La verdadera riqueza radica en conocerlo y entenderlo en toda Su gloria


A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. 1 Timoteo 6: 17

Muchos piden riquezas, pero es para satisfacción propia, sin pensar en algún momento en las necesidades de los demás. Su único deseo es acumular riquezas para sí. Cualquiera que mira alguna de estas personas piensa que se sienten realizadas porque están llenas de oro, billetes, posesiones, pero no es así. Al contrario, viven atormentadas y angustiadas pensando que van a robarles, llegando al extremo de desconfiar hasta de sus propios hijos y esposos.

Da pena ver casos así porque esas personas no tienen vida, no saben disfrutar, viven encerradas y, aunque aparentan tenerlo todo, es una gran mentira. Están bajo una profunda tristeza al no tener en quién confiar. Lo peor es que han puesto su corazón en esas riquezas y se han apartado del verdadero camino que da el Señor, quien nos enseña a no amar las riquezas, sino al que las provee. Él a la vez nos guarda para no caer en ostentación, sino en humildad, reconociendo que todo viene del Cielo por Su gracia y Su favor.

Que nunca nuestro corazón se aparte, porque la verdadera riqueza radica en conocerlo y entenderlo en toda Su gloria.

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