La persistencia es buena, siempre que el fin que queremos alcanzar sea de Dios

Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón. Salmos 40: 8

La persistencia es buena, siempre que el fin que queremos alcanzar sea de Dios. De lo contrario, estaremos luchando contra Él, porque es lo opuesto a Su voluntad. Cuando caminamos fuera de ella nuestra vida se convierte en un fracaso. Tenemos que entender que nuestra vida ya no nos pertenece, y que lo que hagamos debe ser lo que Dios nos mande, para entonces perseverar hasta el fin, ya que es un propósito de Él y no propio de algún hombre.

El discernimiento es vital para nuestra vida cristiana, porque nos ayuda a tener entendimiento de lo que estamos haciendo, para conocer si es de Dios. Entonces si no es de Dios, ahí mismo tenemos que dejarlo.

Da pena que luego de tanto esfuerzo por obtener algo, cuando lo tenemos nos damos cuenta de que eso no era lo que Dios quería. Entonces, ¿qué hacemos con aquello que no es Su voluntad? ¡Nada! Solamente nos queda el tiempo perdido y el camino equivocado que tomamos. Por eso, no persistamos hasta estar seguros de qué es lo que Él tiene y quiere para nosotros.

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