“La Envidia. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

 

 

Lunes, 12 de diciembre de 2016

“La Envidia.  Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Proverbios 27:4 (RV1960)

“Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?”

Proverbios 14:30 (RV1960)

“El corazón apacible es vida de la carne;
Mas la envidia es carcoma de los huesos”

La envidia es subliminal y el enemigo la usa como estrategia para evitar que vayas a la presencia de Dios, y peor aún, para que no puedas ser bendecido. La envidia está considerada como un pecado capital porque es un pecado que arrastra a otros pecados, la envidia es uno de los pecados que más está trastornando la sociedad hoy en día, porque te hace marcar un estilo de vida de consumismo, el envidioso es una persona consumista, codiciosa, insatisfecha, triste, competitiva, insaciable y también es injusta; una persona envidiosa nunca estará satisfecha con lo que tiene, siempre querrá tener lo que el otro tiene, la envidia provoca amargura, rechazo y tristeza en la persona que la tiene. Sin importar lo que tenga, nunca logra apreciarlo, y tanto la sociedad, como la Iglesia, están llenas de personas con este problema.

La envidia no viene de afuera, viene del interior de tu corazón, y no es más que la conciencia adolorida o resentida por el beneficio de otro, sumando el deseo de poseer lo mismo.

Te duele porque ves los beneficios del otro y deseas lo que tiene, significa que cuando ves alguien que está siendo bendecido, sientes una pizca de tristeza o de molestia, eres envidioso, cuando ni siquiera puedes sonreír. La envidia es tristeza o pesar por el bien ajeno, se puede decir que es el deseo de algo que no se posee, lo que provoca afán en quien la padece, y no hay nada más peligroso que cuando estás afanado, porque luego vas a tomar decisiones que te van a traer problemas y no logras ver cuando esos problemas van a venir y sólo te importa la decisión del momento.

También hay envidias más marcadas, que provocan tristeza, amargura, afán, y todo porque otros son bendecidos y anhelan eso que tienen los demás. La primera vez que la palabra envidia aparece en la biblia es Génesis 26:14 (RV1960) “14 Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia”. Los filisteos sintieron envidia de Isaac porque tenía muchas ovejas, vacas y labranza, la envidia nació en ellos porque los filisteos eran un pueblo enemigo de Dios, y esto ocurrió porque Isaac sembró en lugar donde no se podía sembrar nada, porque ni la yerba crecía, pero Isaac fue bendecido en ese lugar.

La envidia se identifica también como celo, así lo vemos en Génesis 4:4-8 (RV1960)

 “ Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató”.

Caín se ensañó contra Abel y no contra Dios por la envidia, lo que trajo en él, enojo e ira. Lo primero que provoca la envidia es arrastrarte hacia otros pecados, esta nunca viene por sí sola. La envidia siempre va a resentir tu alma, emociones y sentimientos conforme sea la magnitud de tu envidia, te llevará a diferentes tipos de depresión, es por esto que el envidioso, pocas veces muestra gozo o alegría, cuando consigue aquello que él cree que quiere.

La Iglesia tiene que entender este nivel y valorar lo que Dios nos está dando porque donde hay ira y enojo hay desorden, por esto no somos felices ni nos gozamos y tenemos que ser sanos en esta área de nuestra vida. Debemos reconocer que somos envidiosos, porque es uno de los pecados que menos valor damos y uno de los que más nos aleja de Dios.

La envidia odia el amor y viene de la carne, el envidioso no anda en el espíritu.

Gálatas 5:19 (RV1960)

 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,  idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,  envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

La envidia es diabólica y terrenal, la palabra envidia es su vocablo original también significa celos.

Santiago 3:14-15 (RV1960)

 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad, porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.”.

El envidioso no logra razonar, sólo desear, por esto la envidia es animal, porque los animales no piensan ni tienen lógica; el envidioso es diabólico, porque este sistema está manejado por Satanás y Satanás no quiere saber nada de Dios.

Todos tenemos rasgos de envidia, y cuando hablo de rasgos, me refiero a reconocerlo y trabajar en ello, pero no todos tienen rasgos, otros tienen heridas y cicatrices. La envidia también trastorna tu propia personalidad.

Génesis 30:1 (RV1960)

 “Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero”.

La envidia de Raquel provocó que entregara a su esposo Jacob a Lea para que ésta le diera hijos, y sin embargo, Raquel fue escogida por Dios, más ella tenía envidia en su corazón y Dios cerró su vientre porque sabía que había algo que trabajar en ella, algo que tenía que ser cambiado.

Génesis 37:11 (RV1960)

“Y sus hermanos le tenían envidia, más su padre meditaba en esto”. El rechazo hace que surja la envidia y a veces nosotros somos causantes de la envidia de los arrogantes, cuando sentimos molestia porque alguien tiene dinero.

Proverbios 3:31 (RV1960)

“No envidies al hombre injusto, Ni escojas ninguno de sus caminos”.

Salmos 37:1 (RV1960)

“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad”.

Todos los triunfos en tu vida levantarán envidia y personas se levantan contra ti porque estás haciendo algo diferente y estás triunfando.

Marcos 7:18-21 (RV1960)

 “ Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.  Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.  Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios”.

La envidia es una maldad que hace daño al que la padece y al otro. Todo el que es envidioso, tiene una mente reprobada, y no sólo hacen ellos la maldad, sino que se complacen en que otros la hagan. El evangelio puede que no sea fácil, pero sí es fácil entender porque no estás siendo bendecido y tenemos que ser efectivos reconociendo lo que está en nuestro corazón.

En vez de nosotros estar detrás de dones y milagros, sanidades o liberación, necesitamos darnos cuenta de quienes somos realmente y en qué lugar estamos, porque la envidia es una rutina en nuestras vidas que se mueve día a día. Si te gozas cuando alguien es bendecido, ya estás siendo participe de una posibilidad.

Cuando te sacrificas y mantienes una vida activa de oración e intimidad, Dios comenzará a moverse a tu favor y a derramar bendiciones sobre tu vida, El hará milagros a través de ti y te usará en lo profético, como consecuencia, la gente empezará a seguirte, y esto no es tu culpa. El envidioso tiene que aprender a estar detrás de los bendecidos para aprender lo que ellos están haciendo para recibir las bendiciones de Dios, y así ellos poder entrar en ese mismo sistema.

El envidioso es mediocre y quiere esforzarse, no se extiende, porque todo lo quiere fácil. Cuando eres envidioso, tú mismo te suicidas, y me refiero a suicidio cuando las bendiciones no te llegan, porque Dios no te da el favor y la gracia, viviendo en crisis y penas, lo que es peor que un suicidio natural, sabiendo que tienes un Dios grande y vives en precariedad por la envidia. La envidia carcome los huesos, y  con la carcoma ves todo bien por fuera, pero por dentro está podrido.

La medicina para curar la envidia  es:

  1. Una cucharada de amor, un suero puesto en tus venas lleno de amor.

Tito 3:3-8 (RV1960) Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,  nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,  el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.  Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”.

Eres envidioso cuando no tienes el amor de Dios dentro de ti.

1 Corintios 13:4 (RV1960) El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece”.

El amor es el antídoto de la envidia, el diablo odia a Dios, porque Dios en esencia es amor, y así, como al diablo le va mal, él quiere que a ti también te vaya mal.

  1. Tienes que tomarte un frasco para vestirte de Cristo.

Romanos 13:14 (RV1960) “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Mientras más te revistes de Cristo, menos envidia viene a tu vida.

  1. Tienes que crecer espiritualmente.

1 Corintios 3:1-9 (RV1960) De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,  porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”.

Cuando ves alguien envidioso en el pueblo de Dios, es porque es carnal, debes procurar crecer y prepararte, porque mientras más creces espiritualmente, más te gozas de las bendiciones de los demás.

  1. Tienes que andar en el espíritu. El que es envidioso, no anda en el espíritu. Ver Gálatas 5:18-21.
  2. Tener la revelación de que somos el cuerpo de Cristo. 1 Corintios 12:25 (RV1960) “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros”.
  3. Estar conforme con lo que tienes. Hebreos 13:5 (RV1960)Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejar”.

El que tiene envidia en su corazón es porque no tiene a Dios en el lugar que tiene que tenerlo, esta persona no sabe que Dios es su proveedor y que Él ha dicho que nunca nos dejará ni nos desamparará. Por este motivo, son muchos los que pierden las bendiciones de Dios, este es uno de los secretos que más desafía al hombre y también el que más lo activa.

  1. Tenemos que morir al hombre viejo. Filipenses 3:2-4 (RV1960) Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo.  Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más”.
  2. Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude a ser humildes. Santiago 4:5-6 (RV1960) “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.

Los humildes son aquellos que dependen totalmente de Dios y la palabra gracia se refiere a un favor inmerecido, esto significa que Dios te puede bendecir aunque no lo merezcas.

  1. Tienes que arrepentirte y entender lo que dice Filipenses 4:13 (RV1960) “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, porque cuando tienes a Cristo, lo tienes todo.

Lo primero que va a venir a tu vida como resultado de empezar a trabajar la envidia es que vas a adquirir tu verdadera personalidad, y cuando lo hagas, te vas a aceptar tal como eres y vivirás en gozo.

 

 

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