“Cómo responderle a Dios” – Profeta Montserrat Bogaert

Quiero darles una enseñanza hoy poderosa. Sabemos que todos estamos necesitados de tener una guianza, de tener una dirección. De saber qué hacer en este momento, porque ni siquiera los del mundo saben qué se puede hacer. Están tratando, están haciendo cosas, pero no tienen la solución. Pero, ¿qué nosotros como hijos de Dios podemos hacer en este tiempo?. ¿Qué es lo que Dios nos manda a hacer?. Algo que nosotros no debemos de olvidar, es que nosotros tenemos que buscar a Dios y escuchar Su voz;  la dirección, el consejo, la guianza, vienen de Él.

 

 

Dios conoce todas las cosas, Él sabe el principio y el fin, porque Él es el Creador de los Cielos y de la Tierra. Dice Su Palabra que antes que los montes existieran Él había creado los Cielos y la Tierra, y Él es el Dios, el Dios Todopoderoso. A veces, nosotros nos metemos en una burbuja, llenos de ansiedad, llenos de preocupación, escuchando las noticias, las voces extrañas. Entonces, ¿qué hacemos? Descuidamos el oído para Dios. Y, ¿qué Dios necesita? Que prestemos y escuchemos cuál es Su dirección en este momento.

 

 

 

Dice la Palabra en el Salmo 68:33 “Al que cabalga sobre los cielos de los cielos, que son desde la antigüedad; He aquí dará su voz, poderosa voz”. Al que cabalga los Cielos de los Cielos. Es decir, que Él es el Señor que está por encima, porque es de los Cielos de los Cielos. Él está por encima de este Cielo que ahora está contaminado. De esta atmósfera en que estamos viviendo, Él cabalga, Él la rodea, Él mira porque Él es el Dios Todopoderoso. Y dice: Que Él “dará su voz, poderosa voz” Salmo 68:33. Pero ¿quiénes escucharán Su voz poderosa? Aquellos que Lo buscan, aquellos que tienen hambre, aquellos que saben que de la voz de Dios está la respuesta a lo que necesitamos. Que Dios es el que tiene el control de nuestras vidas. Dios es el que tiene el control de las naciones. Dios es el que tiene el control de todo. Porque Él es el Creador del Cielo y de la Tierra. Donde estamos, en la Tierra, bajo esta virosis, bajo este virus, Él fue que lo creó. ¿No crees que Él tendrá la respuesta? ¡Claro!, pero Él necesita que escuchemos y respondamos a Su llamado.

 

 

 

Muchos de nosotros estamos orando, pero nos metemos en una oración y no dejamos que Dios nos hable. Es una mente. Hablarle a Dios, pedirle a Dios, y la oración no es un monólogo, la oración es un feedback, es una comunicación entre ambos. Entre el Cielo y la Tierra. Entre Dios y tú. Entonces, es mejor escuchar lo que Dios tiene para decirnos, que tú hablarle tanto a Dios. Es bueno pedirle, pero, dentro de la oración tenemos que esperar un tiempo en silencio para ver cómo Dios se está moviendo. Para escuchar ese sonido que descienda del Cielo y nos llene de fortaleza y no solamente eso, nos diga: Ahora haz esto, haz esto, haz esto, y la dirección que nos dará, nos dará la victoria. Abrirá puertas y cerrará puertas. Entonces, este es un tiempo para nosotros responder al llamado de Dios, pero si nosotros no escuchamos Su voz, no podemos responder. Porque estamos más interesados en lo que dicen los científicos, en lo que dicen los doctores, en lo que dicen los medios, que en lo que dice Dios.

 

 

Dios es el Creador de todas las cosas y nada se mueve sin Su voluntad. ¿Y cómo tenemos que responderle?. Para esto es este mensaje, para que tú sepas cómo le vas a responder a Dios. Porque Dios te está hablando y Dios te seguirá hablando.

 

 

Dice la Palabra en Jueces 4:1-2 “Después de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim”. ¿Amén?

 

 

 

¿Qué pasó en ese momento? Vemos que los hijos de Dios después que se murió ese juez de Israel, que era el segundo juez, ¿qué pasó? Vino una calamidad, porque los hijos de Dios hicieron lo malo delante de Dios. Y Dios, un Dios justo, ¿qué hizo? Los entregó en manos del rey de Canaán, de Jabín, y del comandante del ejército de Sísara. Es decir, que cuando nosotros nos apartamos de los caminos de Dios y hacemos las cosas que no están bien, conforme dice Su Palabra y Su mandamiento, entonces, es como si Dios nos soltara.

 

 

 

Así, como el pueblo fue entregado en manos de ese rey despiadado, que dice la Palabra que tenía 900 carros de hierro, imagínese, ellos vivieron en Israel, en ese tiempo, una calamidad y la fuerza de ese tiempo era Débora. Una jueza y profetiza de Israel. Los años que pasaron en la esclavitud fueron 20 años bajo ese poder, y durante todo ese tiempo ellos se mantuvieron de brazos cruzados aceptando una condición de un reino que no era el de Dios.

 

 

 

Nosotros tenemos que saber, que no podemos seguir permitiendo que el reino de las tinieblas sea el que nos gobierne y el que nos dé las directrices. Si nosotros hemos hecho lo malo delante de Dios, Dios nos da la oportunidad para que enderecemos nuestro caminar, para que nosotros volvamos a Él. Entonces, Débora, jueza de Israel, era quien tenía en ese momento el gobierno para ella gobernar al pueblo de Israel.  Pero, aún todo eso, no pensaron en clamar al Señor. Pasaron 20 años hasta que el pueblo reaccionó, y dijo: No podemos seguir bajo esta condición y clamaron a Dios.

 

 

 

Clamaron al Dios Todopoderoso. Y eso, es bueno que nosotros lo entendamos. Que, en medio de toda situación, en medio de toda crisis, nosotros tenemos que clamar. No podemos darle larga a las condiciones. No podemos permitir que los días sigan pasando si nosotros llamamos la atención de Dios. Y fíjate, mira lo que ellos estaban viviendo.

 

 

 

Dice en Jueces 5:6 y 5:8

“En los días de Samgar hijo de Anat. En los días de Jael, quedaron abandonados los caminos, y los que andaban por las sendas se apartaban por senderos torcidos” Jueces 5:6 

 

 

 

“Cuando escogían nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas; ¿Se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel?” Jueces 5:8 

 

 

 

Es decir, fíjese todo lo que ellos pasaron. Los caminos estaban desiertos. Los habitantes andaban en sendas tortuosas. Y no solamente eso, el agua de los pozos estaba en manos de los arqueros. Había una situación deplorable para todo ese pueblo, pero, ellos se sometieron durante 20 años a un rey despiadado, teniendo a un Dios Todopoderoso. ¿Qué yo te quiero decir? Que tú no te puedes someter a lo que se está moviendo en este mundo, porque nosotros tenemos a un Rey por encima de todo reino, que está ahí en Su lugar, en Su trono, para hacer que las cosas cambien. No podemos darle larga. No podemos continuar con lamentaciones, con quejas, con inseguridades. Levanta tus ojos a Él y vamos a clamarle, porque en meses hemos visto como esta pandemia ha tomado control de toda la Tierra. Pero ¿quién es el que tiene que tomar el control? Nosotros, como hijos de Dios, nos tenemos que levantar. Como hijos de Dios, nosotros tenemos que resplandecer. Como hijos de Dios, nosotros tenemos voz para hacer escuchados en el Cielo.

 

 

 

Entonces, ellos clamaron al Señor dice Jueces 4:3 “Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos carros herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años”.

 

 

 

20 años en opresión y no clamaba a su Dios. Si tú eres un creyente, si eres un hijo de Dios, aun los que no son hijos de Dios ahora porque no lo han aceptado en su corazón, es tiempo de clamar a Dios. No podemos permitir que un día más en el territorio en el cual tú habitas siga manifestándose el reino de las tinieblas. Sigan las plagas, sigan todo. Porque Dios quiere ver movilizándose un pueblo. Dios quiere que se movilice una iglesia. Dios quiere que se movilice una nación.  Porque Dios es un Dios de amor, de misericordia. Pero, en la justicia, Él actúa con justicia. Nos arrepentimos de nuestros malos caminos, volvemos en sí y Le decimos: Señor, aquí estamos para doblar nuestras rodillas, para volvernos a Ti de todo corazón y dejar atrás todo ese mundo que nos apartó de Ti. Por eso, es importante que cuando el pueblo clame, tiene que responder a lo que Dios quiera.

 

 

 

Ellos clamaron, ¿y qué pasó? Vino la respuesta de Dios a Su vida. Vino la respuesta a través de la jueza, profetisa, Débora. Porque cuando tú oras, Dios habla. Te habla a través de la Palabra, a través de un sueño, te habla a través de un profeta, a través de un mensaje, Él te habla. Y como ellos clamaron, entonces, Dios les respondió a través de la jueza, de la profetisa, de una persona que tenía credibilidad dentro del pueblo.

 

 

 

Y en Jueces 4:6 dice: “Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón”.

 

 

 

Dios mismo le dio una encomienda. Dios le dijo: Ve, reúne a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón, y vete al monte de Tabor. ¿Por qué Dios le dijo vete al monte de Tabor?. Porque ´Tabor´ significa humillación. Le está diciendo vete al monte a humillarte delante de Mí, a doblar tus rodillas, a pedir perdón por toda esta nación que se ha descuidado de Mí, que me ha olvidado. Entonces, ¿por qué a Neftalí y Zabulón?. Dos tribus que estaban llamadas para la guerra. Eran doce tribus, pero les dijo específicamente la de Neftalí y la de Zabulón. Dios te está llamando a ti en este momento a que te levantes, a que vayas al monte de Tabor, al lugar alto, a la intimidad con Él, a quebrantarte a humillarte, y a pedir perdón por los pecados tuyos, de tu casa y de tu nación, y de las naciones de la Tierra. Porque Dios necesita moverse en justicia. Dios escuchó el clamor, pero dijo: Necesito un justo que pida perdón, que clame, que es para yo sanar la Tierra.

 

 

 

Entonces, Barac fue con las diez mil personas a ese monte de Tabor, porque les dijo: “Y yo atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos” Jueces 4:7.

 

 

 

Fíjese, pero el pueblo de Dios no tenía armas. Recuérdese que el rey de Canaán tenía 900 carros, pero en Israel no había en los 40 mil, ninguna arma. Estaban sin armas, pero tenían el arma más poderosa, tenían el arma de la oración, tenían el arma de la intercesión; tenían el arma para doblegarse delante de Dios y buscar la ayuda de la mayor arma poderosa: el Cielo. Entonces, ¿qué pasó? Sin armas y sin nada, Dios dio una batalla contundente para que todos ellos supieran quién es el Dios de Israel. Pero, te quiero llevar a un sentido donde quiero que tú entiendas este mensaje.

 

 

 

Dios llamó a dos tribus para que fueran con Barac a pelear. Pero ¿qué pasa? Cuando hay un problema, el problema atañe a todos, porque todos somos perjudicados. Tanto si hay un problema en tu casa, van a ser afectados tu esposa, tus hijos. Si hay un problema en una nación, todos somos afectados.  Fíjese cómo este virus ha afectado todo. Entonces, usted se tiene que sentir parte de lo que Dios está llamando. Tiene que hacerse sentir de lo que Dios quiere que usted haga. Usted se tiene que involucrar con la demanda de Dios. Tiene que sentir, porque usted está en esta Tierra. Entonces, no podemos hacernos los ignorantes de lo que está pasando.

 

 

 

Entonces, de las tribus de Israel, seis vinieron a la ayuda de Dios. Dice en Jueces 5:13 “Entonces marchó el resto de los nobles; El pueblo de Jehová marchó por él en contra de los poderosos”. Es decir, que esas 4 tribus, aparte de la de Neftalí y la de Zabulón vinieron a Débora, y les dijeron: Aquí estoy yo, estoy para servir, para lo que necesiten, para lo que yo pueda ayudar, porque queremos que esto termine ya. Queremos salir de la opresión y del manto del rey de Canaán. Por eso, es un tiempo de nosotros poner la alerta y levantarnos todos.

 

 

 

Pero, ¿qué pasó con los demás?. Cada quien tiene su agenda, por eso dice la Palabra en Jueces 5:14 “De Efraín vinieron los radicados en Amalec, en pos de ti, Benjamín, entre tus pueblos; De Maquir descendieron príncipes, y de Zabulón los que tenían vara de mando”.

 

 

 

“Caudillos también de Isacar fueron con Débora; y como Barac, también Isacar se precipitó a pie en el valle” Jueces 5:15. Hasta aquí quiero llevarlos. Fíjese, se unieron la tribu de Benjamín, la tribu de Efraín, la tribu de Isacar, la tribu de Manasés, que Marquir es Manasés. Se unieron. Es decir, que Dios está en este momento llamando a toda Su iglesia. Dios está llamando a todo Su pueblo a que nos unamos a una sola causa. A romper con todo esto que se está moviendo en el mundo natural. Pero, lo tenemos que romper en el mundo espiritual. Si tú no lo rompes en el mundo espiritual no se puede manifestar en el mundo natural.

 

 

 

Pero, si seguimos en el 5:15 dice: “Entre las familias de Rubén hubo grandes resoluciones del corazón”. Esa era otra tribu, la tribu de Rubén. ¿Qué pasó? Las demás fueron, se pusieron a la orden. Y le dijeron a la jueza, a la profetisa, a Barac, jefe del comando: Aquí estamos, para lo que necesiten, vamos a derribar ese reino, vamos a sacarlo porque necesitamos recuperar nuestra libertad. La libertad que nos dio Dios desde antes de la formación del mundo. Pero, la tribu de Rubén dice que tenían muchas resoluciones en su corazón. Son personas que están ahí, esperando, nunca toman una decisión, y si leemos más adelante el 16, dice: “¿Por qué te quedaste entre los rediles, para oír los balidos de los rebaños?” Jueces 5:16. En vez de escuchar la voz de Dios que estaba llamando la atención a Su pueblo, estaba llamando la atención a Su iglesia, para entrar en una guerra, para que empezaran a derribar todo eso que se había levantado. En vez de escuchar la voz de Dios, estaba escuchando el sonido de la flauta. Los toques para el rebaño. Hay personas que, en vez de escuchar a Dios, están escuchando otras voces. Están escuchando otras melodías, ¡no!

 

 

 

La tribu de Rubén es como tú cuando dices: Bueno, deja ver si esto es de Dios. Bueno, yo no soy un intercesor, yo no soy una intercesora. Bueno, yo no tengo ese llamado. Aquí vemos que las demás tribus vinieron y no fueron los llamados, pero fueron como guerreros, porque tu familia, tus hijos, toda la nación, la economía, hasta tu vida espiritual está siendo afectada y no es para en este momento decir: Yo no soy. Sí, yo soy, porque yo tengo el Espíritu de Dios, y mayores cosas haré en el nombre de Jesucristo de Nazareth. Dios te está llamando que ahí donde estás en tu casa no seas como los de Rubén que empiezan a cuestionar todo, y por qué a mí, y por qué yo nunca he hecho esto, y esto y aquello. Es tiempo de dejar todos esos cuestionamientos. Es tiempo de dejar todos esos pensamientos. Es tiempo de movilizarte, porque Dios está llamando con urgencia a Su ejército. Dios está llamando con urgencia a Su iglesia. La que tiene el poder para atar y desatar, la que tiene el poder para abrir y para cerrar en Su nombre. La que tiene el poder para hollar serpientes y escorpiones. Es la iglesia la que tiene el poder.

 

 

 

Si seguimos y no nos unimos, hay una desventaja, porque tu lugar va a estar débil, va a estar frágil, y necesitamos unir las fuerzas. Él es el capitán y Él es el que nos lleva en oración, dice la Palabra que el Espíritu Santo es el que clama con gemidos indecibles por nuestra necesidad (Romanos 8:26). Él clama, Él es el que nos pone el querer como el hacer. Él es el que nos da las fuerzas. Tú te tienes que ver como alguien que va a pelear, alguien que va a entrar en una guerra, que va a desplazar todo lo que se está moviendo, que tu oración va a ser tan efectiva, que los Cielos se abran, que tu oración va a ser tan efectiva, que los demonios huyan.

 

 

 

Pero, no solamente nos quedamos con la tribu de Rubén, que no quiso, sino que empezó a escuchar sonidos diferentes. Deja de estar escuchando otras voces. No te apoyes de los débiles. Apóyate de los fuertes que son los que tienen la respuesta para lo que tú necesitas. Daniel oraba 3 veces al día. ¿Cuántas veces tú estás orando? ¿Cuántas veces tú estás en la Presencia de Dios? No como un mendigo, sino como un hijo de Dios. Como un verdadero guerrero(a) de Dios.

 

 

 

Entonces, la tribu de Gat, de Dan y de Aser, y si vemos Jueces 5:17 dice: “Galaad se quedó al otro lado del Jordán”. Se quedó al otro lado del Jordán, Galaad. Se quedó, otra tribu. Es decir, son aquellos que se quedan del otro lado, que ni se inmutan ni tampoco escuchan. Ven lo que está sucediendo, el llamado que Dios y siempre dicen: Yo no me enteré, yo no me di cuenta. Es decir, ellos se quedan ajenos al mover de la iglesia. Ellos se quedan ajenos a lo que en el mundo espiritual Dios quiere hacer. Ellos dicen: A mí déjenme tranquilo. Son igual, igual que la tribu de Rubén.

 

 

 

Pero, si seguimos más adelante, dice “Y Dan, ¿por qué se estuvo junto a las naves? Se mantuvo Aser a la ribera del mar, Y se quedó en sus puertos” Jueces 5:17. Esa era otra tribu, la de Dan. Dan se quedó ahí pegado a las naves. Estos son aquellas personas que los que tienen les dan seguridad. Ay no, yo estoy en mi casa tranquilo. Yo tengo esto, tengo una tierrita allí, tengo esto, es decir, son los que se quedan junto a sus posesiones, porque eso es lo que les da seguridad, pero, te voy a decir algo: Nada terrenal te puede dar seguridad, ni lo que tú tengas en el banco, ni las posesiones que tengas, nada. Nada. Porque esto se vuelve nada.

 

 

 

Entonces, da un paso al frente y deja de estar pensando que lo que tú tienes, porque ahora mismo nosotros lo que tenemos es la salvación en Cristo Jesús. Entonces, no seas como la tribu de Dan, que se queda junto a los barcos, junto a sus posesiones. Y no responden a nada. Hoy, responde, responde, responde. Tienes que salir de esa condición.

 

 

 

Y si seguimos, vemos la tribu de Aser, el 17: “Se mantuvo Aser a la ribera del mar, y se quedó en sus puertos” Jueces 5:17. Pero, el problema de Israel era para todos, afectaba a todas las tribus, afectaba a todo el pueblo. Pero, él se quedó a la orilla. Ahí lo podemos leer. Y se quedó en sus puertos, se quedó en la ribera del mar, en las costas. Pero, la opresión no era lo mismo. Lo que está pasando ahora mismo afecta a los ricos, a los pobres, afecta a los negros, a los blancos, afecta a todos. Todos.

 

 

 

¿Qué pasó? Son iguales a muchos de nosotros que dicen: Bueno, como Aser se quedó en los puertos, esos son los que se quedan en la comodidad, son los que ellos no quieren dar un paso más. Son los que se sienten ya complacidos, ya su vida no va más para allá. Cómodos. Y aceptan una condición que no es la que deben de vivir, por la comodidad. Por quedarse en las costas, por quedarse en los puertos, por no tomar aguas profundas. Es tiempo de tomar aguas profundas. De lanzarte a bogar mar adentro, donde ahí está la respuesta de Dios a nuestras vidas.

 

 

 

Dice la Palabra que la tribu de Zabulón y la de Neftalí, si leemos el 5:18 “El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte, y Neftalí en las alturas del campo”. Expuso su vida hasta la muerte y Neftalí en las alturas del campo, no les importó perecer, pero su corazón estaba para librar una nación de una esclavitud. Tu corazón debe de estar para liberar las naciones, tu nación, tu país, de esta peste destructora, de esta pandemia, de esta plaga, de este virus, como le quieras llamar. Pero, tú tienes que dar el paso, yo no te voy a decir que salgas a las calles, no, pero tú desde tu casa mueve los Cielos y mueve la Tierra. Tú desde tu casa eres la voz de Dios para desplazar todos esos montes que se quieran levantar para decirles: Levántate y vete al Mar, donde jamás volverás. Porque nosotros tenemos el poder para pulverizar lo que se mueve.

 

 

 

Si nos vamos a la Palabra en Ezequiel vemos cómo el Espíritu le dio órdenes para que le hablara al valle de los huesos secos. Y conforme él fue abriendo la boca, conforme él fue diciendo, declarando la Palabra, volvieron esos huesos secos, volvieron en sí, se le llenaron, se cubrieron de músculo todo y se levantó un gran ejército. Por la Palabra tú tienes el poder en tu boca, con la Palabra de Dios. Así que deja de ser como la tribu de Rubén, como la tribu de Galaad, como la tribu de Dan, como la tribu de Aser, que no se inmutan ante nada, que ven a un mundo perecer, ven un país sufriendo, ven comunidades completas pereciendo y no hay quién los haga reaccionar. Es tiempo de que te levantes como un guerrero, la voz de Dios te dice hoy: Levántate como un guerrero y una guerrera. El ADN de Cristo está en ti. Tú tienes al Espíritu de Dios para responder. Y lo único que Dios quiere es que tú dobles tus rodillas, que tú inclines tu rostro y que empieces a pedir perdón por los pecados. A pedir para que toda la nación, todo hombre, mujer, niño, anciano, aun los que no han nacido se sometan, y conozcan al Dios vivo y Todopoderoso. Aquellos que no conocen, conozcan a nuestro Dios. Pedir perdón por toda sangre derramada. Para pedir por la misericordia de Dios. Para pedir que haya un arrepentimiento global. Es un arrepentimiento global donde se levante la bandera de Jehová Nissi, el estandarte en toda tribu, en toda nación y en todo lugar.

 

 

 

Entonces, por eso, Dios desde el principio mandó a llamar a la tribu de Neftalí y a la tribu de Zabulón, porque saben que son personas que están en la línea uno, están en el círculo primero.

 

 

 

Son aquellos que responden a cualquier necesidad. Pero, a partir de hoy tú vas a responder a la necesidad de Dios. A lo que Dios te está demandando, porque si no, vas a perecer.

 

 

 

“Caudillos también de Isacar fueron con Débora; y como Barac, también Isacar se precipitó a pie en el valle” Jueces 5:15. Isacar se precipitó. Isacar era la tribu que eran los entendidos en los tiempos, eran los proféticos. Los que decían: Esto va a suceder. La dirección de Dios, la que daba en lo profético. Pero ellos se precipitaron también a pie, ellos dijeron: Este problema es de todos, cuenten con nosotros. Hoy queremos ver una iglesia que diga: Cuentan con nosotros. Nos levantamos a las 3 de la mañana, nos levantamos a las 5, nos levantamos los viernes y en ese Tabernáculo de 24 horas, los Cielos estarán en alerta, porque hay una voz que jamás se callará en la Tierra.

 

 

 

Eso es lo que nosotros necesitamos. Una respuesta a lo que Dios está hablando. Y, tal vez, tú dices: Bueno, déjame ver, déjame ver. Pero yo quiero hoy decirte, lo que le pasa es que aquellos sabiendo lo que tienen que hacer y no lo hacen, ¿cuáles son las consecuencias? Jueces 5:23 “Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; Maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron al socorro de Jehová, al socorro de Jehová contra los fuertes”.

 

 

 

Cuando el Señor dice: “Maldecid a Meroz”. Eso era un pueblo, pero está encerrando a todos aquellos que no respondieron al llamado del Señor. Se convirtieron igual que Meroz, igual, la tribu de Rubén, la tribu de Galaad, la tribu de Dan y la tribu de Aser, fueron ese pueblo que dice: Maldecid, porque no se unió como guerrero a la guerra de mi Señor. Caemos en maldición cuando nosotros tenemos que hacer algo, sabemos y no lo hacemos el indiferente. Entonces, cuando pase todo, la maldición estará operando sobre nosotros. Dios no te pide mucho. Dios solamente te pide que levantes tu voz, levantes tu voz, empieces a impregnar. Empieces a inyectar los aires, empieces a desatar, empieces a declarar, empieces a atar. Eso es lo que Dios quiere que empieces a hacer sacrificio, tú y toda tu casa.

 

 

 

Diga: Hoy, toda mi familia se levanta en un ayuno. Ayunaremos 7 días, ayunaremos 14. Enséñales a tus hijos el poder del sacrificio. Enséñales a tus hijos que no sean indiferentes ante las cosas que se muevan en el mundo. Una oración de un hijo tuyo, de tu pequeño, puede mover el corazón de Dios, y eso es lo que Dios está buscando.

 

 

 

Pero ¿qué les pasa a los que se unen, a lo que está sucediendo y responden a la voz de Dios, a aquellos que se unen como guerreros? Por eso, Débora dice: El pueblo de Dios vino a mí como guerreros. No era para que Débora les hiciera justicia. No para que Débora les diera un consejo. Le dijeron, aquí estamos jueza. Aquí estamos, juez.  Queremos venir contigo y unirnos en esta gran batalla. Porque sabemos que en el pueblo de Dios unidos estará la victoria. Dice Jueces 5:2 “Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, load a Jehová”. 

 

 

 

Ellos fueron voluntariamente, no hay ni que llamarte, en este tiempo no hay que estarte llamando haz esto, haz aquello, ¡no! Ya la voz de Dios resuena en toda la Tierra: ¡Levántate!

 

 

 

“Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel, para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo. Load a Jehová” Jueces 5:9. La versión mía dice: “Mi corazón está con los que jefes de Israel, los voluntarios entre el pueblo. Bendecid al Señor”. Bendecid. Mi corazón, el corazón de Dios está con los voluntarios.

 

 

 

Dice Su Palabra que el mismo poder que resucitó a Jesucristo de entre los muertos, es el mismo poder que obra en nosotros. Tú te mueves bajo el poder de la resurrección para sacar toda muerte, espíritu de muerte, de enfermedad, y traer la vida y la resurrección en Cristo Jesús. Yo te empodero en el lugar donde estás bajo el poder de la resurrección, que ahora hablarás palabras de vida, no hablarás muerte, hablarás sanidad y no enfermedad. Hoy te levantas, te levantas, iglesia, te levantas, pueblo, te levantas, nación. Porque nosotros tenemos la victoria en Cristo Jesús.

 

 

 

Oro para que en este momento tengas convicción y no emoción. Para que lo que tú recibes en esta palabra de frutos al ciento por uno. Y que luego de un tiempo, cantaremos y alabaremos la grandeza, como está en el libro de Jueces 5: El cántico de Débora. Cantando y alabando las maravillas del Señor. Cantando Sus maravillas, Sus proezas, Sus grandes manifestaciones, del Dios Todopoderoso.

 

 

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