“La expansión lleva acción y compromiso.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 28 de mayo de 2018

“La expansión lleva acción y compromiso.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Uno de los méritos más grandes que tiene el hombre que busca la presencia de Dios, es el esfuerzo que hace para batallar día a día con el pecado, con la tentación, con el concepto de conocerse a sí mismo para no vivir de engaño, ser responsable y aceptar sus errores y debilidades y sin esconderlo ya que cada uno de estos conceptos siempre serán manifestados y utilizados por Satanás para no permitir que nosotros logremos la expansión que Dios quiere en nuestras vidas.

Esos conceptos de tentación, de engaño en sí mismo, el no intentar conocernos, eso es lo que le da pie al enemigo para que no permita que podamos sobresalir en esas condiciones; esa es una responsabilidad que tenemos como hijos de Dios, como cristianos, tenemos que sobrepasar esas condiciones, las cuales son necesarias, pero son las que más usa el enemigo para no permitir que podamos ser expandidos.

Obligatoriamente la iglesia de este tiempo es una iglesia diferente, que ha entrado en una dimensión apostólica, profética, en la cual anda en los caminos de lo que es el Reino de Dios, es un sistema en el cual la iglesia tiene que avocarse, porque este es el tiempo en que la iglesia está recibiendo su mayor revelación de parte de Dios, su mayor empuje a nivel espiritual, porque ya son tiempos finales.

La expansión lleva acción, lleva compromiso, por eso debemos entender por qué el enemigo nos ataca y presiona tanto. Nosotros somos los responsables de formatearnos y hacer los cambios necesarios.

Lucas 4:13 dice:

“Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo”.

Esta simple frase de que Satanás lo dejó por un tiempo, nos dice que nuestra lucha es continua, severa para poder adquirir la responsabilidad, la fuerza, la autoridad para ejercer los cambios, porque Satanás siempre nos va a estar tentando.

Efesios 6:10-13 dice:

 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

A nadie le es oculto que esta lucha se manifiesta en las tentaciones y esto lo podemos ver en los discípulos del Señor, Pedro con su negación, la madre de Santiago y Juan en la traición de Judas, todos fueron tentados, siempre podemos ver en el transcurrir de estos hombres, que fueron metidos en la lucha contra el enemigo, en otras palabras al enemigo no le interesa que tú seas expandido, porque él sabe que si tú te preparas serás un enemigo que le quitará territorio.

El mismo Pablo luchó en carne propia los efectos del pecado que querían gobernar su vida, era una lucha diaria, porque el enemigo siempre nos está tentando.

En Romanos 7 podemos ver que día y noche tenemos una lucha en la cual está involucrada nuestra mente, alma, sentidos, y cuando los sentidos están involucrados, la afectación que produce el pecado es mayor y esto no nos permite entrar en la dimensión de la expansión, para Dios poder darte la expansión que necesitas, tienes que entrar en un acercamiento a Dios y en un reconocimiento de tu lucha que no te debe de avergonzar, porque es una lucha que el mismo apóstol Pablo tuvo que pasar, entonces no haces nada con esconderlo, tienes que sacarlo, reconocerlo, tirarlo fuera sin importar lo que te digan.

No puedes esconder tu lucha porque estás luchando en tres esferas:

  • Mental
  • Almática
  • En la carne

Cuando estas tres esferas se unen, tu solo no vas a poder, vas a necesitar la mano divina de Dios obligatoriamente y para eso está la iglesia, para darte las herramientas necesarias para poder luchar. Para la iglesia tener una expansión todos tenemos que estar comprometidos, no hay expansión sin compromiso, pero nuestro primer compromiso es reconocer interiormente nuestras condiciones e intenciones y qué es lo que Dios quiere con nosotros.

Muchos queremos ser comprometidos con la palabra profética, pero pocos estamos realmente comprometidos con el cambio que necesitamos dentro. Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, por tal razón necesitamos otro nivel, no por experiencias ganadas en el ámbito humano, sino experiencias de primera mano en el ámbito espiritual.

2 Corintios 12:1 dice:

“Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.  Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades”.

Hay un secreto cuando te declaras débil, no te hagas el vanaglorioso porque no vas a poder expandirte, Dios expande al que es humilde y reconoce.

2 Corintios 12:6-9 dice:

“Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera. Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.  Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.

Si en verdad queremos esa expansión, tenemos que entrar en esa humildad espiritual, reconocer lo que Dios puede hacer en nosotros, pero también tenemos que reconocer lo que nosotros tenemos que darle a Dios. Tienes que sacar de lo recóndito de tu alma tus debilidades, tus errores, tus fallos y ahí se va a activar la expansión.

Son tus frutos lo que revelan cómo es el nivel en el que estás.

Dice en la palabra que el no creyente es esclavo del pecado. Muchos creyentes, hijos de Dios estamos en las iglesias y estamos esclavizados en el pecado, en la mentira, en el engaño, en la crítica, en las murmuraciones, en el celo. Estamos como están en el mundo los no creyentes, no nos esforzamos por cambiar nuestro carácter, actitudes, sentimientos; tenemos una conciencia cauterizada y esto activa todos los espíritus del primer nivel de Satanás.

Espíritus del primer nivel de Satanás:

  1. La mentira
  2. Leviatán (orgullo y soberbia)
  3. Envidia
  4. Vanagloria

Cuando uno entra en estos niveles de pecado, estos van a activar otros pecados de otros niveles y así se desencadenan los pecados.

El respaldo de Dios va a depender de tus batallas ganadas de primera mano, no de lo que hablas, dices o pienses, sino de lo que has demostrado en los terrenos que has ganado, donde has batallado, lo que has hecho.

2 Corintios 12:9-10 dice:

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”. 

Mientras seas tú que dirijas y tengas los conceptos y decisiones, el poder de Dios no va a estar contigo.

Permanecer en la fe de Cristo es vivir en el mundo y vivir en el mundo es una cuestión de voluntad y firmeza de querer afrontar las pruebas y las tentaciones de Satanás.

La gracia santificante de Dios nos va puliendo, siempre que nosotros lo permitamos.

Romanos 8:35-37 dice: 

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada. Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”.

El ser fuerte en Cristo, te convierte en un posible guerrero.

Romanos 1:11 dice: 

“Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.”.

Dios quiere confirmarnos, fortalecernos y prepararnos. Esa es la expectativa que tienes que traer a la iglesia, para dejar de ser oidores y ser hacedores de la Palabra, debes salir de la comodidad que tienes.

Mateo 13:10-11 dice:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

Hay dos categorías:

  • “Vosotros” que son los discípulos.
  • “Ellos” que son los religiosos fariseos que no desean saber los misterios de Dios.

Por eso el Señor se los esconde. Los misterios solo se conocen por medio de la revelación y la impartición. La revelación va de la mano con la humildad, sin humildad no hay revelación.

Expansión lleva compromiso y entrega. Dice Su palabra que la mies es mucha y los obreros son pocos. La iglesia no tiene que orar para vengan mies, tiene que orar para que se levanten obreros. Ahí va a empezar la expansión verdadera de la iglesia de Dios, cuando cada uno de nosotros nos convirtamos en obreros.

La palabra “envíe” en griego es “egbalo”, que significa lanzar, empujar violentamente; por eso, para usted recibir las bendiciones de los cielos, tiene que ser valiente, porque solo los valientes arrebatan las bendiciones de los cielos.

Para recibir tu expansión y activarla, tienes que ver a Dios como tu fuente de provisión y no tu fuerza y tu experiencia.

Gálatas 6:9 dice:

“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.

Mateo 9:36 dice:

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.

La parte espiritual para empezar a recoger la cosecha es la compasión. Compasión en griego significa “esplenai”, sentir en las entrañas el dolor del otro.

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