“Tú Tienes una Promesa. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 31 de octubre de 2016

“Tú Tienes una Promesa.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Números 14:11 / 21-23 dice:

Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?”.

Aquí vemos la importancia que Dios da al bendecir sus hijos. Vemos como Dios se muestra y se presenta ante sus hijos y cómo se manifiesta en todo tipo de condiciones; cada vez que lo hace es para relacionarse con sus hijos, es siempre una forma de hablar con Su pueblo. Dios siempre busca la forma de relacionarse con su pueblo pero nosotros debemos estar prestos para saber y escuchar Su voz.

Versículos. 21-23 Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá”.

Esto no es más, que cuando no eres obediente a Dios y a Su palabra, no serás partícipe de esa gloria.

Estamos acostumbrados a querer oír la voz de Dios de una manera natural, más Dios tiene multitud de formas de hablarnos, puede hacerlo a través de ángeles, por medio de una visión, de un sueño, a través de alguna profecía, milagro, prodigios y también por medio de una sanidad. En estos versículos podemos ver el interés de Dios de hablarnos, también vemos lo radical de Dios cuando no le obedecemos, es importante que entendamos lo radical de Él cuando dice: “No verás la tierra prometida”, y en este tiempo, esto significa que no viviremos en  la vida de Su gloria.

Dios dice que el pueblo hebreo lo había irritado 10 veces y la única forma de irritar a Dios, es con la desobediencia. Su gloria es la tierra que debes disfrutar, esta gloria se refiere a no vivir en escasez, no vivir en lo suficiente, es más bien, vivir en lo sobreabundante de Dios en todos los sentidos, tanto desde el punto de vista natural, como el espiritual, esto es lo que Dios pretende.

Antes de Dios entregarte una promesa siempre va a querer que cambies algo, eso será siempre, y esto es para que puedas recibir las promesas predestinadas que Él tiene para ti. Tu mente salió de la predestinación de Dios y entró en tu propia condición y al entrar tu mente, en tu propia condición, automáticamente las promesas de Dios dieron un giro y un cambio y por eso necesitas volver y prepararte para poder recibir cada una de esas promesas. La individualidad y la independencia del hombre cancelaron automáticamente el canal de las promesas predestinadas de Dios.

La Palabra dice que la tierra está llena de Su gloria, sin embargo, a nosotros se nos hace difícil manifestar Su gloria y es que en el pecado original se canceló el conducto que había para que esas promesas predestinadas, desde antes de la fundación del mundo, llegaran a nosotros. Entonces, Dios tiene esas promesas, pero nosotros no podemos recibirlas por el nivel en el que estamos, porque lo que estás viviendo ahora en el presente, no es tu presente, todo lo que ahora estás viviendo, va a depender de las amarras que tienes con el pasado. El presente que estamos viviendo es siempre el resultado de unas amarras que tenemos del pasado.

El presente que vivimos es real para nosotros e irreal para Dios poder soltar Sus promesas, Dios siempre te hará pasar por un proceso antes de soltarte una promesa.

El pueblo hebreo tenía una promesa de una tierra que se llamaba Canaán, y en este tiempo, nuestro Canaán, no es una tierra, nuestro Canaán es la gloria de Dios que esta sobre la tierra, es por esto que la palabra dice que la naturaleza está gimiendo por ver la manifestación  de los hijos de Dios. Ese es nuestro Canaán, y tu vas a recibirlo cuando conozcas cuál es tu propósito y entres en el, cuando conoces tu propósito, ya estás empezando a entrar en ese Canaán, es cuando te gozas con todo lo que haces y nada te hace falta. Tu Canaán es algo tan especial de Dios para ti, que Él condiciona tu alma, tu mente y tu espíritu para que en el proceso de desarrollo de tu Canaán – de tu propósito – aunque veas que no tienes lo que quieres, Dios te da la paz para que esperes por la promesa que Él tiene para ti.

En el desierto Dios nos provee y nos respalda para que podamos depender de Él y para que aprendamos a desarrollar la habilidad de esperar por nuestra promesa, es por esto, que un desierto no es un fastidio de Dios, un desierto en cualquiera que sea el área, es una escuela, es tu universidad, en ese desierto, sin importar los pensamientos que tengas, solo gózate, porque estas en un lugar para sacar honores, vas en busca de cambiar tu presente para soltar las amarras, el desierto es para soltar las amarras del pasado. No puedes estar conforme con tu presente.

En el desierto, Dios proveyó de todo al pueblo hebreo, las ropas y los zapatos crecían junto con sus cuerpos, en el desierto que estas, nunca te has sentado a una mesa con un plato vacio, Dios te pone algo en el plato. Dios te mete en la escuela del desierto y Él mismo paga y provee por esa escuela, no en abundancia, pero si lo suficiente, para que cambies y valores lo que tienes porque tu Canaán vale tanto para Dios que Él quiere que seas un buen mayordomo cuando lo recibas. Dios me dijo: “Por más grande que sea el desierto, nunca se acercará a lo grande de la promesa”.

Las promesas que tenemos de Dios no son tierra física, la promesa es Su gloria, que es Su esencia, Su presencia, es Su imagen y semejanza activadas en ti, como era Él.

¿Crees tú que tu desierto es tan grande que no lo puedes pasar cambiando tu mente, para recibir la manifestación de Su gloria? ¿De que están hechas las amarras que sostienen nuestro presente? Escuchas la palabra, ves a Dios actuando en multitud de formas, y no eres capaz de entender que Dios está detrás de ti y es tan grande que no le importa cuánto lo ignores o lo ofendas, aun así, Él te da la salvación, pero no te da la manifestación de Su gloria aquí en la tierra, es por esto, que tu tierra de vida siempre ha sido árida; puede que seas salvo, pero estas viviendo como el lagarto, boquiabierto, comiendo polvo en el desierto, anhelando beber agua y tienes la fuente de agua de vida delante de ti, mas no eres capaz de verla.

Antes de entrar en la promesa, Dios espera ver algunos cambios, Él espera que respondas de una nueva manera, Él espera que le muestres que ya tu responsabilidad en el desierto ha sido preparada para recibir lo que Dios tiene, esto es lo que Dios espera, no tus quejas y lamentaciones, Dios conoce lo que estas pasando pero a Él no le interesa tu condición, Él quiere una pizca, una muestra, de que estas empezando a ser responsable para lo que viene, que para ese nuevo nivel y bendición que vienen, tu vas a ser un buen mayordomo.

Porque si no estás preparado y no eres buen mayordomo al momento de Dios entregarte tu tierra prometida y al momento de manifestar Su gloria, harás más daño que quedándote en el desierto; la gloria de Dios en un inmaduro irresponsable hace más daño, por eso vemos tanta gente vendiendo los milagros y las sanidades, y Dios no está ahí. El desierto no es más que para prepararnos para la promesa que viene.

La liberación no es libertad. Moisés libertó al pueblo hebreo y no eran libres, su mentalidad estaba esclavizada, por eso Dios tuvo que meterlos en la escuela y en esa escuela, en vez de aprender a ser responsables, se quejaban de Dios y de Moisés – lo mismo que pasa ahora – tenían las amarras tan amarradas que en el presente, aunque veían a Dios abrir el mar y que de la roca salía agua, aunque veían el mana caer del cielo y tenían la sombra de Dios que los protegía durante el día y la columna de fuego durante la noche, aunque no les faltaba nada, no lograban madurar porque sus amarras del presente no permitían que vieran la comunicación de Dios con Su pueblo; 40 años en el desierto y vivieron un presente que no era real, libres físicamente pero esclavizados en sus mentes.

Así estamos en este tiempo, tenemos libertad de culto y somos tan libres que hemos entrado en el libertinaje, en aquel tiempo, Dios dijo del pueblo hebreo, que lo había irritado 10 veces, en este tiempo, con nosotros, Dios dice que ya perdió la cuenta, porque hoy, vivimos cada día mas, esclavizados de la mente. El milagro más grande del mundo, no son los milagros y sanidades que vemos, el milagro más grande es el de cambiarle la mente al hombre; Lázaro murió y fue resucitado y jamás se volvió a hablar de él; usted puede resucitar a un muerto y ver ese milagro y si su mente no resucitó también, usted pierde, y esto, aunque haya nacido de nuevo a una vida física. El bisturí que necesitamos es para la mente, no para el cuerpo, es un bisturí para cortar todas las amarras de la mente, los pensamientos y actitudes que nos tienen amarrados, esos que nos están haciendo vivir un presente fuera de Su gloria.

Dios le dijo a Moisés que su pueblo era rebelde, que no habían cambiado, y que por no cambiar, permanecieron en el desierto, murmurando, porque no habían pasado la prueba que los llevaría a la promesa.

Josué 5:4-6 dice:

“Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado. Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”.

Yo siempre me pregunté y hasta juzgué a Moisés porque Dios le había dicho de circuncidar a todo el pueblo y Moisés solo circuncidó la primera generación, olvidándose de la segunda; y vemos que lo mismo está pasando ahora, en la Iglesia, tenemos un pueblo guerrero, circuncidado ya, pero que no es obediente. Fue Dios quien no permitió que Moisés circuncidara la segunda generación, porque de haberlo hecho, la misma desobediencia de los viejos hubiera sido transferida a la nueva generación; así que no fue que Moisés se olvidó, fue que Dios los protegió.

En este tiempo, Dios está protegiendo a los que están allá fuera, a quienes Dios no traerá a la Iglesia, hasta que los viejos, que están aquí dentro, desobedientes, salgan volando y empiecen a morir, porque es que las mismas mañas que tenemos nosotros de irritar y desobedecer a Dios, se las transferimos a los nuevos que llegan. Cuando una persona nueva llega a la Iglesia y ve tu forma de adorar y de orar, él toma esa misma forma, lo mismo pasa cuando te ve sirviendo y danzando, él va a coger de ti esa forma de servir y de danzar, y esto es lo que hacen las amarras, contaminar al pueblo.

Dios vio que para circuncidarlos, tenía que esperar a que todos esos murieran y es que la circuncisión de todo ese pueblo fue en la esclavitud, tenían 400 años circuncidándose y ya la circuncisión había perdido su efecto, porque la esclavitud te hace perder la marca que Dios te da, por esto, nos olvidamos de los milagros y las grandezas de Dios, nos olvidamos de lo que Dios hace en nuestras vidas.

Si verdaderamente fuéramos circuncidados, manteniéndonos en El, cada palabra que Dios nos ha dado fuera como un terremoto en nuestras mentes, entonces nuestro corazón es circuncidado – que viene siendo la circuncisión que nos toca en este tiempo – pero el tiempo hace un milagro creativo y por las amarras, vuelve a salir el viejo prepucio, las amarras borran tu circuncisión, tus pensamientos y actitudes, es como si hiciera otra vez, un milagro creativo, donde lo que sobraba, vuelve a aparecer.

Los momentos en el desierto tienen que entrenarte para recibir tus promesas porque mientras estés en el desierto, no vas a vivir lo que Dios tiene preparado para ti, llevas muchos años comiendo el mismo plato, muchos llevan años en el mismo lugar y todavía no han probado lo que Dios les ha preparado.

Si no queremos soltar las amarras para manifestar Su gloria aquí en la tierra, ¿de qué sirve que te hable de salvación? El éxtasis de Su gloria es la salvación, la respuesta a manifestar Su gloria es la salvación. Mientras más manifiestas Su gloria, más segura tienes tu salvación. No hay gloria sin intimidad, sin cambio o reforma, no hay gloria sin regeneración de tu mente.  

El desierto te tiene que poner a anhelar otro estilo de vida, tienes que sacar tu potencial y coraje para cruzar el Jordán, el desierto es para que te canses de la rutina, el desierto tiene que hacer que algo cambie en ti. El desierto no es para quejarte ni para estar triste, el desierto es para que digas que estás en la mejor escuela y que la vas a pasar con Suma Cum Laude; el desierto es para las víboras y los alacranes y tu eres un hijo de Dios! Cuando estás en un desierto, Dios está demostrando Su amor y misericordia, y no sólo eso, también está demostrando Su paciencia, no importa que lo ofendas o que te quejes, Dios es paciente contigo y no deja que pierdas tu tierra prometida.

Dios se pone feliz cuando vas rompiendo esas amarras y le dices al pecado que no, El es feliz cuando traes almas a Su iglesia y cuando ve que estás haciendo milagros. Dios te dice: “Tu meta es mi gloria y cuando llegas a mi gloria, la salvación es tuya”. 

El arca de Noé no tenia timón ni amarras, Dios lo llevaba y dirigía y sabía dónde estaba el puerto y en ningún momento el arca intentó voltearse. Dios sabe que el hombre siempre va a querer dirigir su vida por las amarras que tiene. Hay personas tan amarradas al pasado que no son capaces de confiar en que hay un Dios verdadero, muchos se preparan para lo que ha de venir y las amarras del pasado condicionan lo que les llega, así que lo que viene, va a estar tan amarrado como lo está el presente. Mientras construyas tu futuro con las amarras del presente, no verás cambios en lo que te viene.

Romanos 8:28-30 dice:

“Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;  sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”

Aquí está diciendo que la circuncisión no es de la carne ni de palabra, sino que es el del espíritu.

Colosenses 2:11 dice:  

 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo”.

Tu circuncisión es en el corazón y corazón significa interior, es lo más íntimo dentro de ti, tus pensamientos, conciencia y mente, y aquí es donde debe estar tu circuncisión, porque Su Palabra es como una espada de doble filo, la Palabra y el Espíritu Santo no pueden quedarse sólo en tu mente, tienen que entrar a tu conciencia porque tu conciencia es el espejo que te va a enfrentar y te va a decir lo bueno y lo malo de parte de Dios; pasas mucho tiempo intentando cambiar tu mente y te olvidas de meter la Palabra con el espíritu de Dios a tu conciencia y es ella que te dice: ‘No hagas eso, no es de Dios’, y si tu conciencia no está circuncidada, lo haces y te olvidas del temor de Dios, tu conciencia siempre buscará una excusa.

Hay dos tipos de amarras: Las que tienes en tu conciencia y las que tienes en tu mente. En el versículo 11 nos dice que todo lo que es pecaminoso en ti, tienes que echarlo fuera de tu cuerpo.

Estas personas que tienen amarras no pueden avanzar, por eso, cuando llegan a la Iglesia, el único movimiento que tienen es en el mismo lugar que convivían antes, las amarras te hacen volver al mismo lugar del que saliste, aunque te haga daño, porque en ese lugar te sientes grande, y ni siquiera tienes que ir físicamente a ese lugar, puedes hacerlo en tu mente, por esta razón, una Iglesia pastoral no te puede desamarrar, y muchos son los que prefieren este tipo de Iglesias, porque ahí se sienten cómodos y no se les enfrenta, ahí sus amarras no son tocadas.

No hay nada que aleje más tu Canaán, tu promesa, que el tener tu mente esclavizada, porque sin importar que estés en la Iglesia, eres esclavo de ti mismo.

Mientras más te acercas a Dios para agradecerle por lo que está haciendo cuando estás en el desierto, más libre El te hace en ese lugar. Tu mente tiene que ir de acuerdo a la realidad de tu vida y es ahí, donde Dios quiere circuncidarte.

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