Nuestra actitud debe ser la de un guerrero


Mis criadas y yo haremos también lo mismo, y después iré a ver al rey, aunque eso vaya contra la ley. Y si tengo que morir, moriré. Ester 4: 16

La actitud que asumamos frente a los ataques del enemigo será lo que decidirá si le ganamos o perdemos. Muchos nos quedamos rezagados, llenos de quejas y cuestionamientos que no nos permiten que actuemos con valentía. Es como si desconociéramos el poder de Dios y diéramos más credibilidad al poder de las tinieblas.

Asumimos una posición la cual no es digna de los hijos de Dios y de los que dicen conocerlo. Porque el que Lo conoce actúa sabiendo que nuestro socorro viene de lo alto y que Él no se apartará, dándonos la fuerza para vencer. Por eso, nuestra actitud debe ser la de un guerrero quien no teme a los ataques; al contrario, los enfrenta con valentía.

Ester asumió con valentía los ataques de Amán y lo enfrentó, hasta el punto que si tenía que morir, moriría. Pero no iba a quedarse de brazos cruzados; ella estaba dispuesta a todo por defender su pueblo.

No nos quedemos rezagados, porque de nosotros depende que la guerra se gane o se pierda. Hay muchos que dependen de nosotros y, si no enfrentamos dichos ataques, ellos sufrirán las consecuencias de nuestra cobardía.

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