No tenemos que esperar la prueba para saber si realmente estamos firmes


Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba! 2 Corintios 13: 5

No tenemos que esperar la prueba para saber si realmente estamos firmes. Antes de que suceda debemos examinarnos y preguntarnos una serie de cosas que confirman cuál es nuestro estado. Sería conveniente preguntarnos: si me quedo sin empleo, ¿seguiría amando al Señor de la misma manera?; si me quedo sin dinero, ¿no lo cuestionaría?; si me enfermo, ¿no perdería la fe?; si no tengo hijos, ¿no perdería el gozo?; si no me caso, ¿no me afectaría, en nada?

Si en cada una de ellas afirmamos como el apóstol Pablo cuando dijo que “nada me apartará de Él”, porque nada hay en los cielos ni en la tierra, ni en los mares, más grande que Él… Esto nos asegura nuestra reacción en medio de la prueba. Muchos confiesan una fidelidad tan grande y se jactan de decir lo que serían capaces de hacer por el gran amor que Le tienen, pero cuando son atacados por las diversas pruebas reniegan de quién es su Salvador, dándonos a demostrar que el amor que profesaban no era real sino condicional.

El que pasa la prueba es aquel que sabe que Cristo está con él en medio del dolor, la desesperación, la angustia, el temor; estos lo fortalecen para no fracasar, y aun renueva sus fuerzas para hacerles frente y demostrar que su amor es real.

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