Sal a explorar la tierra

Haré una excepción con Caleb, hijo de Jefuné; él sí la verá, y a él y a sus descendientes les daré la tierra donde pongan el pie, por haber seguido con toda fidelidad al Señor. Deuteronomio 1: 36

Dios conoce nuestro corazón y sabe de antemano lo que somos capaces de hacer. Él sabe dónde están nuestras fuerzas y dónde reposa nuestra debilidad; al contrario de nosotros, que desconocemos quiénes somos. Por eso, cuando Dios nos envía a explorar nuevas tierras para que las conquistemos no sabemos cómo vamos a reaccionar.

Esta conquista puede ser un nuevo trabajo, expandir el negocio, cambiarnos de casa, comprar un inmueble, mudarnos a otro país, otra función en el ministerio, etc. Todo esto nos llena de expectativas, pero cuando salimos a reconocer el territorio que Él señaló, nos encontramos con situaciones no esperadas que no sabemos cómo manejar. Esto hace que todo el gozo desaparezca y nos llenemos de duda y temor.

Se nos olvida que Él nos envió y que Él nos respalda. Por eso, perdemos tantas bendiciones al ver los obstáculos más grandes que Dios, y esto hace que desistamos de pelear contra los gigantes que se oponen a las mismas.

Cuando Dios nos da algo tenemos que saber que es nuestro y de nadie más. Por eso Caleb fue recompensado, porque no se dejó intimidar sino que creyó. Si Dios te ha hablado, no dudes, sal a explorar la tierra y, cuando la veas, mira a los gigantes como langostas porque esa tierra es tuya.

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