“La Fe Trae Arrepentimiento y Poder. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 13 de junio de 2016

“La Fe Trae Arrepentimiento y Poder.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

En este tiempo, lo que más estamos necesitando es fe, en todos los sentidos, desde afuera, tenemos un bombardeo, vivimos bajo presión y bajo ataques, cada día las cosas se ponen más difíciles y el enemigo las pone más “fáciles” allá afuera, haciendo que la gente que está dentro de la iglesia, salga buscando otras cosas, es por esto, que necesitamos fe.

La fe es el canal indispensable para la salvación, si usted quiere algo en la vida, indiscutiblemente, en todos los sentidos, va a necesitar fe.

Hebreos 11:6 (RV1960) dice:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Efesios 2:8-9 (RV1960):

 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe”.

Usted y yo necesitamos fe para tener gracia y ser salvos.

Juan 3:16 (RV1960) dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

En este pasaje, Juan cambia la palabra fe por la palabra creer. En estos 3 versículos, notamos lo siguiente:

  1. La fe agrada a Dios.
  2. La fe te lleva a salvación.
  3. La fe te lleva a la vida eterna.

Esta es la magnitud de la fe. Y ahora veremos, lo que no es la fe. Muchas veces llamamos fe a una perspectiva sobre la vida fundada en sentimientos y emociones. Ejemplo: Tenemos fe en Jesús, pero cuando nos enfermamos, por las circunstancias en las que nos enfermamos, no creemos que Dios puede sanarnos, por Sus llagas, como dice la Palabra.

La fe no está basada en emociones y sentimientos, confundimos que tenemos fe porque decimos que creemos en Jesús, sin embargo, cuando te enfermas, no crees que Él te puede sanar. No es fe porque tus emociones fueron afectadas por tus circunstancias.

Un sustituto de la fe es la credulidad, que no es más que la actitud de las personas que aceptan algo como verdadero sin considerar la evidencia, simplemente porque desean fuertemente que sea una verdad. Ejemplo: Vienes a la iglesia el domingo y llegas el lunes al trabajo contando de un testimonio de alguien sanado de cáncer, esta persona que te escucha, queda maravillada con el milagro y decide visitar la iglesia el siguiente domingo movida por ese milagro y lo hace buscando su propia sanidad; pero esta persona no sabe por qué Dios hizo ese milagro, no conoce la evidencia.

Otro sustituto de la fe es el optimismo, que es una actitud mental positiva que busca que lo creído suceda; este tipo de fe está basado en ti mismo, es una fe en tu propia capacidad, pero no es una fe bíblica, lo que quiere decir es, que tienes una actitud tan positiva que logras que las cosas sucedan, pero por tu propia capacidad, no porque Dios te lo da. Es bueno que seas optimista, pero el sobre optimismo es malo, porque te hace depender de tus propias fuerzas y de ti mismo, y esto, no es fe bíblica.

Los sustitutos no te permiten entrar en la dimensión de la fe, y con estos sustitutos es que nosotros nos manejamos. Estamos equivocados y no estamos teniendo fe. La fe es algo mucho mayor, mucho más grande.

El primer enemigo de la fe es la incredulidad. Dios odia la incredulidad y la rechaza. La incredulidad hace que Dios sea pequeño y por esto, no le agrada. Dios tiene ira contra la incredulidad y llama corazón malo cuando padeces de ella.

Hebreos 3:12 (RV1960) dice:

 “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”.

En el idioma griego hay 2 palabras para incredulidad:

  1. Es la inhabilidad de agarrarse confiado, es la imposibilidad de aferrarse de algo. La fe es lo contrario, es esa habilidad que tienes de sostenerte de algo, de aferrarse. Apisteo es la inhabilidad de pegarse como adhesivo a algo.

Marcos 9:18-23 (RV1960):

 “El cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.  Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.  Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.  Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”.

“Ayuda mi incredulidad”, esta es una frase que debemos decir todos los días, porque es irreal que creamos verdaderamente. El hombre por su naturaleza, siempre va a tener problemas con la fe; no haces nada con decir que tienes fe si esta no es real.

Déjame darte una buena noticia: Dios no se enfada porque no tengas fe, Dios se enfada cuando no te dejas persuadir por Él y cuando no decides tener fe.

La fe es una decisión y es una decisión porque ya Dios nos puso una medida de fe; ya la fe está en ti, pero tienes que decidir que esa fe salga de ti.

  1. Decidir en contra, rehusarse persuadido, decidir ser desobediente, tomar una decisión voluntaria y definitiva en contra de.

Hebreros 3:16-19 (RV1960) dice:

 “¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad”.

En ese tiempo no entraron a la tierra prometida por su incredulidad, no fue tanto por el pecado, sino por ser incrédulos, porque el que tiene fe, no peca, porque tiene temor, gracias a su fe. Mientras más incrédulo te muestras frente a lo que Dios es, más livianos son para ti, la tentación y el pecado.

Nuestra tierra prometida son las promesas de la Palabra; cada promesa de la Palabra que se cumple en tu vida es una tierra prometida.

Juan 3:36 (RV1960)

 “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.

En este versículo se refiere a la palabra Apidseo, cuando rehúsas a creer. ¡Usted decide creer! ¡La ira de Dios viene sobre los que no creen! Tienes que romper con el espíritu de incredulidad.

Romanos 4:20-22 (RV1960)

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,  plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;  por lo cual también su fe le fue contada por justicia”.

Abraham fue persuadido por Dios

¡Tienes que creer que lo vas a hacer!

Los hijos de Dios cuando se le ponen las cosas difíciles, deciden rendirse y tirar la toalla. Sin importar tu situación, demuéstrale a Dios que crees que Él lo va a hacer. Hay personas a las que el diablo les ha robado el motivo de la fe, decide hoy levantarte, sabiendo con certeza que Dios lo va a hacer. No importa lo grande, difícil o lejana que veas tu situación, Dios lo va a hacer.

Romanos 12:3 (RV1960) dice:

 “… conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

Dios nos da una medida de fe y nosotros somos receptores de esa fe.

Salmos 81: 10 (RV1960):

“Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca, y yo la llenaré”.

Para poderte dar algo, Dios tiene que algo. ¿Sabes por qué Dios no llena tu boca? Porque de tu boca salen cosas negativas solamente, en vez de cosas buenas y positivas, por eso mencionábamos antes el corazón malo de incredulidad.

Mientras más palabras negativas salgan de tu boca, declarando lo difícil que es la situación, Dios no va a llenar tu boca. La incredulidad se disfraza; cuando dices que no puedes, en realidad, no es que no puedes, es que estás incrédulo; cuando dices que es difícil, no es cierto que la situación esté difícil. Dios dice en Su palabra que Él llenará tu boca. Suelta lo que hay en tu boca y yo te lo daré. No pongas nada negativo en tu boca, tus palabras deben edificar y levantar, diciéndole a Dios que tienes fe en Él.

Abre tu boca y yo la llenaré… de todo lo que pidas. ¿Qué estás pidiendo? Todo lo que sale de tu boca es procesado en tu conciencia y en tu mente, y la válvula de escape es la boca. Si quieres que Dios te empiece a dar, tienes que empezar a trabajar dentro de ti. Si quieres que Dios te de algo, quita de ti, la negatividad y malas actitudes.

Romanos 10:6 (RV1960) dice:

 “Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo)”. 

¿Cómo sacas las palabras negativas de tu boca? Cámbialas por la Palabra de Dios. Romanos establece que para cambiar lo negativo, tienes que sustituir eso negativo con la Palabra.

Su palabra te da fuerza, poder y autoridad. Su palabra te da promesas. La verdadera fe no comienza con decir ciertas cosas, más bien, por no decir ciertas cosas. Tú tomas la decisión de no confesar tu incredulidad, ni las cosas negativas con las que el diablo ha llenado tu cabeza, y con esta decisión consciente, sacas todo esto de tu mente y de tu corazón.

Dios tuvo que trabajar a Abraham, quien creyó esperanza contra esperanza, lo que significa que se le caía una esperanza, y le venía la otra. Esperanza sobre esperanza significa que nunca se dio por vencido. Abraham fue trabajado. Muchas personas quieren su fe pero no todos quieren el proceso que él vivió; y los religiosos te dicen que no pidas fe porque te van a llegar todos los problemas. Abraham nunca desistió.

En este tiempo nos dan un portazo mientras estamos buscando un trabajo, y salimos con el rabo entre las piernas.

Abraham peleó contra el temor, hay gente que no tiene fe porque no tiene temor. Él pasó – para llegar a ese nivel de fe – 25 años para entonces recibir la promesa de Isaac. ¡Es esperanza sobre esperanza! ¡Algo está cambiando Dios en ti para recibir la promesa! Necesitas el proceso, porque sin el proceso, no te puedo hablar de fe. Necesitamos romper con el proceso. Abraham estuvo viéndose a Sara y a sí mismo por 25 años, antes de recibir su promesa, él necesitaba romper con la mentira, el temor, el humanismo, sí con el humanismo, necesitaba romper con un sobrino y un padre que no le correspondían.

¿Quién camina a tu lado? ¿Con quién estás enredado? ¿Cómo puede Dios bendecirte, si quien está a tu lado no forma parte de tu propósito? No importa la fe que tengas, si quien está a tu lado no forma parte de tu propósito, Dios no te bendice.

La Palabra habla del yugo desigual, y yugo desigual no se refiere solamente la relación de marido y mujer, sino también a amistades, y relaciones de negocios.

Llena tu boca haciendo lo que dice la Palabra.

Cuando atas aquí en la tierra para que sea atado en el cielo y no pasa nada es porque tu corazón tiene que estar alineado. Puedes tener toda la fe del mundo, y si tu corazón no está alineado, te caíste.

Sara fue llevada por la fe, antes que pudiera concebir porque fue llena de un poder, dice la Palabra que recibió fuerza para concebir. Aquí vemos cómo Dios compara la fe con una fuerza. La fe no es algo de hablarlo solamente, cuando tienes una fe verdadera, cargas una fuerza dentro de ti, que te embaraza de lo que quieres sin tener barriga.

Hay una incredulidad religiosa y esta viene por entrenamiento religioso. Es la típica gente que no cree en milagros. Los judíos ortodoxos creen en la Torá, pero no en Jesucristo, ellos conocen muy bien el Pentateuco pero no creen que Jesús es el Mesías, porque tienen una incredulidad religiosa.

La incredulidad religiosa no te deja ver la revelación de lo que hay, por eso Jesús decía que ya de Él se hablaba, desde Moisés hasta Isaías, pero los judíos no lo veían y todavía no lo ven. Dios permitió esa incredulidad religiosa para que el hombre no confíe en la religión, sino en la relación.

Marcos 6:1-6 (RV1960) dice:

 “Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.  Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?  ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.  Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando”.

El espíritu de religiosidad aún está presente en ellos. Asumen su relación con Dios a través de reglas, en vez de libertad.

También tenemos la incredulidad racional, es la que nos infunde el sistema humanista, este sistema es gobernado por 2 principados: Persia y Grecia. Era la misma incredulidad, que yo como médico tenía, una incredulidad racional.

El príncipe de Grecia es el que todo lo razona, todo lo quiere llevar a la lógica, por esto a los científicos se les hace muy difícil ser cristianos. El espíritu de Grecia es el que busca complicar lo sencillo y querer probarlo todo, como lo indica la expresión “buscarle las 5 patas al gato”.

Hebreos 11:3 (RV1960) dice:

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Una ballena que se tragó a Jonás y que lo vomitó a los 3 días en el sitio que Dios quería; Josué que detuvo el sol y derribó los muros de Jericó a base de toques de trompeta…

Muchos de nosotros no reconocemos la incredulidad crónica que hay en nuestro corazón.

Marcos 16:9-11 (RV1960):

 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.  Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.  Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron”.

Mateo 17:3-9 (RV1960):

 “Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.  Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.  Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.  Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.  Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo. Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.”

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