“Desenmascarando el espíritu de ofensa.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 25 de septiembre de 2017

“Desenmascarando el espíritu de ofensa.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Filipenses 3:8-10 dice:

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”.

Proverbios 19:11 dice:

“La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.

Las ofensas te dividen, te frustran, te quitan la paz, la creatividad, la intimidad con Dios, no permiten que seas bendecido por Dios. Cuando estás ofendido estás perdiendo todas las posibles bendiciones que Dios te tiene.

Eclesiastés 10:4 dice:

“Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas”.

“No dejes tu lugar” significa que no dejes tu personalidad, no pierdas tu identidad. Aunque te ofendan, te maltraten, te digan o te tiren, no pierdas lo que eres.

 

Mateo 6:14-15 dice:

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

Si te ofenden y te quedas ofendido, herido y no perdonas al que te ofendió, el Padre Celestial no te va a poder perdonar.

Este es uno de los problemas que tienen la iglesia y la sociedad, se están dividiendo por ese problema que se llama ofensa. Es un sistema subliminal que el enemigo está metiendo cada vez más; al enemigo no le interesa que estén unidos porque él sabe que mientras más unidos están más fuertes serán contra él.

Mateo 18:4 dice:

“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”.

Mientras más humilde eres cuando te ofenden, más cerca del reino de Dios estás, pero si te pones en el mismo nivel de aquel que te está ofendiendo, vas a tener problemas.

El enemigo ha metido en el medio de las familias, los hogares, en el trabajo, la iglesia, ese espíritu de orgullo, autosuficiencia, individualismo y este te somete a un terreno del enemigo produciendo ofensas. Muchas personas muy susceptibles; cuando eres muy susceptible con las ofensas tienes un problema de personalidad, de identidad porque no estás ubicado donde tienes que estar.

Muchos están viviendo una ofensa del pasado y es como una carga que llevan encima, por eso una de las enseñanzas más grandes que Jesús pudo haberle dado a los discípulos fue cuando le lavó los pies, Él les estaba demostrando cual era Su naturaleza. Cuando Jesús hizo esto, salió el orgulloso de Pedro diciendo que a él no. La base de toda ofensa es el orgullo.

Las ofensas no traen más que enfermedad en tu cuerpo físico. El orgullo, la independencia, la autosuficiencia son espíritus que no te permiten entender el sometimiento a las autoridades. Normalmente el que se ofende es porque tiene orgullo, pero cuando tienes orgullo se te hace difícil someterte a las autoridades y cuando no te sometes a las autoridades siempre va haber una defensa en ti que se va a llamar ofensa. Es más fácil sentirte ofendido que someterte a las autoridades.

Jesús creció en sujeción, se sometió a sus padres, se sometió a Juan el Bautista, a pesar de ser mas grande que Juan, Jesús se sometió y fue a bautizarse con él, se sometió a los hombres porque pudiendo haber parado a Poncio Pilato no lo hizo y se sometió, Jesús se sometió a la voluntad del Padre Celestial, por eso con todo lo que le hicieron nunca se ofendió, porque Él conoció lo que es estar sujeto, Jesús tenía claro que no podía haber ofensas en Su corazón.

Muchos tienen problema en el trabajo porque se ofenden por cualquier cosa, por eso a veces la ofensa se convierte en una defensa, pero esa ofensa cuando se convierte en defensa no es más que el orgullo protegiéndote a ti mismo,  y así tienes años viviendo y no eres capaz de ser humilde y reconocer tus debilidades, errores y fallos, por eso Dios está buscando un pueblo que sea sincero consigo mismo, que reconozca sus debilidades y fallos pero que también reconozca sus virtudes, que sepan quienes son para cuando alguien le ofenda.

A veces no eres bendecido por las ofensas, el peligro de las ofensas es que mientras la tengas en tu mente tienes control de ella, pero cuando esa ofensa pasa a tu subconsciente, comienza a cambiar tu carácter y cuando tu carácter empieza a cambiar por esa ofensa y se convierte en un estilo de vida, comenzará a cambiar tu voluntad y si una ofensa cambió tu voluntad, prepárate, porque vas a tener que arrepentirte de muchas cosas.

Cuando aprendas la humildad y la obediencia empezarás a mostrar la imagen de Dios en ti, mientras estés manejando ofensas, la imagen de Dios no se produce en ti. Tú no muestras la imagen de Dios porque estás enfocado en la obediencia al hombre a través de una fe religiosa. Uno de los problemas más grandes que tiene el hombre en la ofensa es que ha puesto todas sus expectativas en el hombre en vez de ponerlas en Dios.

Cuando entiendas que el hombre es simplemente el canal para llevarte a Dios, entonces dejarás de tener expectativas en el hombre y vas a empezar a tener expectativas en Dios. Si tienes expectativas en Dios, nadie nunca te podrá ofender. El esperar que el hombre llene tus expectativas es una de las raíces que más nutre las ofensas.

Ezequiel 36:26 dice:

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”.

El corazón de piedra es el corazón ofendido, porque cuando tienes un corazón ofendido te vas a poner duro, injusto, vas a perder el gozo.

Mateo 24:10 dice:

“Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.

En estos versículos hay tres cosas importantes:

  1. Cuando estás ofendido, la respuesta de una ofensa siempre será la traición.
  2. La segunda respuesta de una ofensa no sabiéndola manejar, será el odio.
  3. La respuesta de una ofensa siempre será que te va a enfriar el amor.

Cuando tienes un espíritu de traición es cuando empiezas a murmurar y a criticar la visión y el manto del hombre de Dios, luego va a comenzar a nacer un odio en ti y cuando esto sucede empiezas a perderle el amor a lo que estás haciendo.

Una ofensa puede golpear tus virtudes, valores, derribar esfuerzos y metas, desenfocar tu visión y sacarte de la misión. Hay situaciones en las que tú mismo creas tus ofensas como un sistema de defensa. Una ofensa obnubila tu gratitud, te hace olvidar lo que han hecho por ti, se te olvida de donde Dios te sacó y a donde te puso.

El hombre que tiene un espíritu de ofensa, nunca tendrá misericordia porque no se sabe poner en el lugar del otro, siempre busca lo propio de sí mismo.

2 Timoteo 4:1-2 dice:

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

Debes tener la actitud de decirle a Dios que te muestre lo que necesitas cambiar y no lo que otros necesitan cambiar, a veces estás muy pendiente de que el otro cambie, en vez de estar pendiente de cambiar tu mismo. Cuando te pones donde tienes que estar, Dios te prepara para que puedas ayudar a los demás. Las ofensas vienen porque no te sabes poner en el lugar del otro.

Cuando a un alma ofendida no se le presta atención, esta manifiesta traición, odio, crítica, murmuración, insatisfacción y enfriamiento de amor. Jesús dijo que la ofensa será la causa postrera, lo cual se extraviarán de la fe; cuando Jesús dijo esto no fue por las doctrinas, sino por las ofensas. Mucha gente se va de la iglesia y no vuelven porque fueron ofendidos.

Las ofensas abortan el propósito, el crecimiento, la madurez espiritual y dividen.

1 Samuel 15:23 dice:

“Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

La raíz de toda rebeldía no es la desobediencia, es una ofensa; el Señor lo compara con la adivinación, por eso los que viven ofendidos son brujos.

Eclesiastés 4:9 dice:

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. 

La ofensa va siempre detrás de la división, por eso vas a ver los ofendidos andando solos. Todo el que está ofendido es un caldo de cultivo para un espíritu de Absalón; a estos ofendidos los verás solo, pero nunca caminarán solo, porque siempre arrastran a alguien por la crítica, la murmuración y lo contagian.

Satanás sabe que si estás unido con los demás y el espíritu de Dios sella esa unidad, nunca habrá ofensa, y si la hay, serás rápido en sacarla, pero necesitas el tercer cordón, el del Espíritu Santo. Cuando estás lleno del Espíritu Santo no te ofendes, eres la imagen de Cristo.

Si estás ofendido o tienes un espíritu de ofensa, tu fe es vana. Donde hay ofensa hay rebeldía, donde hay rebeldía hay rebelión y donde hay rebelión Dios no está. El Señor probó la rebelión en el cielo cuando lucifer terminó siendo satanás, con Adán a través de satanás y está probando la rebelión de satanás a través de ti.

Si verdaderamente quieres estar en paz y crecer espiritualmente, tienes que marcar el propósito de entrar a la presencia de Dios y decirle que te ayude a sacar ese espíritu de ofensa. Mientras más pidas que te lo saque, más te van a ofender, pero si logras pasar la prueba de que las ofensas no sean sustentadas en tu alma, serás la persona más feliz, amable y con más misericordia que haya en la tierra.

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