Los que oran de verdad y los que oran por necesidad

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Daniel 9: 23

Si nosotros entendiéramos que nuestra vida de oración acumula depósitos en los Cielos, oraríamos todos los días sin esperar una situación difícil para hacerlo. Lamentablemente no tenemos vida de oración; por eso se nos hace tan difícil recibir respuesta cuando la necesitamos. El que ora tiene muchas horas acumuladas en los Cielos, y esto le asegura el respaldo en todas sus oraciones porque ya es conocido en la presencia de Dios por el incienso que día a día perfuma los Cielos.

La atmósfera divina no desciende cuando presionamos; ésta se manifiesta cuando alguien que es muy conocido por su intensa comunión levanta su voz y clama. Inmediatamente los Cielos responden trayendo dicha atmósfera a su vida, que no es más que la presencia de Dios.

Nuestra vida de oración tiene que cambiar, sabiendo que los Cielos descenderán cuando oigan el sonido de nuestra voz. Daniel levantó su voz y de inmediato el ángel vino a socorrerlo. Le dijo: Daniel, eres muy amado, por eso he venido para ayudarte ¿Cuántos necesitamos una respuesta tan inmediata? Todos. Pero ¿cuántos somos como Daniel que oraba todos los días? Pocos. Esto hace la diferencia entre los que oran de verdad y los que oran por necesidad.

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