Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1: 9

Tenemos que vivir todos los días una lucha muy fuerte entre el bien y el mal, y de nosotros depende cual será el ganador, porque a nosotros es que nos corresponde romper con lo malo.

Esto es más importante de lo que pensamos, ya que podemos estar haciendo algo que nos parece bien, pero es todo lo contrario, porque carecemos de entendimiento que nos haga ver que lo que estamos haciendo no está bien. Como resultado nos dejamos seducir por las apariencias, las cuales están llenas de maldad.

Por eso, la batalla es ardua; el mal se encubre y aparenta ser lo mejor. Debemos tener discernimiento para no caer en su trampa, sino combatirlo hasta el final de nuestros días con la fuerza del Espíritu, rechazando todo lo que esté fuera del orden de Dios.

Esto podemos alcanzarlo gracias al Espíritu Santo, quien nos revela la verdad y nos da la fuerza necesaria para decir “No”, aun cuando estamos llenos de debilidades; pues queremos hacer lo que no nos conviene a pesar de tener el conocimiento del bien y del mal.

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