“La sabiduria te bendice. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Lunes, 16 de enero de 2017

“La sabiduria te bendice. Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela”

Santiago 3:13-18 dice:

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.  Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.  Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

¿Cuántos tipos de sabiduría hay? Una que desciende de lo alto y otra que está en lo bajo. ¿Cuál es la que está en lo bajo? La que dice “… sino terrenal, animal y diabólica”. Si hay una sabiduría que no desciende de lo alto, es porque hay una que está en lo bajo. ¿Sí o no? Es una lógica. Entonces esa sabiduría que está en lo bajo es la que dice “terrenal, animal y… diabólica”. ¿Sabe lo que significa contención? Pleitos, rencillas, golpes.

Versículos 17-18: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos,…”. No cualesquiera frutos, sino buenos frutos. “… sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”.

Es decir que la sabiduría de lo alto siempre te llevará a ti a vivir en paz y dar paz. La palabra paz no significa que no haya guerra; significa que tú lo tengas todo; que tú no necesites de nada.

Este es un tiempo en que los hijos de Dios tenemos que detenernos para meditar en qué estamos nosotros, cómo estamos caminando como hijos de Dios, cómo estamos caminando como creyentes. Estamos muy preocupados por un montón de cosas en vez de estar preocupados por ser sabios. Muchas personas estamos buscando de Dios, pero no estamos siendo sabios; por eso no agarramos las oportunidades que Dios nos da.

Hay mucha gente que sabe mucha Palabra, pero no es sabia; esos son religiosos. Hay otros que no cogen las oportunidades de Dios; están metidos con Dios, pero no cogen las oportunidades de Dios porque no son sabios. Entonces, necesitamos esa sabiduría. Necesitamos, automáticamente, entrar en esa dimensión porque Dios siempre va a darte oportunidades, pero, si tú no eres sabio para coger esas oportunidades, no las recibirás.

Dice que el principio de la sabiduría es el temor a Dios (Proverbios 1:7). Muchos somos temerosos de Dios, pero terminamos siendo religiosos.

Nosotros necesitamos abolir nuestra sabiduría propia porque dice que hay una sabiduría baja, una sabiduría terrenal. Hay una sabiduría del mundo, aquí abajo. Esa sabiduría hace obras perversas.

Dios quiere que nosotros cambiemos nuestra sabiduría por la sabiduría de lo  alto. Si nosotros la tuviésemos, seríamos más inteligentes, seríamos más sabios. Con la sabiduría tú consigues las oportunidades, pero con la inteligencia tú tomas las decisiones.

Mucha gente cogiendo oportunidades de Dios, pero poca inteligencia para mantener cada oportunidad. Fuiste inteligente una mañana, cogiste un milagro de Dios; pero no eres inteligente para decidir no soltar ese milagro, y mantenerlo. Di conmigo: “Necesito ser sabio y necesito ser inteligente para mantener lo que Dios me da en la oportunidad”.

Hay otros que son inteligentes, pero no son sabios para conseguir las oportunidades. Son los que viven quejándose. Por ser tan inteligentes viven pensando que ellos son los que saben y los que tienen la experiencia; entonces dejan de ser sabios porque van pro-ellos… Muy inteligentes, pero no tienen sabiduría para conseguir las oportunidades. Al no conseguirlas, viven quejándose.

Dice la palabra  que nuestra guerra y nuestra batalla no es contra carne ni sangre; es decir, es espiritual. El mayor objetivo de ese opositor son 2 cosas: la primera es que tú no camines en lo espiritual, porque él sabe que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino espiritual (2 Corintios 10:4); él sabe que, cuando te pones el uniforme del espíritu, él tiene un enemigo. Entonces lo primero que va a querer es que tú te mantengas en la carne, en tu mentalidad, en tus decisiones, en tu sabiduría, en tu inteligencia; porque, cuando te mantienes en todo lo tuyo, no podrás pelear contra él en lo espiritual.

Lo segundo que va a querer es llevar a cada uno de nosotros a su terreno. ¿Por qué? Porque cuando entramos en su terreno automáticamente nos convertimos en sus títeres. Por eso tenemos que aprender cuáles son las armas de nuestra milicia. Así dice; que tenemos las armas; nuestra milicia tiene unas armas.

Los hijos de Dios tenemos que darnos cuenta de esa situación y adquirir la estrategia de Él. Es más, dice la Palabra que Jehová es el Guerrero; de por sí ya Dios es un guerrero. Si hay alguien guerrero, es porque posiblemente hay guerra. Entonces nosotros estamos atontados y no entendemos que cuando caminamos, dondequiera que nos metamos, hay una guerra.

Por eso, cuando tú vas a un sitio donde todo el mundo es igual que tú, nada pasa. Pero cuando tú vas a un sitio y tú eres diferente a los que están ahí, se arma un avispero. Algo va a suceder: con alguien vas a pegarte; alguien va a criticarte; alguien va a murmurar de ti; alguien va a definirte como loco; alguien va a decirte lo que sea, religioso, fanático. ¿Pero sabes por qué? Porque llegó alguien que es diferente, que no es diplomático.

Entonces, el opositor sabe que, cuando tú te vistes de gala del espíritu, dondequiera que tú vayas, eres su enemigo. Por eso Él quiere llevarte a su terreno; quiere que tú creas sus estrategias. 

Mateo 5:43 dice:

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

¿Qué decía Santiago en la Palabra? División, discordia, contienda, celos, envidia… Esas son las armas de él. ¿Cuáles son las armas de nosotros? Amar a tu prójimo como a ti mismo. Entonces ¿por qué cuando alguien te hace algo quieres vengarte? ¿Por qué cuando alguien te insulta tú lo insultas? ¿Sabes por qué? Porque estás en el terreno de él. Eres igual a uno de ellos; por eso no estás dando buenos frutos.

Jesús dijo: ¿Te pegan en la mejilla? Ponle la otra. Cuando tú estás en su terreno, te pegan en la mejilla y tú le das un puñetazo.  Dice la palabra: Amarás a tu prójimo […] Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan (Mateo 5:44).   Dice Romanos 12:17: No paguéis a nadie mal por mal.

Esa es una estrategia del enemigo: diente por diente, ojo por ojo (Mateo 5:38), mano por mano. ¿Te acuerdas? No seáis sabios en vuestra propia opinión (v16). Así dice la Palabra… ¡Opinión! ¿Sabes qué significa eso? Que tú no puedes ser sabio con tu propia sabiduría. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.  Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres (Romanos 12:17-18). ¿Sabes cuál es la estrategia del enemigo? Que tú seas uno igual a lo que él hace.

¿Te persigue? Dale paz, ora por él. ¿Te maltrata? Dale amor. ¿Pero sabes qué te dice la opinión, de tu sabiduría? ¡No! Él fue quien falló; que venga a pedirme perdón él. ¡Pues no! El problema no es quién lo pide; el problema es quién decide pedirlo.

Desde el tiempo de Jesucristo, hasta el mismo apóstol Pablo predicó de esta situación que tenían los creyentes en aquel tiempo. Eso lo vemos en 2 Corintios 10:1-6. Pablo peleaba con ellos; él peleaba porque había división entre los corintios. Había mala fe, había envidia, había celo.

Esa es la estrategia que golpea la Iglesia; por los siglos ha estado golpeando la familia. Por eso los esposos llegan al terreno de Satanás; por eso, cuando la esposa le habla fuerte, el esposo le pega. Si la esposa le habla fuerte, dele amor.

El opresor tiene a la Iglesia en su terreno, tiene a la familia en su terreno, tiene a la sociedad en su terreno; y no hacemos nada. Por eso no avanzamos en la Iglesia; por eso no avanzamos en las cosas de Dios. ¡Por eso no avanzamos! Él ha logrado eso porque sabe que nosotros no tenemos identidad. Por eso lo hace. Cuando no tenemos identidad de quiénes somos; como creyentes, de que Cristo es nuestro Salvador y nuestro Rey, él nos lleva a su terreno porque cedemos. Es más; cuando no conocemos algo, por más que busquemos, no lo encontramos.

Necesitamos madurar y crecer en nuestra identidad en Cristo para mantener una personalidad y un carácter radicales y definidos como creyentes en Dios. Podemos hacer carácter y personalidad con sabiduría propia, nuestra, pero la mejor personalidad y el mejor carácter, bien fundados, solamente Dios puede dárnoslos.

¿Cuál es la estrategia que el diablo va a usar contigo? ¿Cuál es la estrategia para llevarte a su terreno? ¿Sabes qué? El desánimo. No hay una cosa que el enemigo esté usando más en este tiempo que el desánimo. Usted puede acostarse feliz, tener un sueño feliz y en la mañana levantarse con un desánimo que ni usted mismo sabe qué quiere. Por eso, cuando usted se acuesta, tiene que proteger su conciencia, sub-conciencia e inconsciente; porque Satanás siempre hurgará en el baúl de la sub-conciencia, con sueños que su mente no tolerará ni usted podrá entender.

La pasividad es un resultado del desánimo. La tolerancia es un resultado del desánimo. Cuando parece que todo sale mal; cuando aparecen las dificultades, que parecen insuperables, y empiezas a pensar que no vale la pena seguir. ¿Sabes cuándo tú estás en desánimo? Cuando dices “No tengo ganas de ir a la iglesia, no tengo ganas de salir. No; quiero quedarme acostado”. Mentira. Tú no quieres quedarte acostado; es que estás desanimado.

¿Sabes por qué? Porque el enemigo sabe que, cuando estás en el espíritu, dondequiera que tú vas, tienes una oportunidad de que alguien se convierta. Entonces él te desamina para que no salgas, él te desanima para que no hagas nada, él te desanima para quedarte acostado, él te desanima hasta para que veas televisión.

Y desánimo no es estar triste; es no tener deseo de hacer nada. Entonces, cuando tú estás desanimado, no sales, no quieres venir a la iglesia. Es una estrategia de Satanás porque él sabe que, cuando tú estás animado, todo el que camina al lado tuyo, tú lo activas, tú lo avivas; tú lo recoges, lo levantas.

El desánimo no es algo psiquiátrico; es del alma. Entonces, si no sabes manejar tu alma, tú vas a estar desanimado. Por eso empiezas un montón de cosas y te desanimas; no lo sigues.

Lo peor es que el desánimo llega un momento que se hace tan parte de ti que tú ni cuenta te das. Ahí está el secreto del enemigo. Lo hace tan parte de ti que ni cuenta te das. ¿Sabes qué? Coges una personalidad de desánimo tan marcada que todo se te convierte en pesimismo y negativismo.

Cuando tú estás pesimista, cuando estás negativo, es porque en ti hay un estilo de vida que ha cogido cuerpo, ha cogido forma para tú mantenerte en desánimo. Todo lo ves oscuro; todo está difícil, todo está imposible. Eso no es depresión; eso es desánimo.

El desánimo empieza a hacerte perder el valor de ti mismo. Ahí es donde el diablo nos amarra. Empezamos a perder el valor de nosotros mismos; empezamos a perder el valor de lo que hacemos.

¿Sabes qué? Cuando ya te da todo lo mismo, cuando ya te da igual todo, entonces el darte lo mismo abre una puerta para que el enemigo te meta lo que se llama confusión. Cuando te confundes, porque no valoras nada de lo que tienes, automáticamente te hace doblez de ánimo. Por eso los de doblez de ánimo están confundidos; no saben lo que quieren. ¿Qué dice la Palabra para los de doblez de ánimo? Que son inconstantes en todos sus caminos (Santiago 1:8).

Déjame decirte… Todo el secreto de esto, de entrar en su terreno, es la falta de identidad.

El enemigo siempre va a meterte a en su terreno a través del desánimo y, cuando tú estás desanimado, pierdes los valores de todo lo que tienes. Luego te meterá la confusión. Desánimo y confusión: principios de doblez de ánimo. Por eso eres inconstante en todo.

Esa es su carta de triunfo… desanimarnos. Pero la Biblia habla de hombres quienes no se desanimaron; y si se desanimaron, no llegaron a confusión. Porque Abraham tuvo con qué desanimarse; pero no llegó a confusión. Sabía claro quién era. Por eso su fe fue por justicia (Romanos 4:22); porque él sabía quién era.

Cuando te viene el desánimo y abres la puerta de la confusión, perderás la sabiduría para tomar decisiones. Y cuando ya tú no sabes tomar las decisiones, cuando ya estás confundido, cuando ya tienes el doblez de ánimo, empieza a haber en ti una impotencia interna que le abre la puerta a la depresión. Entonces, ya te metes en un nivel más profundo, de depresión.

Es una guerra… “¡Algo tengo que hacer!”. Tenemos que odiar la inhabilidad. Mírate como ente de favor y gracia. Cuando te quedas encerrado en ti mismo; cuando te quedas encerrado en tu habitación, en tu casa y no sales; alguien está muriendo allá afuera.

Déjame decirte que la depresión es un espíritu que puede tomar niños. Yo he visto niños deprimidos: que lloran sin saber por qué lloran; se trancan, se esconden. La Iglesia tiene que sacudirse. A veces confundimos la tranquilidad, y no es tranquilidad; es un proceso de estos… O estás desanimado, o estás confundido, o estás entrando en depresión. ¡Cuidado! ¡No es tranquilidad!

Por eso la Iglesia tiene que entender esto porque tenemos que estar activos. Por eso Jesús no se paraba. Terminaba el día entero y se iba a orar, se metía con Dios, se metía con Su Padre. Salía cargado, e iba a dar. Lo clavaron y no se deprimía. Lo golpearon; no estaba confundido. “¿Dónde Tú estás? Me dejaste solo, Señor. Eso no se vale. ¿Y por qué yo, Señor?”… Nunca dijo eso. Dijo: “Yo sé quién soy. Yo sé con quién estoy. Yo sé adónde voy”.

Cuando tú estás confundido, vas a inhabilitarte para que tu propósito vaya deteriorándose y lo pierdas de vista.

Diga conmigo: “El diablo no va a llevarme a su terreno. Yo hoy voy a levantarme contra el desánimo. Yo voy a levantarme contra la confusión. Yo hoy voy a levantarme contra la depresión”. Diga conmigo: “¡Diablo, te vas de mi vida! ¡Tú vas a soltarme! ¡Ya no voy a estar más confundido! ¡Ya no voy a estar más depresivo! ¡Ya no voy a estar más desanimado!”.

Cuando él vea que no puede contigo, se va a desanimar. ¿No se desanimó él con Jesús cuando estuvo en el desierto? ¿No dijo “Y lo dejó por un tiempo” (Lucas 4:13)? Muchos de nosotros somos adanes primeros. Y Dios quiere que tú seas el adán postrero; que tú salgas de abajo de sus alas con una identidad clara.

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