Somos libres

Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. Gálatas 5: 1.

Nuestros padres, en ignorancia, caminaron fuera de la voluntad de Dios, haciéndose esclavos del pecado, y nos lo dejaron como herencia. Pero nuestro legado no es seguir en esos caminos, sino tomar el sacrificio de Cristo en la cruz, el cual nos liberó de todo yugo.

Nuestra vida empieza a tener sentido desde el mismo momento cuando confesamos a Cristo en nuestro corazón, conscientes de que Él fue el Cordero que se sacrificó para rescatarnos de la maldición. Este rescate no fue con oro ni plata, sino con Su sangre, la cual abolió los decretos en contra de nosotros, resultados de las acciones de nuestros antepasados.

No debemos admitir ni tolerar algo fuera de Su voluntad. Valoremos cada gota de sangre como testimonio de que tenemos una herencia incorruptible, y que nada nos hará volver por los caminos de maldición e iniquidad donde ellos anduvieron. Edifiquemos nuestras generaciones en el nuevo pacto, declarando que somos libres del pecado y que jamás se apartará de nuestro corazón Su ofrenda de sacrificio. Levantémonos en fe a romper todo yugo de esclavitud, declarando en alta voz que “Somos libres en el nombre de Jesús”.

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