“Una fe grande.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 09 de julio de 2018

“Una fe grande.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Tenemos que romper con el paradigma de que cuando pedimos fe, nos vienen desiertos y problemas; usted tiene que tener deseos de una fe grande, mientras más grande sea su fe, más relación usted va a tener con Dios.

Nuestras luchas en la vida cristiana son:

  • La familiarización con el Dios en quien creemos.

Dios es sobrenatural, pero lo natural es que Él haga milagros y nosotros tenemos que entrar en esa dimensión, por eso no podemos estar estáticos y en las mismas condiciones, deseando lo mismo, sino caemos en esa misma religiosidad. Dios está buscando una iglesia que tenga una fe grande, porque mientras más grande es tu fe, más grande son los milagros, los cambios.

No te puedes conformar, porque si te familiarizas con lo que Dios está haciendo en tu vida, se te hará más difícil tener una relación intima con Él. Por eso, cada vez que Dios hace algo bonito en tu vida, tienes que valorarlo, tienes que entrar en una dimensión de gratitud por lo que el Señor te está dando.

Necesitamos una fe grande, cada día más grande, de saber en quién creemos, dónde estamos, con quién estamos; si no tienes esa fe grande entonces vas a tener dudas, siempre tendrás desconfianza.

  • La incredulidad.

Hay una incredulidad de parte nuestra en todos los sentidos, una incredulidad que nos aleja y aparta de la presencia de Dios. El Señor le dijo a Moisés: “Tú no veras mi rostro, pero sí veras mi espalda”. Nosotros necesitamos ver la presencia de Dios, como iglesia necesitamos atraer la presencia de Dios, como hijos de Dios tenemos que traer esa presencia para hacer los milagros que Dios hacia.

La fe es un don de Dios, pero esta viene cuando tú obedeces la Palabra, si no la obedeces y no se cumple, entonces nunca tendrás fe en Dios. Entonces para tener una fe grande, tienes empezar a entender que debes obedecer todo lo que dice la Palabra. Por eso al pueblo se le hace tan difícil tener fe, porque no todo el  mundo obedece la Palabra.

Jesús fue la perfección de fe, Él nunca dudo de quién era, quién lo había enviado ni qué tenía que hacer. Jesús era obediente a la Palabra. La Biblia es Dios y Dios es la palabra en la Biblia, esa es la base para tu fe.

La fe no comienza hablando la palabra de Dios, sino conociéndola y obedeciéndola, es ahí cuando la palabra en tu boca es como si fuera la palabra de Dios en Su boca. Nunca tendrás autoridad para hablar la Palabra, hasta que tú mismo hayas entendido su poder a través de la obediencia.

El Espíritu Santo es más riguroso que un sargento en la academia, Él anhela llevarte a poseer una fe grande, una fe de un oficial, para que Su palabra salga de la boca de un oficial no de un soldado, tienes que aprender que la única manera de tu ser un oficial en Cristo es cuando obedeces la Palabra, tienes que entrar en esa dimensión.

Si Dios va a probar tu fidelidad, Él quiere saber de tu fe. La fidelidad va de la mano con la fe. A continuación te voy a hablar y a mostrar sobre una de las debilidades en las que nosotros pasamos con nuestra fe, uno de los motivos por el cual no tenemos una fe grande.

Juan 5:6-8 dice:

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?  Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda”.

Este hombre tenía 38 años postrado esperando un milagro y el milagro no le llegaba, hasta que un día llego Jesús y cuando Jesús le preguntó si quería ser sano, en vez de decirle que sí, dudo y le puso tres excusas al Señor: 

  • No tengo quien me meta en el estanque. Él puso la responsabilidad en que alguien más viniera, fuera piadoso y actuara a su favor, mientras él permanecía pasivo, echado en una cama.

Así hay mucha gente en el pueblo de Dios que quieren algo de Él, pero están esperando la misericordia de alguien que venga para que los ayude a salir de donde están. Cuando están en crisis se quedan esperando que alguien ore por ellos, pero de esta manera no se levanta una fe gigante, tienes que levantarte de tu lecho y empezar a romper los esquemas, porque el único que va a tener valor, autoridad y dolor por lo que tiene, eres tú mismo.

  • Cuando se agita el agua. Este hombre solo podía concebir que habían algunos momentos especiales para ser sano, que no había oportunidad. Los primeros años de enfermedad de este hombre él estuvo a la expectativa, los otros años se le formó una fortaleza en su mente, él sabía el momento en que podía ser sano, pero se veía imposibilitado, porque estaba acomodado, pasivo.

Si la iglesia quiere una fe grande tiene que salir de la pasividad y entender que los milagros y las bendiciones no son por momentos, sino siempre.

  • Otro desciende antes que yo. Él veía una oportunidad de gracia muy limitada.

Este hombre tenía 38 años esquematizado, esperando su sanidad, pero lo veía imposible porque tenía lastima. Jesús no le mostró ninguna compasión, solo le contestó con tres precisas órdenes:

  • Levántate.
  • Toma tu lecho.
  • Anda.

A este hombre inmediatamente se le olvidaron las excusas y se puso de pie. Jesús no le fue con piedad, sino con autoridad para que deje la lástima y la pena, luego le dio la segunda orden.

Si el Señor no lo manda a tomar su lecho y a caminar, este hombre pierde el milagro y vuelve a acostarse en el lecho a pasar la misma lastima. Así hay muchas personas en la iglesia, ven que Dios les hace el milagro y ellos vuelven a hacer lo mismo, no tienen fe.

Juan 5:14 dice:

“Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”.

Por eso mucha gente pierde su milagro y su bendición, porque Dios los sana y les da el milagro, pero ellos vuelven a la misma rutina, la misma forma de vida, no le apartan un tiempo a Dios, no le dan un tiempo de gratitud, no cambian, no son transformados, no dan frutos.

Esta es una advertencia, primero de que pierdes lo que Dios te ha dado y segundo que cuando te venga lo próximo, no vas a encontrar al que mueve las aguas.

Su camilla representaba la cama de las excusas, la que muchos cristianos se encuentran para no vivir una vida victoriosa en Cristo Jesús, viven el pasado. Si queremos una iglesia de milagros y prodigios tenemos que ponernos amorosamente duros para sacar los que están en el hábito y la costumbre, en las fortalezas y las excusas, en las lastimas, sino vamos a tener una iglesia llena de inválidos.

Por eso Dios necesita que Su iglesia cambie, se levante, deje de poner excusas, de tenerse lastima, que empiece a entender que la fe es por el obedecer, entender y hacer la Palabra. El Señor quiere derramar Su triunfo y Su victoria sobre la iglesia.

Nosotros tenemos el control del honor de Dios, porque somos los llamados a llevar Su reino, a caminar en la victoria, en el triunfo de Él; mientras cada iglesia esté caminando en la forma en que está caminando, el honor del Señor se está perdiendo allá afuera, nadie cree en nosotros por eso mismo.

Nosotros estamos llamados a darle  honra y gloria a Dios, a dar frutos. Dice Su Palabra que Él está sentado a la diestra del Padre, esperando que nosotros le pongamos Sus enemigos a estrados de Sus pies.

Dios necesita una iglesia con una gran fe para que ocurran los milagros, una iglesia que no se familiarice con lo que Dios está haciendo, que rompa con el espíritu de incredulidad y de orgullo, que entre en la fe del poder de la Palabra, a través de la obediencia.

Milagro es algo que ha sido hecho por Dios, que tuvo su origen en Él y que tiene un significado especial. Los milagros no son un fenómeno en sí, sino que es la intervención de Dios, para producir en el momento preciso lo que el hombre necesita.

¿Cómo eres obediente a la Palabra? Haciendo lo que ella dice. Cuando vengan las bendiciones por esa obediencia, vas a empezar a valorar los milagros que Dios está haciendo en tu vida.

Si quieres un milagro tienes que mostrarle a Dios el dolor de tu cambio, de tu transformación, de tu muerte a ti, muéstrale tu desesperación, tu necesidad, que solamente tienes espacio para Él.

Cuando eres obediente a la Palabra, es responsabilidad de Dios que todas las promesas se cumplan y cuando se te cumpla la primera promesa, ahí empezó la fe a activarse, mientras más obediencia, más promesas y más fe, mientras más obediencia, más milagros y más fe.

Conforme sea la dimensión de tu fe, así será el milagro que vas a recibir.

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