No abortes lo que Dios ha puesto en ti, cuídalo, protégelo hasta verlo nacer

Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia. Génesis 15: 5

Un embarazo trae mucho gozo y despierta un anhelo por ver la criatura, tomarla en los brazos y expresarle amor, siendo estos momentos inolvidables y perdurables para toda la vida.

No ha pasado ni un día desde su nacimiento y ya tenemos planes de cuando se sonría; cuando diga “Mamá”, “Papá”; cuando se le celebre su primer añito; su primer día en la escuela, su graduación, su compromiso y su boda. Acabando de nacer ya su vida está en nuestra mente. Sin darnos cuenta hacemos que el tiempo corra para ver esos hechos que nos motivan y nos impulsan a seguir. Ponemos atención especial para que tenga un sano crecimiento y que todas sus necesidades estén provistas. Queremos que él tenga lo que no tuvimos, y poder darle siempre lo mejor.

De la misma manera, Dios nos embaraza de Sus planes poniendo una semilla en nuestro interior, la cual nacerá y Él será glorificado. Dios, como nuestro Padre, tiene expectativas y espera que anhelemos ese nacimiento. Pero la realidad es otra, porque no damos valor al embarazo espiritual y dejamos que muera sin darle la mayor importancia. Él nos embaraza para ir a conquistar las naciones, para predicar Su Palabra, para sanar los enfermos, hacer proezas y manifestar Su poder. Por eso, Él necesita un vientre para hacer posibles Sus sueños.

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Dios habló a Abraham y le dijo: “Mira el cielo y cuentas las estrellas porque así será tu descendencia y serás padre de multitudes”. Él esperó 25 años creyendo que sería posible, y hoy nosotros somos parte de esa promesa sembrada en el corazón de un hombre de fe lleno de obediencia. No abortes lo que Dios ha puesto en ti, cuídalo, protégelo hasta verlo nacer.

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