“Quién controla tu voluntad.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 23 de julio de 2018

“Quién controla tu voluntad.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

1 Corintios 2:9-12 (RV1960) “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.  Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”.

Necesitamos al espíritu de Dios para saber lo que Dios nos ha dado y valorarlo. Necesitamos el Espíritu para hablar de Dios.

Versículos 13-14 “Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.  Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Estos versículos nos hablan de la importancia de que todo lo concerniente a Dios, debe de venir por revelación del Espíritu Santo y no por sabiduría de hombre. Dios nos ha dado Su espíritu para recibir las revelaciones. Tenemos que acomodar las cosas del espíritu con el espíritu.

No podemos pretender recibir algo de Dios estando en la carne. La Iglesia tiene que entender esto porque está sumergida en hacer cosas para Dios. En muchas cosas nos estamos distrayendo y desenfocando, en vez de enfocarnos en reavivar nuestro espíritu para que las cosas del Espíritu se puedan acomodar.

1 Corintios 3:16-17 (RV1960) “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

Nosotros destruimos el templo cuando nuestros pensamientos nos dominan y nos manejamos en la carne. Lo destruimos cuando metemos en nuestro cuerpo, celos y envidia, pornografía, adulterio y fornicación. Y la destrucción de Dios viene en forma de crisis y problemas.

Dios anda detrás nuestro para que cada día más busquemos Su santidad. Para esto es la Iglesia, no es para acomodarte, la Iglesia está para revelarnos que debemos entrar en un sistema de santidad. Nunca seremos santos, pero la intención de querer serlo, es lo que Dios le importa.

El interés de Dios es que aprendamos a ser hombres espirituales. Es en esta dimensión que Dios quiere usarnos. A Satanás no le interesa que seamos espirituales, él quiere que continuemos viviendo en la carne y desenfocados, en este lugar es donde nos gobierna y hace con nosotros lo que él quiere.

Satanás nos tiene tan controlados – cuando no somos espirituales – que decimos ser creyentes e hijos de Dios, viniendo al cuartel de Dios, y somos espías de Satanás. El diablo quiere que sigamos en esa condición porque es el punto de contacto que tiene con la iglesia.

Cuando en nuestra vida, lo espiritual se acomoda con las cosas del Espíritu, el disfraz de espía se empieza a caer. Hay muchos espías espirituales, se supone maduros, pero están en la iglesia deteniendo el avance del reino, es por esto que dice la Palabra: ´ay de aquel que hace caer a uno de mis pequeñuelos!´

Cuando somos chismosos y murmuramos, somos espías. El diablo no va a la iglesia, pero nos envía a nosotros. El diablo empieza a pasar trabajo cuando nosotros empezamos a hacer el cambio y a hacer la voluntad de Dios, cuando le decimos que no a lo que tenemos que decir no y si a lo que tenemos que decir sí.

Los espías comienzan a levantarse en tu contra pero no importa, porque más poderoso es el que está con nosotros que aquel que está en el mundo. Satanás no quiere que avancemos.

Efesios 6:12 (RV1960) “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

Cuando no crecemos espiritualmente creemos que el otro está en nuestra contra. ¿Cómo podemos luchar contra las huestes espirituales de maldad de las que habla este versículo, si vivimos dirigidos por la carne? Nosotros no podemos luchar si estamos en fornicación y viendo pornografía o robándonos el servicio de luz.

De la misma forma que Dios necesita un cuerpo para hacer Su propósito en la tierra, también Satanás lo necesita para lograr su objetivo. ¿Quién está usando tu cuerpo? Conforme sea tu testimonio, sabremos de quién es tu cuerpo. 

En el cielo no hay tristeza, depresión o soledad. El poder de las tinieblas ha distraído a la Iglesia y nos ha sumergido en un estado en el que solamente estamos enfocados en los problemas y en las necesidades, y aunque queremos luchar para salir de esta situación, no podemos porque Satanás mantiene un punto de contacto con nosotros y lo único que corta ese punto de contacto es el espíritu de Dios, y es a quien menos manifestamos.

Este punto de contacto con las tinieblas se dirige directamente a nuestra voluntad, al diablo no le interesa otra cosa, y es por esto que tiene nuestra voluntad doblegada. Nosotros se lo ponemos muy fácil a la voluntad, viene el deseo y sucumbimos ante él. El deseo nos sugiere y cedemos ante la voluntad.

Es imposible mezclar la voluntad del hombre con la obra de Dios.

Satanás va a usar muchos caminos para doblegar nuestra voluntad, usará los recuerdos, pensamientos y sentimientos. Lo mismo que estamos sufriendo nosotros, también lo sufrió Pablo.

Romanos 7:14-21 (RV1960) “Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado.  Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena.  Así que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí.  Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no.  Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico.  Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí.

Tenemos que aprender de Pablo, dejar de ser hipócritas y religiosos, ver nuestra condición y reconocerla, debemos reconocer que estamos pecando porque vivimos en la carne. Dios nos dice que cuando luchamos contra esto y somos fieles a Él, tenemos preparadas grandes cosas que ojo no ha visto ni oído ha escuchado.

La Palabra nos demuestra que estamos mal. Si no la leemos, nos creemos muy espirituales.

Versículos 22-25 “Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros.  ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?  Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado”.

Nuestro hombre interior es nuestro hombre espiritual. Tenemos que cansarnos y decirle al diablo: basta! Si Pablo lo hizo, nosotros también podemos hacerlo. Tenemos que decirle al diablo que ya nos cansamos de que nos domine y controle. Decirle al pecado: NO más, ya se acabó!

El primer afán de Dios con la iglesia es que la Palabra no nos enfrenta, nos quedamos igual después de ser confrontados.

En la cruz del calvario, con Cristo, es donde podemos cortar el punto de contacto con  Satanás y nuestra voluntad. Necesitamos la revelación de la muerte de Cristo para ser libres.

Cuando Jesús enseñó a Sus discípulos a orar, habló de la voluntad: “Padre nuestro que estás en los cielos, hágase tu voluntad…”

Juan 9:31 (RV1960) “Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a éste oye”.

No escuchamos la voz de Dios porque no hacemos Su voluntad.

Efesios 1:4-6 (RV1960) “… según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado”.

Colosenses 1:9 (RV1960) “Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual”.

Cuando hacemos la voluntad de Dios, Él nos hace sabios e inteligentes.

1 Tesalonicenses 4:3 (RV1960) “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual”.

La voluntad de Dios es que seamos santificados. El hacer Su voluntad nos mete en Su gracia y nos enseña a ser agradecidos.

1 Timoteo 1:1 (RV1960) “Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador…”

Dios es el que llama al ministerio. Hay muchos voluntarios y pocos los llamados.

Hebreos 10:36 (RV1960) “Porque tenéis necesidad de paciencia para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

Cuando entramos en la voluntad de Dios entramos en Sus promesas.

1 Juan 2:17 (RV1960) “Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

Permanecer fiel significa hacer la voluntad de Dios. Permanecer para siempre significa que eres salvo y con vida eterna. Y es por esto que Satanás no quiere soltarnos. Mi pregunta es… ¿la voluntad de quién vas a hacer ahora?

La voluntad dirige la vida de nuestra alma y carne. Satanás fue creado como espíritu para que tuviera comunión con Dios pero él falló; nosotros también fuimos creados con un espíritu para que tuviésemos esa comunión.

Hasta que el pecador no ha nacido de nuevo, no tiene lugar la regeneración del espíritu. Y cuando la regeneración ocurre es que nuestra alma y cuerpo obedecen al espíritu.

Dios no solamente regenera nuestro espíritu, sino que pone un espíritu nuevo en nosotros.

Ezequiel 36:26-27 (RV1960) “Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. ‘Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas”.

Dios pone este nuevo espíritu para que vivamos conforme al espíritu. Tenemos que crucificar la carne.

Gálatas 5:24-25 (RV1960) “Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Tenemos que someter los deseos de la carne para poder entrar en el espíritu.

Efesios 4:30 (RV1960) “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por[t]el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

Automáticamente le entregamos nuestra vida a Dios, somos sellados por Su santo espíritu. No podemos decir que somos cristianos si Satanás sigue jugando con nuestra voluntad.

Tu obediencia me dice a mí a merced de quién está tu voluntad. La obediencia al Espíritu Santo nos convierte en creyentes espirituales. La fe en Cristo nos convierte en creyentes regenerados.

Cuando soy regenerado, ya no soy lo que era antes. Si hoy siendo cristiano, continuo haciendo las mismas cosas de antes de conocerlo, entonces no soy regenerado, y mucho menos obediente al Espíritu.

No se obedece al Espíritu hasta que la regeneración sea genuina.

El trabajo del Espíritu Santo es hacernos imagen y semejanza de Dios, hacernos modelo de Él en la tierra y Sus representantes.

¿Para qué queremos al Espíritu Santo? ¿Para que los demás caigan rendidos a nuestros pies?

El calvario está primero que el pentecostés. Primero vino la cruz y la muerte, luego llegó el pentecostés. Tenemos que aprender a morir y a crucificar, es por esto que nuestra voluntad está doblegada.

¿Quieres ser un hombre espiritual? ¿Quieres las promesas de Dios para tu vida? ¿Quieres sabiduría e inteligencia? ¿Quieres ser salvo y tener vida eterna? Ve a la cruz.

En cada estación que te detengas a crucificar algo, en esa misma estación está el génesis del Espíritu Santo para darte fuerzas y vencer aquello que crucificaste. La gente quiere todo fácil.

El hombre espiritual no nace en la iglesia, mas bien se regenera en la iglesia. El hombre espiritual nace en la cruz. La cruz es el encuentro genuino contigo y con Dios. El Espíritu Santo trabaja con el hombre en su interior, el diablo lo hace en el exterior.

El punto de contacto con el enemigo es nuestra voluntad. Cada sugerencia del enemigo va acorde con nuestra concupiscencia.

¿Cuándo empezaremos a decir no a lo que tenemos que decir no y sí a lo que tenemos que decir sí? Tenemos que reprender y echar fuera los deseos y pensamientos que buscan dominarnos.

Hay muchos no que damos como respuesta que nos bendicen. Dios nos da una garantía cuando entramos en Su voluntad.

Oración: Te pido Señor, ser regenerado, porque lo he intentado y no he podido, porque el enemigo tiene tomada mi voluntad, y en este tiempo te pido por la fuerza para desligarme de ese punto de contacto que él tiene conmigo, también te pido ser fuerte, sincero y honesto como lo fue Pablo, que reconoció que era carne de pecado y que el problema estaba en él y quien le pidió a Dios que le revelara a Jesucristo y que por medio de Él rompió con el cordón que lo ataba a Satanás. Estoy cansado, harto de hacer la voluntad del enemigo y de que me controle, pero a partir de hoy hago un esfuerzo y le pido al Espíritu Santo que me ayude a soltar mi voluntad y a hacer la Suya. Gracias, Espíritu Santo, porque en esta noche soy regenerado. Te pido perdón por todos mis pecados y por no haber hecho tu voluntad pero hoy sé que tu espíritu me levanta a otro nivel para ser un hombre espiritual y gracias porque en esta noche me libero y me desligo de todo punto de contacto con las tinieblas. Proféticamente, tomo la espada de la Palabra que he recibido hoy y  corto lo que me tenía conectado con el enemigo…. ¡lo corto en el nombre de Jesús!

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