“Somos saetas en Sus manos” – Profeta Montserrat Bogaert

Isaías 49:2-3

Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré.

Cada uno de nosotros tiene sueños desde que somos niños y debemos de creer que Dios es capaz de ayudarnos a alcanzar cada uno de ellos.

Dios quiere que comencemos a soñar, porque Él quiere materializar cada uno de ellos.  Entre  más grande son nuestros sueños más Él se puede glorificar. Dios es quien pone los sueños en nosotros. Nuestros sueños no pueden ser de acuerdo a nuestras circunstancias. Debemos de entender que la fe de Dios está en  nosotros y nuestra confianza debe estar puesta en Él, porque Dios todo lo puede.

El que no tiene sueños vive rezagado, pero aquellos que tienen sueños viven con una  expectativa; Dios es un Dios de sueños.

Hoy Dios te dice que despiertes, que comiences  de nuevo y retomes tus sueños, sin importar que tipo de sueño sean: si financieros, ministeriales, personales, para Él no hay nada  imposible. Tenemos derecho a soñar y a tener  sueños, el soñar no es pecado, los sueños son de Dios.

Dios nos guarde en su aljaba y nos pone como flecha.

Para nosotros alcanzar nuestros sueños debemos de vivir tres momentos:

*  Primero es cuando estamos en la aljaba,  es cuando nadie te conoce, es donde pasamos por desapercibido. Es donde somos entrenados.  Dios nos debe  preparar  antes de que alcancemos nuestros sueños; aquí  es donde Dios te guarda, donde no hay  reconocimiento de hombre, porque Él te quiere poner como flecha.

El valor nos lo da Dios en medio de esa preparación, Moisés  duró 40 años siendo entrenado; el entrenamiento tuyo solo Dios es que sabe cuánto  durará.

Dios quiere afilar la fecha en cada uno de nosotros porque tenemos un  propósito divino en Él. Hay muchos que quieren salir antes de tiempo del lugar del entrenamiento, pero no podemos, debemos esperar el tiempo para salir verdaderamente cambiados.

En el tiempo de entrenamiento es Dios que nos guarda, y en su tiempo nos saca. Hay hábitos en nuestras vidas que se vuelven normales, pero cuando entramos en el entrenamiento, ahí es donde Dios  trabaja  nuestro orgullo y nuestro ego.  Dios quiere romper los hábitos, Él nos quiere sacar de lo normal.

Tenemos que mirar nuestro proceso, no el que si otro llegó y alcanzó algo primero algo que nosotros, cada quien tiene que ser entrenado y preparado dentro de la aljaba.  Hay áreas en tu vida que necesitan ser cambiadas, por eso el entrenamiento es  necesario.

Para ser punta afilada debemos de ser preparados, porque no es con carisma, es con carácter, y  es el entrenamiento donde sale nuestro potencial. Cuando  no  somos entrenados por Dios, fracasamos.

En el entrenamiento es donde aprendemos a ser siervos, es donde Dios nos muestra que es Él que hará que nuestros sueños se hagan realidad.  Jesús duró 30 años en el anonimato para tener tres años de ministerio.

Muchas veces nosotros mismos somos los que  nos mantenemos en la aljaba por nuestras actitudes.

*  Lo segundo  que tenemos que aprender para alcanzar nuestros sueños, es la presión.  Aquí es  donde el arquero saca el arco y estira la flecha. Cuando la presión es grande es porque  tu lanzamiento será aún más grande.

En medio de la presión es donde nos hacemos fuerte, es donde nuestra piel es  cambiada. Dios te somete a presión para que aprendas a manejarte, para ver la reacción que tienes en medio de ella.

Los hombres de Dios son preparados en medio de la presión, por eso, las crisis son necesarias, y estas se ganan en el entrenamiento.

*  Lo tercero es el lanzamiento, es donde Dios te saca a la luz, es donde logramos ser lo que Dios quiere que seamos. Es donde ya estamos preparados; aquí es cuando Dios te lanza, porque ya has sido formado.

Dios quiere que alcances todos tus sueños, pero antes quiere formarte, y es necesario el entrenamiento, la presión, para entonces Él ponerte como punta afilada.

Es tiempo que comiences a soñar, que a partir de hoy decidas ser parte de los sueños de Dios.

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