Tenemos que luchar ardientemente por la fe


Me ha sido necesario escribiros para exhortaros a que contendáis ardientemente por la fe… Judas 1: 3

La fe tiene que sustentarse en la Palabra de Dios para que podamos estar firmes, resistir las asechanzas del enemigo y no perder la corona de vida.

Situaciones difíciles tenemos que afrontar todos los días, como olas cuando golpean las rocas que, al paso del tiempo, van desgastándose hasta convertirse en arena. La enorme roca dejó de ser roca por las fuertes embestidas que recibía día tras día. No tenía alternativa porque no podía defenderse y, al final, las aguas cumplieron su propósito: la destruyeron.

Los problemas nos desgastan, nos enferman y hasta nos destruyen, haciéndonos perder todo. Son tan fuertes los golpes que pocas veces recuperamos lo que perdimos, porque la fe que teníamos era tan frágil que no pudo mantenerse.

Tenemos que luchar ardientemente por la fe que Jesucristo nos ha dado, no dudando sino creyendo que al que pelea y se defiende en Su Nombre no pueden destruirlo; porque Él se ha puesto como defensa alrededor de nosotros para que nada que quiera golpearnos pueda destruirnos.

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