“Los procesos te llevan a tu llamado.  Mensaje de la Profeta Montserrat Bogaert”

Lunes, 23 de abril de 2018 

“Los procesos te llevan a tu llamado.  Mensaje de la Profeta Montserrat Bogaert” 

Nosotros, todos, como creyentes anhelamos un cambio, y esto es lo que debemos hacer, todos los que hemos llegado a los pies del Señor. No conformarnos y más bien, desarrollarnos en todo, para alcanzar el propósito y el llamado en Cristo Jesús.

Cuando no anhelamos el cambio, por una serie de condiciones, tenemos que revisarnos de por qué no queremos ese cambio y esa transformación. Todo cambio y toda transformación están sujetos a procesos.

Muchos de nosotros no obtenemos esos cambios porque estamos evitando el proceso. Desde que llegamos hasta que partimos con el Señor, nuestra vida estará llena de procesos. Los procesos son obligatorios. Aquellos que corren de los proceso, están corriendo también de su propósito y su llamado.

Cuando trabajaba, recuerdo que hacíamos viajes para ver la elaboración y el proceso para la obtención de un producto, desde el principio hasta el fin. Una vez, visitamos una industria que hacía jugos y vimos cómo las naranjas eran colocadas en un balde y luego eran seleccionadas por una máquina, y eran puestas en 2 lugares diferentes, el supervisor nos explicaba que algunas eran rechazadas porque no cumplían con los requisitos. Esto se hacía de modo, que las naranjas mallugadas no formaban parte del producto final, del jugo que usted y yo consumimos. Si este proceso de selección no se hiciera, lo que ocurriría es que dejaríamos de consumir el jugo porque nos daríamos cuenta al probarlo que sabe mal.

Si la empresa, por el contrario, decidiere no hacer la selección y usar las naranjas dañadas, con el objetivo de ahorrar dinero, al final iría a la quiebra. La selección se hace para continuar con el siguiente proceso, porque incluso si la etiqueta está torcida, el producto es rechazado, porque todo debe quedar perfecto para llegar al consumidor final. En todos los ámbitos vemos que el proceso es necesario, sin embargo, nosotros, los ´angelitos´ aquí en la iglesia, no lo queremos.

Hoy más que nunca, la Iglesia necesita la escuela del profeta Elías, él tenía una escuela para enseñar cómo se lleva la unción y cómo podemos caminar en nuestro llamado. El profeta Elías no pasaba pañitos de agua tibia ni era condescendiente, porque él sabía que cuando llegara el momento de llegar a una determinada estatura podías dañar un pueblo completo. Porque cuando evitas un proceso, el daño no es para ti solamente, es también para los demás a tu alrededor que vas a ministrar, por esto Dios es tan exigente. Si evitas un proceso y cargas con algo que aún no ha sido moldeado por Dios, puede destruir una iglesia y una nación. Y el primero que está para procesarnos es Dios, quien procesó a todos Sus hombres. Lo vemos desde Génesis hasta Apocalipsis, y el que lo evitó, salió, quedó borrado, porque Dios no trabaja con el que evade los procesos.

Los valientes están dispuestos a aceptar el proceso y a que les arranquen el pellejo y les quiten todo para verdaderamente hacer la obra de Dios.

Es por esto, que hoy la Iglesia debe ponerse como estaba Elías, porque si él hoy estuviera aquí, estoy segura todos saldrían, no aguantarían la escuela. Se necesitan buenos maestros que nos enseñen y nos discipulen hasta llegar y nos desviarnos en el camino.

Necesitamos aquellos que estén dispuestos a pasar por los lados más tenebrosos, pero igual pasar por ellos, porque saben que tienen que hacerlo. Hay personas, por ejemplo, que dicen que no quieren determinado empleo porque tendrán más responsabilidades, y yo te dio que junto a esas responsabilidades, viene una mejor posición y un mayor desarrollo. Siempre hay personas en lo terrenal huyendo de los compromisos.

Y los procesos vienen a enseñarnos el precio de la responsabilidad.

Dios le dijo a Elías que tenía que preparar a alguien para que recibiera el manto que dejaría. La vida del profeta no es sencilla, tiene que tener ojos de águila para reconocer dónde está el potencial y dónde está lo que no le permite desarrollarse para luchar contra eso.

1 Reyes 19:19 (RV1960) “Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto”.

Eliseo estaba trabajando cuando Elías lo encontró. A Dios no le gustan los vagos. Debemos buscar a quienes trabajan, no aquellos que lo rehúsan ni ponen excusas, busquemos a los que verdaderamente trabajan. Las yuntas de hoy son los tractores y en eso estaba trabajando Eliseo. Eliseo era adinerado, con bueyes, un agricultor, no era cualquier persona; no era un don nadie, parado en una esquina, esperando que le ofrecieran algo.

Eliseo nunca antes había tenido experiencia con lo divino, la tenía con los fertilizantes y los frutos que daba el campo, pero no conocía un manto espiritual.

Cuando el profeta Elías vio a Eliseo, el Señor le dijo que era él a quien debía tirarle el manto, y mostrarle lo que era la unción y demostrarle el poder de Dios. Un contacto con la unción transforma una nación y transforma familias.

Antes, todos los profetas andaban con su manto, el manto tipifica la unción. Cuando Eliseo recibió el manto, lo agarró de inmediato y no dudó ni un instante, lo dejó todo, y solamente pidió despedirse de su padre y de su madre, reconoció que lo que estaba recibiendo nunca lo recibiría de los bueyes que tenía. Eliseo no negoció con el manto.

A Eliseo no le importaron los bueyes, más le importó no dejar al profeta ni perder el manto. Hoy hay muchas personas perdiendo el tiempo, entretenidas en lo natural, a quienes llamas, y para responder, tienen que empezar a ayunar y pasan los días y de quienes aún no obtienes respuesta.

En Eliseo también vemos honra, porque pensó en sus padres y no en los bueyes. Dios consideró a alguien integro, pues eran pruebas que se le estaban presentando.

Versículos 20-21 (RV1960) “Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?  Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía”.

En este pasaje, Elías prueba a Eliseo para ver su respuesta, para ver hasta dónde llegaba. Muchas veces nosotros probamos hasta ver dónde ustedes llegan; y en esa prueba salen reprobados. Eliseo por un lado, sacrificó dos bueyes y dio de comer a los suyos, él tenía un don de servicio y humildad. Eliseo prefirió dar de comer a sus padres antes de partir, no era un inconsciente; porque el que hace en la iglesia, también hace en la casa. No se pueden tener dos personalidades diferentes, lo que haces aquí tienes que hacerlo en tu casa y en el trabajo.

La palabra servir en el hebreo es sharat y significa atender como un servicio servil; literalmente significa verter agua, un servidor iba al pozo cuantas veces fuese necesario para llevar agua a su amo y que éste se lavase las manos. Tenemos que aprender a servir al hombre y a la mujer de Dios, aquellos que te han parido espiritualmente.

Para Eliseo, la escuela no fue fácil, tuvo que sacar de él todo lo que se oponía. Toda rebelión salió en la servidumbre, porque hasta que no sirves, no sale lo que está dentro de ti; esto sale cuando empiezas a servir, no para tus deseos, sino para los del otro. Una sola queja hubiese impedido su llamado. Cuando servimos, debemos hacerlo por amor, y cuando así lo hacemos aceptamos el sacrificio.

Ahora vivimos en una era tecnológica donde todo se resuelve rápido, pero en la escuela del profeta Elías, nada se resolvía rápido, porque todo se resuelve a su tiempo. Eliseo dejó los bueyes y los discípulos dejaron las redes para ir tras Jesús.

Mateo 4:20 (RV1960) “Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron”.

¿Por qué luchas en lo terrenal e insistes en arraigarte a lo carnal? ¿Por qué pelea tu alma con tu espíritu? Más bien deja que tu espíritu gane la batalla.

2 Reyes 2: 1-2 (RV1960) “Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal. Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el”.

Gilgal significa la circuncisión, este fue el lugar donde el pueblo de Israel se circuncidó. Podemos ver que Elías no solamente le estaba enseñando a Eliseo, él también se estaba preparando, circuncidando su corazón, porque sabía que podía perder lo que Dios tenía para él, que se lo llevara en un torbellino con los carros de fuego.

Elías tenía que ir a ese lugar y revisar su corazón y le enseñó a Eliseo, que como líder tenía que revisar su corazón, y ver si en él había amargura, odio, resentimiento, dolor.

No conocemos las tantas veces que Elías pudo haberle dicho tantas cosas a Eliseo, pero a todo, éste respondió con un amén para su amo, nunca se sublevó ni se reveló; Eliseo sabía que no podía volver, quemó los bueyes y lo hizo en un reconocimiento de que lo natural podía quemarse, más lo divino nunca.

Y nosotros corremos para no ir a Gilgal, nos decimos que todo está bien y no queremos abrir nuestro corazón. Elías le dijo que Gilgal era transitorio, muchos nos quedamos demasiado tiempo en ese lugar evaluando nuestro corazón, porque no quieren perdonar ni reconocer cuando fallaron.

Elías fue circuncidado y Dios lo estaba llamando hacia otro lugar. Eliseo aprendió que si no trabajaba su corazón tenía que quedarse en ese lugar, porque hasta que no lo hiciera, no iba a avanzar. La respuesta de Eliseo fue inmediata, dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Entendemos que se dijo a sí mismo, que si lo que necesitaba era perdonar y sacar todo lo que había en su corazón, así lo haría, que si tenía que perdonar a Elías por todas las veces que subió a buscarle agua aunque después éste dijera que ya no necesitaba el agua, lo haría 70 veces siete. Eliseo quería continuar, mientras que hoy hay líderes que no están dispuestos a hacerlo, quedándose paralizados en el mismo lugar y queriendo hacer las cosas como quieren.

Si Eliseo escogía mal y perdía al profeta en ese momento, lo perdería todo. Necesitamos sanar nuestro corazón para ser promovidos. Para que el Señor te use, tienes que arreglar tu corazón. ¡Circuncidemos el prepucio de nuestro corazón!

Una persona madura y otra inmadura espiritualmente se distinguen por el tiempo de recuperación. El maduro se recupera rápidamente porque sabe que no puede perder ninguna oportunidad. Tenemos que ser valientes para reconocer lo que nos está dañando.

Cuando Jacob le compró la primogenitura a Esaú, salió huyendo y puso su cabeza sobre una piedra donde tuvo un sueño, viendo una escalera que tocaba el cielo y en ella había ángeles que subían y bajaban.

Génesis 28:11-13 (RV1960) “Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.  Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia”.

Cuando tienes un encuentro con Dios, tu naturaleza cambia.

Después de circuncidar tu corazón, necesitas de un encuentro con Dios para mantenerlo limpio. Todo líder tiene encuentro con Dios, sin ellos, no se puede continuar. Cuántos líderes vemos que quieren disfrutar de los beneficios, pero no pueden siquiera orar o llevar una vida de ayuno. Y si es así, no pasarán de curso.

Todo proceso nos habilita en la parte espiritual. Mientras más proceso pasas, más te habla Dios y más te dice en todo aquello a lo que debes morir. Necesitamos ser humildes y tener un espíritu dócil y enseñable. Si al caballo no se le pone el bozal, no se puede adiestrar ni montar.

Si no nos sometemos a nuestra autoridad terrenal, tampoco nos someteremos a Dios.

¿Cómo Dios nos va a hablar, si no tenemos encuentros con Él? Y nos fastidia la oración. Si Eliseo se hubiese retrasado, no hubiese sido el profeta que realizó el doble de milagros de Elías. Eliseo se le aventajó en todo.

Nosotros al igual que Eliseo debemos responder dejando atrás todo lo terrenal, y decidir nunca más volver atrás. Cuando evadimos lo espiritual es porque la carne está activada al cien por ciento.

Una segunda vez los profetas le hablan a Eliseo, porque ellos lo sabían, como profetas las cosas nos son reveladas. Como dice la Palabra: Nada pasa hasta que no se revela a los profetas.

Lo primero que debemos hacer es conquistar nuestros propios muros, los de incredulidad. Debemos pedirle al Señor que destruya nuestras fortalezas, y así como Josué derribó las de Jericó, nosotros debemos golpear hasta derribar las nuestras. Golpear todo lo que hay en nuestros pensamientos y en nuestro razonamiento. Una vez las fortalezas son derribadas, Dios puede empezar a usarnos.

Todo pensamiento que altere la palabra de Dios y nuestra obediencia debe ser llevado cautivo y derribado.

Elías vuelve a decir a Eliseo que se quede porque él debe ir al Jordán. Eliseo no se movió y pasó todos los procesos. Primero circuncidó su corazón, luego tuvo un encuentro con Dios, derribó sus fortalezas y por último debía ir al Jordán. Sin embargo Eliseo conocía el precio de la unción, la unción no podemos cualquierizarla.

El Jordán es un lugar de humillación; Dios le decía a Elías que para ascender al cielo debía estar humillado, saber que todo lo que hizo, sanidades y milagros no le correspondían, que no se gloriara porque la gloria es de Dios. Mientras mantenemos nuestra altivez, no podremos ser usados por Dios. Cuando recibimos un manto y un don, es para humillarnos, y no para enaltecernos. Un hombre por más poder y autoridad que tenga, debe mantenerse humillado.

Elías golpeó el Jordán con el manto, este descendió y Eliseo lo tomó, porque estaba preparado para hacer la obra.

Todos los hijos de los profetas estaban a la expectativa, se preguntaban si Eliseo renunciaría al proceso. Y al final, todos lo esperaban y ciertamente comprobaron que el espíritu de Elías estaba sobre él, y todos pusieron su rostro en tierra. Ellos reconocieron el manto que estaba sobre su vida. Ellos dijeron, antes le servíamos a Elías, ahora lo hacemos contigo. No había orgullo ni altivez. Había mansedumbre, gratitud y obediencia.

Así fue el nacimiento de un profeta que no evitó los procesos. El líder que no te hace pasar los procesos no es líder. Jesucristo es un líder porque nos hace pasar los procesos; el líder que te ama, te lleva al proceso. Eliseo pudo haberlo perdido todo, pero lo conquistó porque lo dispuso en su corazón. Así mismo lo que tú persigas, tus frutos lo hablarán.

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