“Los enemigos internos” – Profeta Montserrat Bogaert

No podemos permanecer en un proceso, y al final de ese proceso, sin nosotros salir invictos de él. La falta de conocimiento nos lleva a errar en nuestros caminos, pero cuando tú tienes el conocimiento de lo que tú tienes que hacer, tienes que disponer tu corazón para que así sea hecho. Y este es un tiempo que nosotros tenemos que poner nuestros ojos en lo que está sucediendo, tanto externamente, pero, más internamente, porque nuestros ojos ahora están solamente en lo que se mueve a nuestro alrededor, en lo que se mueve mundialmente, en todas las informaciones que están saliendo, que se escuchan con referencia a los procesos que se están viviendo hoy en día. Pero, sin darnos cuenta, dejamos de ver aquellas cosas que están internas en nosotros y quiero decirte algo, que nuestro peor enemigo no es el que está allá afuera, nuestro peor enemigo es el que está dentro de nosotros. Pero, ese enemigo nosotros no lo queremos reconocer y tampoco se va a salir solo, porque a veces, se hace tan parte de nosotros que no nos damos cuenta o nos cuesta bastante hacer y entender que es perjudicial para nuestras vidas.

 

 

Naciones, países, ciudades, gobiernos, familias, iglesias, personas, todo, han sido derrotadas, no por el enemigo externo, sino, por el enemigo interno. Pero, ese enemigo interno está ahí hasta que nosotros lo descubramos y le demos la orden de salida.

 

 

Quiero contarte esta anécdota, el gran jefe, comandante, emperador, Alejandro Magno, fue un conquistador tremendísimo. Fue un gran conquistador, a sus 33 años, casi conquistó el mundo completo, lo conquistó. Pero, murió a los 33 años. Un hombre que podía vivir y seguir conquistando naciones, murió a los 33. Muchos dicen que murió alcohólico, que murió luego de tomar bastante vino, y se enfermó. Es decir, que este hombre que era capaz de vencer a los enemigos externos, de vencer todos esos ejércitos, pero no pudo tener la autoridad para él vencer y dominar ese enemigo interno que lo llevó a la muerte. Entonces, tenemos que recapacitar y entender que ese enemigo no puede estar en nosotros. Tenemos que sacarlo, tenemos que identificarlo, porque, si no, va a ser el que va a provocar nuestra derrota y nuestra destrucción.

 

 

Cuando el pueblo de Israel salió del desierto a la Tierra prometida, la única batalla que ese pueblo no conquistó no fue por un enemigo externo, la batalla que no conquistó fue que perdió, fue por un enemigo interno. El pueblo de Israel tenía 3 enemigos cuando llegó a la Tierra prometida, tenía los de Jericó, tenía los de Hai y tenía los de Gabaón. Pero, si Dios les había dado ya una promesa a Josué, en 1:3 donde dice: “Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie” Josué 1:3.

 

 

Dice que todo lo que pisare la planta de vuestros pies, les sería entregado, así como se lo dijo a Moisés. Ellos tenían ya, una garantía de victoria, Dios les había dado un certificado donde les había dicho, todo lo que pisare la planta de sus pies, yo se los entregaré. ¿Por qué perdieron esa batalla?, ¿qué batalla perdieron? Así mismo nos pasa a nosotros. Dios nos da promesas, Dios nos da cosas grandes y ¿por qué no las conquistamos?, ¿por qué no recibimos esas bendiciones si son de parte de Dios, si Dios es el que nos las da?, ¿qué hay en nosotros que sin darnos cuenta o dándonos cuenta, esas cosas no llegan a nosotros?

 

 

La batalla que el pueblo de Dios perdió, fue la batalla de Hai, y ahora yo les voy a enseñar por qué perdió la batalla de Hai. Así como nosotros estamos perdiendo batallas. Luego que tuvieron la gran victoria en Jericó, recuérdese Jericó, que los muros se cayeron. Fue una estrategia poderosísima, 7 vueltas, y a la 7ma. vuelta tocar el sonido de la trompeta, el sonido del shofar y los muros cayeron, quedando desprotegida toda Jericó. Avanzaron, el pueblo de Dios, y tomaron a Jericó.

 

 

 

Esto es bueno que nosotros entendamos, que no podemos dormirnos luego de una gran victoria. Cuando tenemos una victoria, tú no te puedes recostar creyendo que todas van a ser igual o que ya tú no necesitas de Dios o que ya tú conoces el manejo de todas las cosas, y puede ser que en este tiempo tú estés adormecida, porque ganaste batallas anteriores y crees que aquí tú no tienes que pelear para nada, en este tiempo, que esto es fácil, que esto es cuestión de unos meses y no es así, y las cosas que Dios necesito de nosotros no las estamos haciendo.

 

 

Y quiero enseñarte, en Josué 7:2-3, dice:” Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai. Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos”. 

 

 

 

Mira lo que les pasó a ellos. Ellos tuvieron esa batalla, esa victoria en Jericó. Luego, el segundo territorio, el segundo enemigo que tenía que conquistar, era Hai. Cuando fueron a inspeccionar les dijeron, no, ellos son pocos, no se puede comparar a Jericó con Hai. No vamos a enviar a todo el pueblo para que se fatigue, envía a 2 o 3 mil hombres y ya con eso tenemos la victoria.

 

 

Qué fácil es nosotros hacernos una situación que no es real o creer algo cuando los demás nos lo dicen, pero, sin nosotros consultar a Dios. Ellos vieron desde el punto de vista de su alma, ellos lo vieron desde el punto de vista como de una victoria que ya habían tenido que no se tenían que preocupar, lo que yo te quiero enseñar en este día es que cada batalla, por mínima que sea, tú tienes que buscar del consejo de Dios.

 

 

 

Entonces manda Josué a 3 mil hombres a Hai. Entonces, ¿qué pasó en Hai?, cuando ya todo estaba para tomar a Hai. Dice el versículo 4 y 5: “subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai” Josué 7:4. 

 

 

 

Huyeron, esos hombres valientes, que derribaron los muros de Jericó, aquellos que dijeron son pocos, eso no son nada para nosotros, eso no representa peligro. Tuvieron que huir de todos ellos, pero, al final dice que 36 hombres murieron, “y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua” Josué 7:5. 

 

 

 

Pero, ¿qué pasó? Si ellos ya Dios les había entregado el título de propiedad de todo lo que pisare la planta de sus pies, ¿por qué si ya Dios les había dado la tierra prometida, con todo los que habitaban ahí?, ¿por qué?, porque se confiaron en ellos mismos y no buscaron el consejo de Dios para saber lo que habían hecho fuera de la voluntad de Dios. En ese momento, cuando ellos llegan derrotados, los que quedaron con vida, llegan donde Josué.

 

 

Josué toma una acción particular. Josué pone su rostro en tierra, dobla sus rodillas y se pone polvo en la cabeza. En una señal de humillación y de buscar la respuesta de Dios. Y dice en Josué 7:7 que Josué le dice al Señor: ¿por qué? Oiga, es una interrogante de un hombre que oraba, de un hombre que hacía la voluntad de Dios. Le está preguntando, ¿por qué?, pero ¿por qué Josué no le preguntó a Dios antes de enviar a los hombres a Hai?, ¿qué Tú quieres que yo haga?, ¿cómo Tú quieres que lo haga? Lo importante es saber que en la confianza está el peligro. No te confíes, porque hay peligro, porque entonces nosotros vamos a dejar de ver las cosas espirituales, para verlas desde el punto espiritual, de la manifestación espiritual, está cuestionando a Dios, ¿por qué? Tal vez, en este momento, tú estás cuestionando a Dios, ¿por qué? Pero ¿qué tú has hecho que te ha traído situaciones dolorosas, porque no se lo has consultado a Dios. Y después que pasan las situaciones, es donde nosotros le preguntamos a Dios, ¿por qué?

 

 

 

Entonces, Josué le dice, “¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!” Josué 7:7. Oiga, Josué, el que Dios tomó para que tomara la tierra prometida, el siervo de Moisés, el que vivía en el Tabernáculo 24 horas orando a Dios, le estaba diciendo, ¿para qué cruzamos el Jordán? En lugar de Josué decirle, Dios, ¿en qué hemos fallado?, ¿en qué hemos?, muéstranos qué hemos hecho mal, ¿por qué?, porque tú nos dijiste que nos ibas a entregar los enemigos, nos diste la victoria en Jericó, ¿por qué si esta batalla era tan fácil, hemos tenido pérdida y hemos sido derrotados? Esa es la actitud que nosotros debemos de tener. No una actitud de cuestionamiento. No es una actitud de preguntarle, Dios, pero, si Tú dijiste. Hay cosas en nosotros que no las conocemos, si las conocemos, no las queremos revelar, y estas son las causantes de nuestra derrota. Y le habla Dios. Dios es bueno y gran compasión y misericordia, pero, cualquiera se enoja y dice, wow, pero ¿cómo tú me preguntaste?, eso es mucho Señor, ¿por qué perdí el trabajo? Señor, ¿por qué perdí mi matrimonio? Señor, ¿por qué ahora tengo tantas deudas? ¿Por qué? Pero ¿le preguntaste a Dios antes de hacer el negocio?, ¿le preguntaste a Dios antes de casarte?, ¿le preguntaste a Dios los pasos que ibas a dar?, porque si Dios está para nosotros, ¿por qué nosotros no dependemos 100% de Dios? Tenemos que depender en todo momento de Dios.

 

 

 

Dios no se cansa de que nosotros lo busquemos. Dios no se cansa de que Él sea nuestro consejero, al contrario, Dios se alegra de que nosotros busquemos Su consejo diariamente. No es después que pasen las cosas, tiene que ser antes. Y eso lo tenemos que entender, cada día, cada decisión, tiene que ser tomada de la mano de Dios, lo tenemos que aprender. Ya son muchas cosas que nos han pasado y todavía no logramos entender a Dios, todavía no logramos hacer lo que Dios quiere. Somos muchas veces cabezas duras y nos confiamos, vivimos confiados. ¿Por qué? Porque así es la vida, vivimos confiando en las cosas, pero no buscamos la confianza de Dios.

 

 

 

 

Entonces, este hombre, Josué, le reclama a Dios. ¿Ahora vamos a caer en manos de los amorreos, nos van a destruir? Mejor nos hubiéramos quedado allá, si, en el desierto, era mejor que caer en manos de los enemigos y en ese momento, querían estar mejor en el desierto que en la promesa que Dios les había dado, por una derrota, pero, la derrota vino, ¿por qué? Eso es lo que tú tienes que saber. Cada situación que pasa en tu vida, tienes que saber por qué no fue exitosa, ¿por qué vino un fracaso?, ¿por qué vino una derrota?, ¿por qué el enemigo ganó?, el enemigo de afuera gana cuando tú te unes a ese enemigo en tu condición interna que tú tienes. Cuando tú le das al enemigo externo autoridad en lo que hay dentro de ti, entonces, ahí es que pasan las cosas.

 

 

 

Fíjese. Un adulterio no es el causante de un divorcio, el causante de un divorcio no es la mujer o es el hombre, el amante, sino, es el espíritu de adulterio que tú dejas entrar en ti. El dinero no es el causante de un fracaso, sino, el espíritu que viene a ti de robo, de hurto, es lo que destruye. Entonces, lo de afuera se puede dominar cuando no hay nada interno que te pueda esclavizar a lo de afuera. Es lo que está sucediendo y lo que está pasando.

 

 

 

Por eso, nosotros caemos en derrota y el enemigo externo tiene autoridad y legalidad, porque nosotros se la damos por lo que hay dentro de nosotros. Jamás el enemigo de afuera podrá ganarnos si no tiene nada en nosotros que le demos. Por eso, Jesucristo dijo, “viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí” Juan 14:30. Está afuera, pero nada puede hacer ese conmigo, nada me puede hacer, porque no hay nada que se pueda ligar a él y que me pueda someter a él. Así nosotros tenemos que identificar cuáles son esos enemigos internos.

 

 

Entonces, Josué, el guerrero de Dios, estaba ya por desertar, dice: “¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!” Josué 7:7. Y está en signo de admiración, es decir, que se lo dijo en un tono, ¡ojalá! Cuando tú te exaltas, “¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!”. ¡Ojalá no hubiéramos hecho esto! Pero ¿quién somos nosotros para cuestionar a Dios?

 

 

 

Hagamos una retrospección. Y ahí empieza Josué a decirle en el 8. “!Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?” Josué 7:8. ¿Qué diré yo? Él se sentía el orgullo de Josué, ¿qué diré yo? Oh, porque cuando tú te pones, te envaneces del orgullo, ya tú estás buscando no la opinión de Dios, sino, la opinión de los otros, de los demás, él ya no le estaba importando lo de Dios, sino, lo que iban a pensar todos los demás, que el que ganó la batalla, el que había sido nombrado el comandante, había perdido.

 

 

Que no te importe lo que los demás piensen. Él debió de venir con una actitud de arrepentimiento. Señor, háblame, ¿dónde estuvo el mal?, ¿qué hice? Y en el 9 dice: “Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?” Josué 7:9.

 

 

Entonces, ¿qué harás tú? Como diciéndole, tú eres el que vas a quedar mal, tú eres el que vas a quedar avergonzado, porque tú fuiste el que nos llamaste. Ah, pero, se te olvidó que no fuiste tú el que lo buscaste para buscar el consejo cuando tenías que ir a pelear en Hai, eres tú, que se te olvida que no buscaste el consejo cuando ibas a ser algo en tu vida. Dios nos está hablando, Dios no quiere derrota, Dios no quiere fracaso, Dios quiere que seamos victoriosos, que aplastemos, pero, Dios quiere que venzamos esos enemigos internos que hacen que los enemigos externos nos dominen.

 

 

 

Y después que le dice todo eso a Dios, porque él no lograba ver. Hay cosas que tú no logras ver, por eso, por más tiempo que tú tengas en la iglesia, por más títulos que tú tengas, por más espiritual que tú te consideres, nunca te apartes de Dios ni dejes de escuchar la voz de Dios.

 

 

Dios es el que tiene el consejo y la sabiduría para nuestra vida, ¿por qué nos cuesta buscar a Dios?, ¿qué nos hace? No nos confiemos de los demás y de que ya manejamos las cosas, que ya la dominamos, que todo está bajo control, no, no está bajo control. Dios es el que tiene control. Cuando dejamos de ver a Dios, dejamos de ver la autoridad y el poder de Dios, y caminamos en lo natural sin poder y sin autoridad.

 

 

 

Y tú que estás en tu casa, tú me dices, amén, sí, ya que tú que estabas planeando hace unos días hacer un negocio, tú que estabas planeando, diciendo, mejor me voy de viaje, tú que estabas planeando, no, mejor hago este plan, aquello, pero ¿Dios dónde está? Muy distante de eso. Después no vengas, ¿Dios qué pasó, por qué me hiciste viajar a los Estados Unidos? Señor, ¿por qué me hiciste poner este negocio nuevo?, ¿por qué?, ¿qué van a decir en la iglesia, mis familiares, del Dios al que yo le sirvo? No van a decir nada, porque yo estoy invicto, el que tiene problema eres tú. Y después que se desahoga Josué, así como te desahogas tú, sin pensar, te desahogas delante de Dios, sin razonar, sin pensar, lo que te salga ahí de tu corazón, por ese orgullo que tenemos que dominar.

 

 

 

La respuesta de Dios en Josué 7:10, dice: “Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?”Levántate, ¿por qué te postras?, dime, dime, este no es momento u hora de tú postrarte, el momento ya pasó. Este es el momento para tú discernir lo que está pasando, este no es el momento para tú echarme la culpa, este no es el momento para tú señalarme, este no es el momento para tú cuestionarme, este es el momento para que tú entiendas lo que está pasando, y eso es lo que Dios quiere que nosotros reconozcamos lo que está pasando, antes de estar señalándolo a Él o a otros.

 

 

 

Y dice en Josué 7:11 “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”.

 

 

Oiga qué situación. Josué no tenía idea, ni se acordaba de lo que Dios le había dicho y lo que Josué estableció y le dio a conocer a todo ese pueblo, antes de entrar a la Tierra prometida. Cuando conquistaron los muros de Jericó, todo. Dios les dio instrucciones precisas de lo que debían de hacer. Eso fue un asombro, pero, cuando vamos al capítulo 6 de Josué, dice en el 17: “Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos” Josué 6:17

 

 

 

18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Josué 6:18.  

 

 

 

Les está diciendo, tengan cuidado.   Hacía un capítulo que Josué les había dado a conocer esto a todo el pueblo de Israel, les está diciendo, ahora de Jericó, no tomen nada del anatema, porque van a resultar que vamos a caer en maldición y vamos a ser destruidos, le está dando una explicación precisa y exacta, y ya en el 7, se le olvidó, porque si pierden una guerra y Dios les dice en el 6 que van a caer en maldición, y serán destruidos, en lugar de ir a la presencia de Dios, ¿por qué, ¿por qué?, ¿por qué?, ahí debió de estar eso presente en nuestra vida. Nosotros mismos hablamos la palabra, declaramos la palabra, y a los dos días ya estamos haciendo todo lo contrario de lo que declaramos con nuestra boca. Lo que declaramos con la palabra de Dios.

 

 

 

No podían codiciar el anatema, codiciar significa, un anhelo excesivo de tener algo. No lo codiciéis, pero ese pueblo vio las maravillas de Dios, vio cómo fueron derrotados, ellos, todos los enemigos en Jericó. Pero, les está diciendo, cuídate del enemigo interno que tú tienes, que puede codiciar lo que es destructivo para ustedes. No codicien, no se lleven por el alma, llévense por el Espíritu. Miren el grande y poderoso que Soy Yo. Miren los portentos que Yo hago, las maravillas, todo lo que Yo hago. ¿Para qué codiciáis cosas terrenales?, ¿para qué codiciar lo de este mundo, si Yo soy más fuerte y más poderoso que todo eso? Y lo más grande es que en Josué 6:18 dice: “y traigáis desgracia sobre él”, si traemos el anatema.

 

 

 

“Traigáis desgracia”, vamos nosotros mismos a traer la desgracia, no es Dios que va a traer la desgracia, somos nosotros mismos cuando le damos participación a esa codicia de nuestro corazón. Eso es lo que nos hace a nosotros ir por los caminos equivocados, es lo que nos hace a nosotros fracasar en todo. Y en Josué 7:12 dice: “Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros”.

 

 

 

Está diciendo, de ahora en adelante, si ustedes no sacan el anatema, ningún enemigo los van a poder derrotar. Van a caer en manos de ellos. Es decir, ya la vida de ese pueblo ya estaba en manos de los enemigos, ya iban a ser acorralados, ya iban a ser destruidos, Dios ahora les estaba diciendo, lo que tienes que hacer, lo que no entendieron. Dios nos está diciendo, no llevemos nada, no codiciemos nada, dejemos todo eso, porque eso se convierte en destrucción para nosotros.

 

 

En esta temporada que estamos viviendo, no estés codiciando cosas de este mundo, no estés codiciando aquellas cosas que son anatemas para Dios. Deja la ambición a un lado y entrégate y conságrate para Dios. Pero, nosotros no queremos rendirnos totalmente. Nos cuesta, es una lucha interna. Josué, hay anatema. Dice: Consagra al pueblo, conságralo. Santifícalo, porque hay que descubrir quién tiene el anatema. Porque por uno que tenga el anatema, por eso, perdió todo Israel la guerra. Por eso, perdieron la batalla de Hai. ¿Qué significa Hai? Hai significa escombro y ruina.

 

 

 

Dios quería que ellos vencieran ese espíritu, que conquistaran, que lo aplastaran, que dominaran la ruina, los escombros. El hombre cuando vive en codicia, cuando no ha muerto a su yo, cuando busca más las cosas de este mundo, cuando no busca a Dios, cuando le interesa más las posesiones de esta Tierra, cuando camina en pecado, todo, que andar en la santidad. Eso es algo bien fuerte, eso es algo bien terrible, pero, no pudieron, ¿por qué? Porque ellos mismos estaban llenos de ruinas y de escombros, ellos mismos poseían aquello con lo cual querían luchar y tú nunca vas a poder vencer aquello con lo que tú tienes. Tú tienes que vencer aquello cuando ya tú estás dispuesta a renunciar a él, pero, cuando tú te haces uno con esos espíritus, no puedes. No puedes. Fíjese, que Dios, el ángel del Señor les habló en Apocalipsis a las iglesias, para que tuvieran presente, no al enemigo externo, sino, al enemigo interno. Y lo podemos ver en Apocalipsis 2:14-15, dice: 14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15 Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco”. 

 

 

 

Les está diciendo, ustedes han permitido ahí, dentro de la iglesia, a aquellos que siguen la doctrina de Balaam y a algunos nicolaítas que están ahí dentro de ustedes, ¿qué significa la doctrina de Balaam?, aquellos que están en la idolatría, aquellos que están en el paganismo, aquellos que están en la inmoralidad. Les está diciendo, dentro de ustedes está eso, está ese enemigo. Tengo esas pocas cosas contra ti, que eres tolerable a esos enemigos. Y el 2:20 dice: Pero tengo unas pocas cosas contra ti…” Apocalipsis 2:20.

 

 

 

Eso fue a la iglesia de Tiatira.  …que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” Apocalipsis 2:20. 

 

 

 

Les está diciendo, dentro de ustedes es que está su peor enemigo, en la iglesia de Pérgamo, estaba el espíritu de Balaam y de los nicolaítas, en la iglesia de Tiatira estaba ese espíritu, el de Jezabel, ese enemigo interno que es el que destruye, porque es más poderoso el enemigo interno que el externo, te destruye sin tú darte cuenta. Entonces, no pudieron, Josué y toda su gente derrotar a Hai, porque había un anatema, codiciaron el anatema, se lo llevaron, había eso, no importa cuánto Dios haga cosas en tu vida, tú aún luchas por mantener eso en tu corazón, en tu alma, no quieres salir de esos espíritus, pero, esta noche tú tienes que salir de ellos, esta noche tú tienes que abortar cada uno de ellos, esta noche tú los tienes que reconocer, porque tenemos que salir en victoria de este proceso. Tú no puedes cargar nada en este tiempo que Dios no quiera. Tú tienes que dejar todo eso afuera, porque es un tiempo de limpieza, esto es un tiempo de purificación, esto es un tiempo de consagración. Esto no es un tiempo para estar con ambiciones terrenales.

 

 

 

Porque era el pecado de Acán, luego que Josué vino tribu por tribu a consagrarla, a identificar quién había cometido el pecado, quién había traído el anatema en el 19 dice:

 

 

 

 “19 Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. 20 Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. 21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello” Josué 7:19-21.  

 

 

 


Mire lo que hizo que Acán tomara, dice lo vi, primero tú ves. Vio, codició; dice: codicié. Fue un deseo excesivo, estaba por encima de las leyes de Dios. Estaba por encima de la disposición de Dios, estaba por encima de la Palabra de Dios, estaba por encima de la ordenanza de Dios. Cuando esa codicia del alma se te revela y tú no dominas, te toma, dice, codicié. Pero ¿para qué él necesitaba eso si le habían entregado la tierra prometida? ¿Para qué tú estás buscando cosas que lo que te van a hacer es perder tu primogenitura, te van a hacer perder tu salvación, te van a hacer perder la vida eterna, te van a hacer fracasar? Si lo de Dios es eterno, es mayor. Deja de estar codiciando, en este tiempo y dice: Y lo tomé. En el momento que tú veas algo y que tú no puedas controlar, en ese momento tú tienes que buscar ayuda. Porque si Acán en ese momento va donde Josué y le dice, Josué tengo una tentación tan grande de ese manto babilónico, de esos doscientos siclos de plata y esos lingotes de oro, no puedo, me los quiero llevar, hay algo tan fuerte y no estoy viendo al Dios que nos sacó de Egipto, al Dios que nos protegió en el desierto, al Dios que nos ha entregado la tierra prometida, necesito ayuda.

 

 

 

Pero, no. Nosotros nos callamos, y cuando nos callamos, ahí se enlaza el alma con los apetitos de nuestra carne. ¿Y qué pasa? Caemos bajo esa seducción.

 

 

 

Tenemos que identificar esos enemigos, para que antes de que nos tomen a nosotros, nosotros tomarlos y derribarlos. Tomarlos y derribarlos, porque, tenemos que ganar cada batalla nuestra, pero, jamás tú vas a vencer cuando los enemigos tuyos son más fuertes que los que están allá afuera.

 

 

Dios en este tiempo nos está trayendo convicción de pecado en nosotros. Tenemos que santificarnos, ¿qué tú has traído en este tiempo? En todo este año, desde que empezó el 2020 hasta esta fecha, ¿qué has estado en tu vida luchando, que no te puedes desprender? Quiere competir con lo de Dios y trae la maldición a tu vida, trae la maldición a tu casa. Porque por Acán todo el campamento fue maldito, por un hombre que codició, vino la destrucción. Porque eso es un espíritu bien dominante, por uno en tu casa, que esté fuera de la voluntad de Dios, hay problemas. Hay problemas, por eso, tenemos que ser celosos, ver con nuestros ojos espirituales ¿qué es lo que está sucediendo? No le echemos la culpa a Dios en este tiempo. No lo señales a Dios. No enjuicies a Dios por lo que ha pasado.

 

 

Miremos qué hemos traído, ¿qué tenemos dentro de nosotros? Porque Dios es claro, Dios nos dice cuál es el camino que tenemos que seguir para que nos vaya bien. Si en este momento tú te sientes mal porque todas las puertas se te han cerrado, no encuentras nada, sientes que estás ya en un círculo vicioso o estás cayendo en una profundidad muy fuerte, no es Dios. Hoy yo quiero traerte este mensaje para decirte, no es Dios, somos nosotros.

 

 

A esas iglesias Dios les habló. Les dijo, tienen al enemigo adentro. Tienen al enemigo que los va a hacer destruir, tienen a Jezabel. ¿Por qué la toleras? Aquella …que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” Apocalipsis 2:20. 

 

 

 

Eso no es culpa de Dios, Él nos lo muestra y somos permisibles a ese espíritu. ¿Por qué permites la inmoralidad?, ¿por qué permites la doctrina de Balaam? Si mi doctrina es pura. ¿Por qué prefieres mantenerte en inmoralidad, en idolatría, idolatrando cosas, dinero y posesiones? Nada de eso te sirve, porque no podrás vencer a tus enemigos de afuera. Hoy tienes que vencer a ese enemigo interno. No permitas que la codicia, el deseo desenfrenado te lleve a una derrota permanente.

 

 

 

Acán pudo reconocerlo antes de que Josué fuera donde él, porque vio que había destruido, que había destruido a Israel. Que el ejército de Hai los había vencido, ¿por qué no fue valeroso?, y dijo: Josué, yo tomé lo incorrecto de Dios, mi corazón está mal, me llené de avaricia, de codicia, aún no he sido circuncidado en mi corazón por las cosas santas y puras. Pero, preferimos callar, vemos tantos males, tantas situaciones y nos quedamos callados. Y Dios sabía que era Acán, y fue al último que Josué fue. Y Acán sabía que cada tribu estaba siendo reconocida para ver si había pecado. ¿Por qué esperar a lo último para confesar algo que nos hace mal? Ahí donde estás, en tu casa, tienes que traer convicción a tu corazón, a tu alma, a tu mente, y todo ese mal, tenemos que renunciar y sacarlo, exponerlo a la luz. El final de Acán fue que fue muerto él y toda su casa. Perecieron, perecieron, por él, perecieron sus hijos, por él, pereció su esposa, por la codicia de un hombre.

 

 

 

Destruyó todas sus generaciones. No atesores cosas en la Tierra, no acumules tesoros dice la Palabra, en la Tierra, “donde la polilla y el orín destruyen, y donde los ladrones minan y roban” Mateo 6:19.

 

 

 

Tú tienes que hacer tesoros en el Cielo, donde la polilla y el orín no pueden destruir y donde el ladrón no puede robar, ahí es donde tenemos que hacer los tesoros. Este es un tiempo de santificación. Este es un tiempo de consagración. Este es un tiempo de nosotros ponernos a cuentas con Dios. Vamos a acumular tesoros en el Cielo. ¿Qué le hizo a Acán llevarse los lingotes de oro? Los doscientos siclos de plata, no pudo hacer nada. Pero, tenemos que darnos cuenta de que él los robó, pero, los tuvo que esconder, porque cuando tú haces mal, tú escondes las cosas que están mal.

 

 

 

Él sabía que estaba mal y las escondió debajo de la Tierra, pero, tampoco las pudo disfrutar. Todo lo que Dios te dice, que es un anatema para tu vida, jamás las vas a poder disfrutar. No las lleves, no cojas eso. Suéltalo. No trates de ganar ventaja ahora. Dios nos quiere liberar en este tiempo y decir, nunca, te confíes de ti mismo. No te creas que eres un santo ni una santa. Revela tu corazón delante de Mí y yo te voy a decir cuál es tu condición. Yo te voy a enseñar cuál es tu condición de tu corazón, cómo está. No trates de ocultar delante de mis ojos lo que no se puede ocultar. Porque el campamento entero no se dio cuenta cuando él hurtó, pero, los ojos de Jehová sí estaban atentos. Sí vieron cuando él lo tomó. Los ojos de Dios están cuando nosotros nos desviamos y tomamos el camino de la destrucción. Cuando codiciamos y tomamos los tesoros de este mundo, para que la polilla y el orín los destruyan.

 

 

En este momento, ahora, cierra tus ojos, y dile al Espíritu de Dios, muéstrame, ¿qué he traído yo por años, por meses, en este tiempo, en lugar de ver tu gloria, no la puedo ver? En lugar de recibir victoria, estoy en derrota. No vayas como Josué a decirle, ¿por qué? Ojalá nos hubiéramos quedado del otro lado y no hubiéramos pasado. Siempre le señalamos a Dios y decimos, Tú eres el culpable.

 

 

 

Esta es una noche para arrepentirnos, para volver en sí, para dejar esos tesoros terrenales, los que Dios dice, eso te va a apartar de mí. No te los lleves, se ve bueno. Tú piensas que puedes hacer riquezas con ellos, no. No dejes que el orgullo, la vanagloria te corrompa, deja que Dios haga todo. Pero, no sé cómo sería el corazón de Josué en ese momento, cuando Dios le llamó la atención y le dijo, ¿por qué está tu rostro en tierra? No entiendo. Porque tú mismo fuiste que declaraste y dijiste a ellos que no se llevaran el anatema, ¿por qué pones tu rostro en tierra cuando lo pudiste poner antes?, ¿por qué no lo pusiste cuando era el tiempo de ir a pelear contra ese enemigo?, ¿por qué ahora me buscas?, ¿por qué ahora me cuestionas?, ¿por qué ahora dices que mi nombre será cuestionado en la Tierra?

 

 

 

Josué estaba lleno de orgullo, por una batalla ganada en Jericó. No permitas que ninguna batalla ganada te llene de orgullo, porque nosotros no somos nadie ni nada.

 

 

Ellos ganaron a Jericó por Dios. Toda batalla que nosotros ganamos no lo olvides, es por Dios. Y si hemos tenido una victoria aplastante en tiempos pasados, no pienses que ya tienes está ganada. Es tiempo de buscar de Dios. Alinearnos, purificarnos, para que podamos salir vencedores en este tiempo.

 

 

 

En este tiempo, en este tiempo hay cosas que tú sabes que están mal y no puedes salir de ellas, no puedes erradicarlas. Hay cosas que están mal y tú no le puedes poner fin, ponle fin. Suelta ese orgullo, eso no nos lleva a ningún lugar, déjalo. Este es el mejor momento para liberarnos. No pienses que vas a quedarte en la pobreza, en la miseria, no lo pienses. Nunca hagas cosas incorrectas. Haz todo lo que es correcto. No te deslices, ni a la derecha ni a la izquierda, ahí donde estás dile: Señor, yo me arrepiento de este orgullo, de esta vanagloria y aún en medio de esta pandemia mi corazón no se rinde a Ti. En medio de esta crisis, quiero mantener un estatus, un nombre, una posición. Señor, ayúdame, ayúdame a librarme, a librar mi alma de esos enemigos. Di, renuncio a ellos, a cada uno de ellos y al igual que cuando sacaron el anatema, volvieron a Hai y conquistaron a Hai. Cuando volvieron, Josué conquistó a Hai, venció a Hai, a ese enemigo externo. Pero, ya habían vencido al enemigo interno. Ya vencieron la ruina y el escombro que significaba Hai. Ya eso no podía estar en ese lugar de tinieblas, no trates de vencer las tinieblas con sus propias armas, porque nunca lo podrás. Usa las armas de luz, no las armas de la oscuridad.

 

 

 

Y así como Dios les dio la victoria en Hai, así Dios está para darte la victoria ahora cuando renuncies. Cuando entregues esos enemigos, está ahí. Dios quiere darte una próxima victoria, Él es el que está más interesado. Ahí ve entregando todas esas ruinas. Ve entregando todos esos escombros que están dentro de ti. La visión desenfrenada, todo eso que no me deja, no me deja vencer a mis enemigos.

 

 

 

Venzo mi ego, renuncio a mi ego, todo ego, todo yoísmo, todo, entrégalo, entrégalo, eso que se está quedando con el tiempo y con los frutos, por la codicia, lo está reteniendo, lo está fulminando, ¡no! No permitas que ese enemigo interno te domine, te robe lo santo, lo de Dios.

 

 

 

Si entendiste este mensaje, entenderás que Dios no es el culpable.

 

 

 

Este es el tiempo que Dios está preparando para esa gran victoria. Que en este tiempo que estamos pasando no sea un momento de fracaso total en tu vida. Vamos a salir victoriosos, porque Dios quiere que entendamos que tenemos que despojarnos de todo, de todo lo que Dios no quiere.