¡JESÚS! Ese nombre tiene que estar en cada latido de nuestros corazones

Conozcan mejor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y crezcan en su amor. ¡Gloria a él ahora y para siempre! Amén. 2 Pedro 3: 18          

Casi todos hemos oído hablar de Jesús, pero pocos conocemos a Jesús: el Hijo del Dios viviente; el que cambia nuestra vida; el que nos dio el regalo más grande, la vida eterna; el que nos liberó del acta de los decretos que había en contra de nosotros; el que nos redimió por medio de Su sangre y borró nuestros pecados, echándoles al fondo de la mar.

Jesús es quien murió y resucitó, a fin de arrebatar las llaves de la muerte y del Hades al enemigo. Él venció para que hoy pudiéramos proclamar esta victoria en nosotros y nada nos dejemos robar lo que Él nos ha dado. Al contrario, luchemos incansablemente para entronarlo en nuestra vida.

Ese es el Jesús que debemos conocer: el que rompió los yugos y nos da vestiduras blancas poniéndole fin al pasado oscuro en que estábamos envueltos, haciéndonos merecedores de la gloria de Dios; Jesús, el que intercede delante del trono del Padre para que nos vaya bien en todo y nuestros pies no tropiecen, para que alcancemos nuestro propósito. Hizo todo porque nos ama y sabe que solos no podremos vencer. Él se hizo hombre para conocer nuestras debilidades, dándonos la promesa de que por medio del Espíritu Santo seremos fortalecidos todos los días.

¡JESÚS! Ese nombre tiene que estar en cada latido de nuestros corazones, cada vez que respiramos, caminamos, pensamos; porque por medio de Él somos salvos, y el enemigo fue vencido para siempre.

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