. Hay dos sistemas en el que puedes vivir:

  • El sistema de Satanás que es el sistema de la incredulidad.
  • El sistema de Dios que es el sistema de la fe.

1 Timoteo 6:12 dice:

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”.

Solo con la fe puedes pelear la buena batalla. Vida eterna significa la gloria de Dios y la gloria de Dios significa sanidades, milagros, prodigios, maravillas y liberación. En otras palabras, tú tienes que pelear tu buena batalla para que puedas recibir, milagros, maravillas, sanidades y liberación, porque cuando peleas la buena batalla, estas peleando con la vida eterna y la vida eterna es la gloria de Dios.

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