Mirémonos como guerreros

Pues me has revestido de fuerzas para el combate. Salmos 18: 39

La lucha es constante. Cuando pensamos que todo ha terminado entonces empieza una nueva batalla. Por esa razón tenemos que prepararnos espiritualmente para poder hacerle la guerra al que nos hace la guerra, ya que esta no podemos enfrentarla con nuestras fuerzas sino con la de Él. Luego no podemos descuidarnos, sino estar listos, porque cualquier debilidad nos hace vulnerables ante lo que vamos a enfrentar.

Tenemos al mejor instructor para enseñarnos las estrategias de guerra y hacernos diestros en las armas que Él nos ha dado para hollar serpientes y escorpiones, dejando atrás los temores e inseguridades que no nos permiten creer que somos capaces de hacerles frente. Porque Dios no está buscando a los capacitados; Él busca a los necesitados que quieren ser entrenados en la batalla, quienes no duden de que somos soldados de Cristo y que pertenecemos al ejército más poderoso del mundo.

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