“La sabiduría de Dios te lleva a nuevas estaciones. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 13 de agosto de 2018

“La sabiduría de Dios te lleva a nuevas estaciones. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela” 

Muchos de nosotros aún siendo creyentes y desenvolviéndonos dentro de la iglesia, seguimos manejándonos con la sabiduría del mundo y no se la hemos entregado a Dios. Y así buscamos a Dios, con esas limitaciones y en nuestra sabiduría.

No entendemos o no queremos entender que hay un mundo espiritual de las tinieblas y hay un mundo espiritual de la luz y ambos están luchando por nosotros. Dios, que es el creador de todo el universo lucha por Su creación, porque Su creación vino con un propósito.

Dios pelea por nosotros y Él nunca ha perdido una batalla. Es el mismo Dios que se levanta contigo, duerme contigo y camina contigo. Pero hay un adversario que tiene un problema, él no es creador, es imitador; y este adversario siempre se opone a nuestro crecimiento espiritual. Y aquí es que nos tenemos que dar cuenta que él viene detrás nuestro, como creación de Dios, porque detrás de Dios no puede ir.

Dios es un Dios de bendición y de amor y de creación, mas el enemigo se mueve en lo sobrenatural para matar, robas y destruir. El interés de satanás es ir en contra de la iglesia para que no crezca espiritualmente y en eso se especializa.

Salomón ya siendo rey y siendo adulto desechó la sabiduría humana y pidió por la sabiduría de Dios para dirigir, no para beneficio propio.

Satanás sabe que si decidimos hacer un cambio para crecer espiritualmente, seremos su peor enemigo. Él quiere detener nuestro cambio y crecimiento, porque sabe que si crecemos y cambiamos seremos portadores de frutos.

La Palabra dice que cuando sabiendo algo no lo hacemos eso es pecado, esto quiere decir que si hacemos algo de manera mediocre cuando podemos hacerlo mejor, estamos dándole frutos a satanás. Cuando no damos frutos de Dios, somos propensos a dar frutos del enemigo. Te animo a que revises tu día y verifiques los frutos que diste, si fueron frutos de misericordia y fidelidad o de justicia, frutos de paz, lealtad y mansedumbre; preguntémonos a nosotros mismos a quién estamos dándole nuestros frutos.

A veces confundimos la sabiduría del espíritu con la sabiduría de Dios. No hay algo que nos encarcele más que la sabiduría humana cuando nos creemos espirituales. El enemigo quiere y querrá la carne, ahí es donde toma posesión de nosotros, él quiere llevarnos a su terreno, y cuando nos lleva a su lugar, toma total control de nosotros.

Santiago 3:13-18 (RV1960): “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad.  Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica.  Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala. Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”.

Mucha gente siendo sabia pero podo entendida. Cuando usted quiere saber más que todos, está siendo sabio pero poco entendido. No hay sabiduría sin humildad. Tenemos que cambiar la sabiduría humana por la divina. 

Cuando vamos a un lugar y decimos una mentira, ya le dimos frutos a satanás. Si hacemos un negocio y engañamos a los demás, estamos dando malos frutos. Sin embargo, nos sentamos en la iglesia y nos creemos sabios.

Tenemos que ser personas entendidas.

Santiago 3:15-17 (RV1960) dice: “porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.  Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.  Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”.

Cuando hacemos las cosas mal afuera y venimos a la iglesia, estamos siendo hipócritas. La sabiduría humana te hace querer mostrar a la gente lo que no eres, los que se guían por la sabiduría humana están más afanados en lo que los demás creyentes piensan de él, se hacen creer muy espirituales y metidos con Dios. Mas aquel que tiene la sabiduría de allá arriba, no le interesa el hombre, solamente Dios.

Nuestros afanes son frutos del enemigo. Tenemos que ser sabios. Hemos vivido mucho tiempo bajo la sabiduría del mundo pero Dios quiere que entremos bajo la sabiduría de lo alto. La vida no está hecha para que continuemos como estamos acostumbrados, fue hecha para convertirte en aquello que viene a continuación. Mientras vivamos bajo la sabiduría de este mundo, nuestra vida no tendrá cambio, lo que verdaderamente nos cambia es la sabiduría del cielo.

En la eternidad éramos espíritu, no había cambio, allá no teníamos problemas, estos empezaron cuando entramos en el tiempo. Cuando entramos en la línea del tiempo, empezó un proceso de cambio.

Génesis 1:14 (RV1960) “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.

Cada estación trae un cambio y si no tenemos la sabiduría de lo alto, seremos esclavos de los cambios y estos nos van a gobernar, mas los cambios no nos pueden dominar. Nosotros debemos gobernarlos.

Debemos tener control de los cambios y es por esto que nuestra función terrenal está sujeta a cambios, estaciones y temporadas. La creación del tiempo fue la fuente original del cambio. El problema más grande del creyente es que no entra en estos cambios.

Cuando nos convertimos a Cristo vivimos una etapa, pero no nos podemos quedar ahí, debemos cambiar, Dios nos presenta continuamente oportunidades para hacer el cambio, pero nuestra sabiduría humana se niega a hacer ese cambio.

Con la sabiduría humana nunca veremos el verdadero propósito que Dios puso en nosotros. Cada día que venimos a la iglesia, cada miércoles y cada domingo, Dios nos presenta oportunidades para cambiar pero no las aceptamos.

La primavera no es igual al verano, ni el otoño que el invierno. Hasta los árboles se preparan para los cambios que tendrán pero nosotros no lo hacemos. Muchos de los cambios que vivimos son perpetrados por otras personas, y aún así los sufrimos. Adán cometió un error y hoy en día todos lo sufrimos. Las maldiciones generacionales producen cambio en nosotros, que nos obligan a salir y hacer otro cambio.

Mientras sigamos con la sabiduría humana no vamos a entender el proceso que estamos viviendo en cada estación. Y nuestro problema está en que creemos que la iglesia nos va a resolver todo. La Iglesia nos presenta el tren de los cambios en el que en cada estación debemos tomar el que nos traiga el cambio que necesitamos.

La Iglesia no te obligará a subirte en el tren del cambio. Tú tienes que decidirlo.

No tienes que esperar a que llegue la crisis para salir de esa estación. No nos damos cuenta que tenemos toda la autoridad para hacer el cambio.¡Tenemos que decidir hacer el cambio de temporada para que nuestros hijos no vivan lo mismo que nosotros!

La esclavitud del mundo nos hace ser egoístas y pensar solamente en nosotros. La crisis es señal de que Dios nos tiene otra estación, la crisis no es para matarnos, es para que nos levantemos y vayamos a la siguiente estación. 

En medio de la crisis vivimos quejándonos cuando el propósito de ésta es levantarnos y anunciarnos que nos espera un viento nuevo. La crisis es para decirnos que donde estamos no es el lugar porque hay un lugar mayor y mejor para nosotros.

¡Levántate y declara que a partir de este día, tu crisis se va!

David quería hacerle templo al Señor pero este le dijo que Salomón lo haría y no él. David estuvo en paz porque sabía que Dios había escogido a su hijo. ¿Cuándo haremos como Salomón que pidió sabiduría?

Estás como estás porque aquí dentro de la iglesia sigues viviendo con las mismas espuelas con las que solías hacerlo antes de llegar a los pies de Cristo y no te decides a soltarlas. No puedes pretender querer cosas y conseguirlas de la misma manera que hacías allá fuera.

Todo el propósito y las actividades de Dios que se tienen que cumplir en el tiempo Cronos conforme a sucesos secuenciales requieren de un cambio. Todo el propósito de Dios en nuestra vida está conformado en diferentes estaciones y temporadas. Cada estación tiene su propio proceso.

No tratemos de brincar el proceso, si lo hacemos, en el próximo estaremos muy confundidos. Nuestra oración deberá ser no que le pidamos a Dios que nos quite lo que nos está pasando sino más bien, nos dé la sabiduría la y la fuerza para pasarlo.

Tenemos que hacer que el proceso que vivamos nos dé gozo, carácter y fortaleza y tenemos que hacerlo con el convencimiento de que lo que nos viene es mucho mayor que lo que estamos dejando.

En cada estación que vivimos Dios nos da un tiempo para que valoremos donde estamos. No hay un cambio de etapa, si antes no hay un entendimiento de gratitud por lo que pasaste.

Por eso, vemos muchas personas que en una etapa nueva siguen añorando las cosas de la etapa pasada. Antes de venir a Cristo, todos vivimos diferentes temporadas pero ahora con Cristo, debemos romper con los efectos que produjeron esas temporadas, y si no lo hacemos tendremos problemas en la temporada actual.

Nuestras actitudes y decisiones no pueden ser las mismas que las de allá fuera. Todo aquello que nos produjeron las temporadas pasadas, aquí en la iglesia empiezan a aflorar.

El pueblo hebreo nunca cambió, siempre se mantuvo recordando su etapa en Egipto. Salieron millonarios e hicieron dioses como los egipcios. De la misma forma que vemos se mueren en las iglesias sin antes haber producido un cambio porque seguimos viviendo bajo los efectos de la temporada pasada.

Muchos están caminando en Cristo pero con un letrero que dice “No me olvido de ti”. Y si quieres saber si esto es cierto en tu vida, revisa tus actitudes frente a las cosas del mundo.

Satanás usa los despojos que tenemos de temporadas pasadas como punto de contacto en contra nuestra. Si no nos deshacemos de esos despojos, la nueva temporada que Dios tiene no produce nada en nosotros. Tú y yo le damos derecho a satanás para que nos domine cuando permanecemos con ese punto de contacto.

Romanos 12:17-21 (RV1960) “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.  Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.  No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.

Estos versículos nos hablan de sacar lo que tenemos de otras temporadas. 

1 Pedro 1:18 (RV1960) “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata”.

Cada día más el enemigo somete a la iglesia llevándola a su terreno para que no crezca, ni avance ni se desarrolle. Nosotros somos la Iglesia. Toda la obra de la carne es terreno de satanás.

Gálatas 5:19-21 (RV1960) Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,  idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,  envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

Gálatas 6:7-10 (RV1960) “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Otra cosa que el diablo utiliza para desenfocarnos es el desánimo. La Iglesia está llena de desánimo, que no es más que un estado del alma que nos entristece, donde nos sentimos impotentes cuando llegan las dificultades creyendo que no vale la pena seguir adelante.

Números 21:4-5 (RV1960) “Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”.

El desánimo trae a nuestras vidas apatía y soledad. Cuando nos desanimamos de las cosas de Dios estamos a merced del diablo; desde que le damos la primera señal de desánimo, él nos lanza la primera tentación.

Después del desánimo viene la confusión, es la segunda arma de satanás. Y si estamos confundidos, no vamos a entender el propósito de Dios. Una vez que estamos desanimados y confundidos, vamos a entrar en la depresión. La depresión es un estado profundo de tristeza que viene acompañado de temor.

Este temor nos trae incapacidad y estando en este estado de depresión es difícil sobreponernos. La depresión causa que perdamos la visión que Dios nos ha dado, siendo lo único que nos sostiene.

La Iglesia está llena de personas confundidas y desilusionadas, aisladas. Cuando estamos aislados, no nos juntamos con nadie de la iglesia, y no queremos ni alabar o adorar a Dios, no queremos nada de Él. El diablo nos tiene e esta situación, y es por esto que no somos hacedores de la Palabra. Escuchamos una palabra revelada pero no podemos recibirla.

Suelta la sabiduría humana y busca la sabiduría de lo alto. La única que te hace entrar en la comunión e intimidad con el Padre es la sabiduría de lo alto.

Isaías 41:9-11 (RV1960) “Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.  No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.  Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra”.

No puedes permitir el aislamiento. Nos preocupamos porque con nuestra sabiduría humana queremos hacer justicia. En los momentos más críticos que he vivido, Dios me ha mandado a callar. Los dos hombres que más me han causado daño hoy están muertos y es que Dios es un Dios de justicia.

Si queremos que Dios nos haga justicia, tenemos que hacernos justos. Dios dice que aquellos que nos hacen contienda, Él los hará como nada. Si te atacan, te critican y difaman, hazte justo delante de Dios y deja que Él sea tu abogado.

Versículos 13-16 “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.  He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo”.

¿Sabes cuánto te afanas para conseguir un poco de dinero? Y no te postras unos minutos al día delante de Dios, aunque sabes que Él te lo puede dar todo. Muchas veces llegamos a hasta engañar con tal de no ir a Su presencia.

Los montes son los demonios y los problemas. ¡Cree en este día que tus problemas y crisis financiera se la lleva el viento hoy! ¡Enfrenta tus problemas con fe y pídele al Señor que envíe ese torbellino!

Haz esta oración:

En este momento Señor yo te entrego mi desánimo, te entrego mi confusión y pérdida de visión, yo te entrego la desorientación y la desesperación, y ahora mismo yo reconozco que estás conmigo y que eres Jehová de los Ejércitos, que levantarás ríos en las alturas de los collados y cosecha en el desierto. Declaro que en este momento cambio de temporada porque estoy cansado de lo mismo. ¡Quiero otra temporada y algo nuevo! ¡Hoy me sacudo y declaro que entro en la temporada donde haré de todo para el reino en el nombre de Jesús!

Espíritu Santo, me comprometo a sacar todos los despojos que he traído de las estaciones del mundo porque en todo este tiempo que he estado en Tu casa ha sido un punto de contacto con satanás, y por eso él me tiene controlado, pero hoy yo le ordeno que todo el pecado, la avaricia, la envidia y los celos, el adulterio, la fornicación, la pornografía y el sexo ilícito, todo pecado que mora en mí, hoy se va. ¡Quiero otra estación, y no del mundo, sino la que viene de lo alto, para hacer la diferencia en mi familia y en mis generaciones!

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