“Vuelve a ser sensible a Dios.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 03 de diciembre de 2018

“Vuelve a ser sensible a Dios.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Nuestra sociedad está llena de un espíritu de insensibilidad, que nos hace ser cada vez más insensibles a las cosas de Dios.

Insensible se refiere a la perdida de sensibilidad y también quiere decir algo difícil de apreciar y valorar. Una tercera definición es algo inconsciente y sin conocimiento. Una persona tiene estas tres cualidades.

En el mundo se está perdiendo la sensibilidad a los valores de la vida, pero también en la iglesia se están perdiendo estos valores. Y lo peor, es que cada vez estamos más insensibles a las cosas de Dios, lo que nos lleva a una rutina y a un hábito para buscarlo a Él.

Job 22:21-28 (RV1960) “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.22 Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón. 23 Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejarás de tu tienda la aflicción; 24 Tendrás más oro que tierra, y como piedras de arroyos oro de Ofir; 25 El Todopoderoso será tu defensa, y tendrás plata en abundancia. 26 Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente, y alzarás a Dios tu rostro. 27 Orarás a él, y él te oirá; y tú pagarás tus votos. 28 Determinarás asimismo una cosa, y te será firme, y sobre tus caminos resplandecerá luz”.

Todas estas promesas vienen a nuestra vida cuando nos volvemos a Dios. Necesitamos más que el conocimiento literal de Dios. Creemos que con el conocimiento solamente entenderemos a Dios, y necesitamos más que eso, necesitamos ser sensibles a Él.

Cada uno de nosotros buscamos a Dios, pero lo hacemos de una forma errada, porque lo hacemos con el alma, y Dios no quiere saber nada del alma. A Él lo conocemos cuando doblegamos el alma, obligatoriamente tenemos que hacerlo.

Salmos 50:7-15 (RV1960) “Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios, ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. No tomaré de tu casa becerros,
Ni machos cabríos de tus apriscos. 10 Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. 12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud”.

Aquí el salmista habla de que Dios es el Todopoderoso y que no podemos ser insensibles a las cosas de Él. Lo que hemos pactado con Dios, Él lo está esperando. Aquí nos entrega una promesa, de que si somos sensibles a Él, cuando le invoquemos en tiempo de angustia, Él nos responderá.

Cuando honramos a Dios, lo hacemos en gratitud por lo que Él ha hecho por nosotros. Cuando somos insensibles, se nos olvida honrarlo.

Salmos 50:16- (RV1960) “Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? 17 Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras. 18 Si veías al ladrón, tú corrías con él, y con los adúlteros era tu parte. 19 Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. 20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia”.

Nos hemos dado a la tarea de buscar a Dios como si Él fuera igual a nosotros; y no podemos intentar conocerlo con nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes. Lo que estamos haciendo es conocer a un Dios ficticio e imaginario.

Versículo  21 “Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos”.

Aquí Dios nos dice claramente que Él es no es igual a nosotros. Nuestra insensibilidad nos ha llevado a cualquierizarlo. Tenemos un Dios imaginarios gracias a nuestra propia imaginación y es por eso que no creemos las cosas que Dios es capaz de hacer. Vemos nuestras limitaciones y entendemos que Dios no es capaz de hacer eso que estamos limitados para hacer.

Como nosotros no producimos nada, creemos que Dios tampoco puede producir nada.

Versículo 22 “El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios”.

Tenemos que luchar por rescatar esa sensibilidad hacia Dios y su omnipotencia. Tenemos que ser sensibles al Espíritu Santo y a las cosas de Dios. Los que son sensibles son los que están recibiendo testimonio de parte de Dios. No pelees con Dios o el pastor, más bien pelea contigo mismo para ser sensibles a la grandeza de Dios.

Somos tan insensibles que ya ni oramos ni bendecimos, y es porque nuestros pensamientos y nuestra voluntad están gobernando nuestra vida. No podemos buscar a Dios con emociones ni sentimientos, a Dios se le busca con los principios de su palabra, a Él no le importa si lloramos o no, a Él le interesa que cumplamos los principios que Él nos da.

Conmovemos a Dios cuando los buscamos con los principios de su palabra.

Yo no hago sensible a Dios con mis lágrimas, lo hago cuando obedezco su palabra y sus preceptos. A Dios no le importa tu problema, porque ahí te metiste tú. A Dios no le interesa lo que estás pasando, lo que Él quiere realmente, es sacarte de donde estás. Dios quiere que tomes la acción y que empieces a salir de ese lugar. Él quiere que seas sensible a lo que Él está hablando.

No damos frutos ni hacemos la diferencia frente al mundo porque somos insensibles a las cosas de Dios. Por esto también la gente se va de la iglesia, y se la pasan de iglesia y de iglesia. Y mientras más insensibles, nuestra voluntad se vuelve más vulnerable a otras entidades. Somos tan insensibles, que solamente adoramos cuando nos gusta la adoración que están tocando.

Pidámosle al Señor que nos haga sensibles a Su presencia y que anule nuestras emociones, pensamientos, sentimientos y voluntad. Muchas veces adoramos a un Dios que nos imaginamos y que nos hemos inventado. Nuestra imaginación siempre estará sujeta a nuestra conciencia.

Nuestra voluntad debe ser doblegada al 100% para que entonces Dios pueda poner algo en nosotros.

Los idolatras que se encuentran fuera del seno de la cristiandad, hacen dioses de madera, piedra y metal, porque tienen su imaginación en esos dioses. Y nosotros, por nuestro lado, hacemos lo mismo, no dioses visibles, pero sí imaginarios, conforme a nuestra condición. Es un dios ficticio conforme a lo que queremos y no quien Él es realmente.

Dios nos está trabajando, porque quiere que nos avoquemos a Él conforme a quien es Él en realidad. Dios quiere que procuremos un encuentro personal con Él. Queremos procesar a Dios con lo que tenemos en la cabeza y por eso tenemos un dios ficticio, nos ocurren cosas que no entendemos y nos preguntamos que por qué nos pasan.

Anulemos nuestra mente y dejemos que Dios fluya en nuestro corazón. Dios no nos va a hablar por los sentimientos que tenemos sino más bien por los preceptos de su palabra que seguimos y obedecemos. Hasta nuestra forma de servirle a Dios está condicionada a nuestra sensibilidad. Los que son sensibles a Dios, no tienen ni que ser dirigidos porque saben adónde van.

3 Juan 2 (RV1960) “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Mientras más doblegamos nuestra alma, más prosperamos. Mientras más morimos a nuestros sentimientos y emociones, más prosperamos. Y no me refiero solamente a una prosperidad financiera, sino también a una espiritual.

La prosperidad del alma viene por la muerte de ella. Es como Jesús, la prosperidad que Él nos dio, vino por su muerte. Cuando Dios dice que tomemos nuestra cruz y le sigamos, se refiere a crucificar nuestra alma y deseos con ella.

Confundimos la prosperidad material con la espiritual, la material es muy buena porque nos sirve para todo, dice la Palabra. Pero la prosperidad material sin la del alma es el pecado más grande. Cuando nuestra alma no está sometida a Dios, es muy difícil que lo agrademos.

Efesios 1:17 (RV1960) “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él”.

Necesitamos un espíritu de sabiduría y de revelación para conocer a Dios. Si estamos viviendo en el alma, ¿dónde ponemos el espíritu? Dios está esperando que entremos en la visión de la iglesia, para que le abramos un huequito en nuestra mente y Él poner en nosotros un espíritu de revelación y conocimiento para que podamos entenderlo.

Cuando caminamos en el alma, lo estamos haciendo en nuestra propia sabiduría y Dios no quiere nada de eso.  En vez de pasar tanto tiempo sentado en la iglesia, Dios quiere que le abramos un espacio para poner en nosotros su espíritu de sabiduría. Entonces, es cuando Dios empieza a revelarse que empezamos a entenderlo y a conocerlo en su grandeza y magnificencia; porque no es con tu alma, es en el espíritu. No tratemos de entender a Dios con nuestro cerebro.

Una cosa es conocer y otra entender. Entiendo cuando leo el manual de los principios. Cuando lo conozco y empiezo a entenderlo conforme a sus principios, mientras más lo entiendo, más servicio yo saco de Dios.

¿Te estás dando cuenta por qué no obtienes nada de Dios? No eres bendecido y las promesas no te llegan porque no te has dedicado a entrar en la dimensión de entenderlo en verdad.

Todo principio de conocimiento empieza por tu alma. Vemos con nuestros ojos naturales, pero el entenderlo es solamente por el espíritu.

Cuando entendemos a alguien, nunca lo vamos a juzgar. Vamos a entender primero, antes de presentar juicio a los demás.

Debemos preguntarle a Dios cómo Él se siente cuando lo conocemos conforme a nuestra imaginación. Hay riquezas en la gloria de Dios cuando lo entendemos. Hay personas que quieren tener la revelación de la riqueza de su gloria, conociéndolo, pero hay que entenderlo. Los hombres de Dios que están siendo bendecidos, están metidos cien por ciento en entender a Dios.

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