Inclinemos nuestro rostro, doblemos nuestras rodillas y dejemos que Él empiece a susurrar en nuestros oídos

Dios hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo. Éxodo 33: 11

Creemos que el simple hecho de asistir a los servicios de la iglesia o de leer Su Palabra es suficiente; estamos equivocados. Jesús nos enseñó que había algo más profundo que teníamos que conocer y practicar todos los días: la oración.

A través de ella podremos enfrentar los desafíos y conocer el poder ilimitado de Dios. Por eso no podemos ignorar los beneficios que ésta nos aporta, y debemos propiciar este encuentro todos los días en nuestra vida. Siempre hagámoslo en una actitud de humillación, buscando un encuentro divino con Él para que nos guíe y nos muestre Su voluntad, sin importar tiempo ni espacio sino convencidos de que cuando nos acercamos cara a cara Él se mostrará como un amigo.

Busquemos la intimidad que está demandándonos, inclinemos nuestro rostro, doblemos nuestras rodillas y dejemos que Él empiece a susurrar en nuestros oídos Sus planes y proyectos, los cuales nos cambiarán por completo, nos darán una visión renovada y diferente de todo.

No demoremos lo que el Cielo quiere hacer. Tan solo tenemos que apartarnos y decirle: “Muéstrate a mi vida, porque no saldré de este lugar hasta que tenga un encuentro real contigo. No tengo prisa y esperaré todo el tiempo necesario pero quiero verte a Ti”.

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