“La Fe trae arrepentimiento y poder, 3ra.parte. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes 18 de julio de 2016

“La Fe trae arrepentimiento y poder, 3ra.parte.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Si tienes fe y agradas a Dios, tienes vida eterna y ganas la salvación.

La incredulidad es un espíritu que te hace apartar de Dios y te quiere hacer independiente de Él. Cuando no crees en Dios, vas a empezar a creer en cosas que puedes ver, y como a Dios no lo puedes ver – más si lo puedes sentir – se te hace tan difícil creer en Él.

Tenemos que luchar contra la incredulidad. La incredulidad también puede ser religiosa, porque Jesús dice en Su Palabra que solamente a través de Él podemos llegar al Padre.

Tu fe es religiosa cuando la tienes enfocada en un santo o en una virgen, y no en Jesús. Esta fe es relativa, no absoluta. La fe absoluta se refiere a lo que dice la Palabra de Dios, que Jesús es el camino, la verdad y la vida y que nadie llega al Padre sino a través de Él.

La fe religiosa es la que no te cambia ni te transforma, y no te lleva a una relación con Dios. La fe religiosa es un sustituto de la fe real. La fe real es absoluta porque está sustentada en la Palabra.

Cuando eres incrédulo, buscas sustitutos. Si se te enferma un hijo, vas donde un espiritista para que te dé una botella que él pueda tomar; ­ antes de salir de tu casa lees el horóscopo para ver cómo te irá en el día. Estás poniendo tu fe en esos sustitutos.

Cuando quieres saber tu futuro, no vas donde Dios, sino donde aquel que te lea la taza o la mano. Tu incredulidad te lleva a buscar estos sustitutos.

En tu pecho debes llevar al Cristo resucitado, no al crucificado. Jesús fue crucificado por un momento para ganar el poder sobre el cielo, la tierra, y todo lo que está debajo de la tierra. A Cristo, tienes que tenerlo resucitado en tu corazón.

El hombre cree que es él que busca a Dios, cuando realmente es Dios que lo busca a él.

Mientras más satisfecho estés contigo mismo, menos vas a buscar de Dios y más incrédulo para Sus cosas te volverás.

Tenemos 2 puntos importantes que tenemos que discutir:

  1. Tu corazón se endurece por la incredulidad.
  2. Tu corazón se endurece por el pecado.

La plataforma para tu incredulidad es la iniquidad de tu pecado. Mientras más pecador seas,  más difícil se te hará creer en Dios. El pecado va de la mano de la incredulidad. El pecado no es un acto físico, el 90% de los pecados son cometidos primero en la mente. Si esos pensamientos encuentran una conciencia sucia, encuentran el conducto para entrar en tu cuerpo.

Cuando dices que tienes un problema hormonal, se refiere a tus pensamientos, ahí está tu problema. Dios te ha dado la capacidad de atar todo pensamiento y llevarlo cautivo a la obediencia de Cristo, y sin embargo, lo llevamos cautivo a nuestro cuerpo.

El pecado o el pensamiento del pecado te quitan el temor reverente a Dios. El principio de la fe es el temor a Dios.

Marcos 16:9-14 (RV1960)

“Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.  Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.  Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.  Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado”.

Cuando vienes a la iglesia y en medio de la alabanza y adoración empiezas a sentir estas cosas, es Dios persuadiéndote para que sepas que Él está detrás de ti.

La gente de fe no se enfoca en sí mismo, sino que prefiere dar y entregar de sí para los demás. La gente de fe no pide milagros, los hace. La gente de fe no está buscando palabras proféticas, él profetiza; no pide unción, porque él tiene unción.

La mejor manera de que tu fe crezca es a través de verdades absolutas:

  1. Confesar la Palabra.
  2. Obedecer la Palabra.
  3. Proclamar todas las promesas, sin importarte si se las dio a Moisés, a David, a Josué. Eso no te debe importar, todo lo que está en la Palabra es una sombra para ti.

La incredulidad es para Dios, como es para un padre, la rebeldía, la desobediencia y la malcriadez de sus hijos. Dios se agrada de nuestra fe, de la misma manera que un padre se agrada de la obediencia de un hijo.

Cuando nuestra fe no es real, siempre estará motivada por una necesidad.

Nuestra fe tiene que ser probada y por esto, Dios permite que el enemigo robe el motivo de nuestra fe, porque para que una fe sea absoluta y confiable, tiene que ser probada.

Frecuentemente, a mí personalmente, me roba el motivo de mi fe, y cada vez que lo hace, que una puerta se cierra, me quedo tranquilo, permanezco confiado y tomo otro camino, voy donde Dios, y en mi lugar secreto, hablo en el espíritu con mi Padre, en estos momentos el diablo no sabe lo que hablo, no sabe lo que mi espíritu le dice a Dios, solamente lo saben Dios Padre y mi espíritu; es en este lugar que recibes tu restitución. Este no es un tiempo de reclamar y bajar tu cabeza, es tiempo de reclamar.

Cuando Dios habla de una medida de fe, no se trata de un tamaño, sino más bien de unos elementos que van a ser la medida de fe. Viene a ser como una olla que viene a ser la fe, y en esa olla, tienes que echarle la Palabra, la esperanza, la obediencia, la unción, la oración y el ayuno, la humildad, aquí no puedes echar vanagloria, altivez o vanagloria. Estos elementos son los que conforman tu medida de fe.

El elemento esencial que dará fuerzas a todos los demás elementos que entraste se llama propósito. Puedes ser obediente, pero si no conoces tu propósito, no puedes ser completamente obediente.

Necesitas conocer tu propósito en Dios, para que tengas las fuerzas necesarias para que tu fe se levante.

 

Los comentarios están cerrados.

EnglishFrenchSpanish