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Déboras Edificadoras del Reino

“Dios quiere sanar todas las heridas que nos han hecho creer que no tenemos valor”: una entrevista con la Profeta Jo Naughton

La profeta Montserrat Bogaert conversó con la profeta Jo Naughton sobre la sanidad del corazón, la identidad en Cristo Jesús y cómo ser una mujer conforme al corazón de Dios.

  • Dios ama a la mujer y vela para que la Palabra se cumpla en cada una.
  • La mujer conforme al corazón de Dios tiene que correr hacia Él y derramar su corazón.
  • Cuando perdonamos y somos sanados, podemos continuar caminando en amor hacia cualquier persona.

“Dios empezó a traer a memoria todo tipo de recuerdo de la niñez, cosas que nunca pensé que afectarían mi vida; y de repente vi la marca que habían dejado en mi corazón.”

Profeta Montserrat Bogaert: Muchas mujeres hoy en día pretenden aparentar que tienen una vida exitosa; que son profesionales, mujeres casadas con hijos. Pero en realidad tienen el corazón destrozado y lleno de heridas. Dios ha hecho una obra maravillosa en su vida. Me gustaría conocer más su experiencia y testimonio para la sanidad de su corazón.

Profeta Jo Naughton: Yo he estado casada y en el ministerio por veinticuatro años. Y en los primeros diez años pensé que estaba bien porque fui salva en mi adolescencia. Luego pasé por sanidad interior, experimenté la liberación de Dios; así que pensé que mi vida estaba bien. De hecho, no solamente ministraba junto a mi esposo; sino que nuestra iglesia crecía, personas eran salvas y sanas.

Trabajaba en lo secular, y el favor de Dios estaba sobre mi vida. Me promovieron muchas veces hasta que llegué a lo más alto de mi carrera. Así que yo era una mujer cristiana exitosa. Pero también tenía algunos problemas; no me daba cuenta de esto. Era muy insegura. Si llegaba a un lugar lleno de gente que no conocía, me sentía cohibida, nerviosa y me preocupaba mucho por lo que otras personas pensaban de mí.

Le pedí a Dios que hiciera dos cosas: convertirme en la mujer que mi esposo merecía y que me levantara y utilizara por todo el mundo. Y Dios tomó eso como una invitación para hacer una obra profunda en mi corazón.

Luego de cerca de diez años en el ministerio, yo estaba en una conferencia para pastores y era la hora del almuerzo. Yo estaba sentada frente una profeta y de repente ella dijo estas palabras; ella dijo: «El problema contigo, Jo, es que todo se trata de posiciones». Me agarró por sorpresa lo que ella declaró. Y no dije nada; sabía que no debía. Podría haberlo negado porque amaba a Dios con todo mi corazón, pero había algo de verdad en lo que ella dijo porque cada posición que yo ocupé en aquel entonces me daba un sentido de validez.

“La verdad es que tú nunca has enfrentado algunas heridas profundas de tu niñez”.

Aun cuando las personas me llamaban «pastora», me hacía sentir importante. Pero entonces la profeta continuó. Ella dijo: «La verdad es que tú nunca has enfrentado algunas heridas profundas de tu niñez». En ese momento sí discutí porque yo había pasado por sanidad interior, pero entonces irrumpió el Espíritu Santo. Y literalmente, de repente, durante este almuerzo la verdad irrumpió en mi corazón. Por primera vez en vida me di cuenta de mi verdad.

Y mi verdad era la siguiente: «Profeta, si usted me hubiese quitado todos mis títulos laborales, si me hubieran dejado sin ministerio, si me hubieran quitado mi esposo (porque al menos estar casada era una prueba de que alguien me amaba), si me hubieran quitado mi rol como madre… ser simplemente Jo».

En ese momento me di cuenta de que yo me sentía que no era suficiente y comencé a llorar, llorar y llorar. Durante el próximo año, Dios empezó a traer a memoria todo tipo de recuerdo de la niñez, cosas que nunca pensé que afectarían mi vida; y de repente vi la marca que habían dejado en mi corazón. Dios trajo a memoria esos dolores, semana tras semana, y empezó a sanar mi corazón.

 

¡Qué lindo testimonio de cómo Dios obró en su corazón! La sanidad interior es un reflejo de cuando nosotros tomamos la decisión y tomamos consciencia de cómo está nuestro corazón para darle a Dios toda la oportunidad y la autoridad para que lo restaure.

 De acuerdo a su experiencia, ¿cómo pueden las mujeres ser libres de sus traumas y heridas del pasado cuando ya han reconocido que su corazón está roto, que su corazón tiene problemas?

Me gustaría sugerir dos cosas:

  1. La primera se basa en una oración que vemos que Rebeca hizo en el libro de Génesis. Ella había estado con su esposo Isaac creyendo a Dios por un bebé durante veinte años. Y luego quedó embarazada, pero algo no estaba bien. No sabemos si estaba agitándose por dentro o si tenía dolor. Pero fue ante Dios e hizo esta oración. Ella dijo: «Si todo está bien, ¿entonces por qué me siento así?».Esta es una oración muy poderosa para que la hagamos. Si vemos que nos sentimos hipersensibles, necesitamos decir: «Dios, si todo está bien, ¿por qué reaccioné así?». Si nos sentimos muy preocupadas y rechazadas, necesitamos preguntarle a Dios: «Si todo está bien, entonces ¿por qué estoy reaccionando de esta manera?». Y cuando le pidamos que nos diga cuál es la raíz, nos traerá a memoria los recuerdos que Él quiere sanar en ese momento.

Así, para algunas mujeres, ellas saben lo que les duele. Pero para otras, ellas simplemente se sienten tristes, se sienten defraudadas y no saben por qué. Entonces para entender por qué, para eso es la oración. Pero si mucho más y ellas saben que fueron traumatizadas en su niñez, ellas saben en qué momento entró ese dolor, entonces necesitan tomarse un tiempo y entrar a la presencia de Dios.

  1. Por otro lado, la Biblia dice que necesitamos venir a Jesús como niños. Cuando un niño tiene dolor, va corriendo adonde sus padres y les dice lo que pasó y cómo se siente. Cuando decimos las cosas que nunca dijimos antes, liberamos el dolor. Esta es la manera en que Dios me lo mostró: si imaginas una botella con un corcho, cuando quitamos el corcho de la botella podemos derramar líquido.El corcho representa las palabras que nunca dijimos. Cuando le decimos a Dios lo que nos hirió, entonces luego podemos derramar el dolor y las lágrimas fluirán.

“Dios quiere sanar todas las heridas que nos han hecho creer que no tenemos valor”

A causa de todas esas situaciones de nuestro corazón, la identidad en Cristo se ve afectada. Muchas mujeres están en el mundo sin identidad, fruto de un corazón destruido.

¿Cómo podemos recuperar ese valor de la identidad en Cristo Jesús para caminar en seguridad y con la autoridad para ejercer el llamado que Dios nos ha encomendado?

Dios me mostró el daño a la identidad como un lienzo en blanco. Las palabras duras, cosas crueles que suceden, intimidación en la escuela, gritos en casa, humillación…. cada experiencia que vivimos nos cuenta una historia sobre nuestro valor. Dice en el libro de Proverbios: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él». Esa palabra «pensamiento» en el hebreo original significa «cálculo, estimación». Así que hacemos un cálculo en nuestros corazones basado en la forma en que nos tratan.

Dios quiere sanar todas las heridas que nos han hecho creer que no tenemos valor. Durante años traté de convencerme a mí misma de que yo fui hecha con un propósito, traté de convencerme porque dudada de mi valor.

Cuando Dios me sanó de todas las heridas que me hicieron sentir que no valía nada, se me hizo tan fácil creer la verdad. Así que, para que nuestra identidad sea verdaderamente restaurada, necesitamos sanar primero y luego permitir que la verdad de la palabra de Dios nos llene desde adentro hacia afuera.

“Mientras más dejamos que Dios vaya a lo profundo, menos daño pueden causar las pequeñas cosas que vienen a nosotros” 

Tenemos que correr hacia Él [Dios] y derramar nuestro corazón. Ahí vamos a encontrar la sanidad y vamos a recuperar lo que el enemigo nos ha querido quitar; y él ha tratado de abortar el plan divino de Dios.

 Muchas mujeres son bombardeadas con pensamientos negativos como que son feas, que nadie la quiere, que no sirven para nada… pensamientos que la atacan constantemente. ¿Cuál es su fórmula para erradicar esa batalla de la mente y que podamos concentrarnos en un solo pensamiento, en el de Cristo Jesús, sin darles lugar a esos pensamientos que dañan nuestra estima y nuestro valor?

Mientras más sanemos las heridas estructurales en el interior, menos nos dolerán otras cosas. Mientras más dejamos que Dios vaya a lo profundo, menos daño pueden causar las pequeñas cosas que vienen a nosotros y más podemos ignorar los pequeños ataques del diablo.

La Palabra dice que es muy importante que sepamos lo que ella habla acerca de nosotros, porque aun cuando hayamos sanado el diablo constantemente tratará de mentirnos. Así que necesitamos saber la diferencia entre lo que dice el diablo y lo que dice la verdad de la palabra de Dios, para que podamos decir «¡No! Yo no voy a escuchar eso».

En uno de mis libros, hablo del hecho de que tenemos toda la armadura de Dios. Pero también está la armadura del enemigo, ya que él copia todo lo que Dios hace. Así que la espada del espíritu es la palabra de Dios, y necesitamos dejar que su palabra entre en nuestros corazones. Pero la espada de Satanás son las palabras crueles que dicen las personas. Así que cuando llegan palabras crueles, tenemos que levantar el escudo de la fe y decir: «No voy a escuchar esas palabras y voy a meditar en la palabra de Dios».

“Las fuentes externan nunca llenarán el vacío que solo el amor de Dios puede llenar”

Ahí está el secreto: en tener una relación profunda con Dios y estar cimentados en la Palabra, para que ninguna arma pueda atacar nuestra mente y esos dardos del enemigo no puedan encontrar un blanco en nosotros.

Sé que Dios la ha permitido ver muchas mujeres sanar sus corazones y tomar su posición como esposas, madres y mujeres de Dios, quisiera que me compartiera ¿cómo es una mujer conforme al corazón de Dios?

La única persona que nos cuenta la Biblia con un corazón verdaderamente conforme al Dios es David, y él tenía una relación tan íntima con el Señor. Y eso necesitamos nosotros. Cada vez que era David herido sanaba rápidamente. Él iba directamente a la presencia de Dios.

Cuando fue traicionado por sus líderes, dice en el libro de Salmos que fue directamente a Dios. Él dijo: «No puedo soportarlo. Si fuera alguien que no conocía, podría haberlo manejado. Pero era mi amigo íntimo, alguien con quien solía ir al templo».

Aun cuando fue traicionado en el ministerio, iba directamente a su Padre celestial y le decía a Dios exactamente cómo se sentía. Cuando somos rápidos para decirle a Dios cada vez que algo nos duele y liberamos ese dolor, entonces podemos ver a esa misma persona al día siguiente e ir en amor hacia ellos.

En el matrimonio, no importa si estamos casadas con el mejor hombre del mundo, nuestros maridos nos herirán. Nuestros hijos nos herirán. Nuestros amigos nos herirán. ¿Cómo puedo seguir amando a mi marido después de que me hirió? Es cuando tengo que ir a Dios y decir: «Eso dolió. ¡Se supone que él me conoce! ¿Por qué pensaría eso?». Le digo a Dios, soy sanada, perdono y entonces puedo ser una ayuda idónea porque ya no cargo dolor.

“Necesitamos aprender cada día a pasar tiempo con el Señor, a acercarnos a Jesús”

¿Me puede decir tres consejos básicos para mantener nuestro corazón sano y lleno del amor de Dios sin tener que buscar fuentes externas?

Por supuesto:

1. Si las afirmaciones de la gente y sus elogios te elevan, entonces sus críticas podrán derribarte. Tenemos que aprender a no permitir que las alabanzas de la gente nos alimenten. Cuando alguien nos alaba, tenemos que darle eso directamente a Dios. «¡Wao! ¡Predicaste muy bien!», «¡Eres muy buena en tu trabajo!», «¡Te ves fantástica!». Tenemos que decir: «¡Alabado sea Dios! Cuando dejemos de alimentarnos de esas alabanzas, será más fácil rechazar también sus críticas.

 

2. Cuando nos sentimos tambaleándonos por dentro, nos sentimos inseguras tenemos que rehusarnos a buscar una solución humana e ir directamente a Dios. Dice, en Colosenses 2:10 que «ustedes están completos en Él». Así que tenemos que alejarnos de la gente e ir directamente a Dios, y decir: «Gracias, Dios, porque Tú eres el que me hace sentir suficiente».

 

3. Necesitamos aprender cada día a pasar tiempo con el Señor, a acercarnos a Jesús porque, cuando tenemos ese pan diario, entonces eso nos edificará cada día. Así será menos probable que nos sintamos derrotados. Esos son mis tres consejos.

 

 Oración para sanar las heridas de tu corazón

 Profeta Jo Nauhton: Padre celestial, yo oro por cada una de las mujeres. Hay muchas de ustedes que necesitan tomar conciencia del dolor. Hay algunas de ustedes ahora mismo que han pasado por tanto rechazo (rechazo en la niñez, rechazo en la escuela, rechazo en las relaciones) que se sienten como desechos. Pero el Señor está diciéndoles ahora mismo: «Hija, estoy a punto de comenzar una nueva obra en tu vida».

Y ahora mismo, dondequiera que estés, quiero que empieces a orar, que empieces a decirle a Dios cómo te sientes, que derrames tu corazón ante el Señor ahora mismo porque está diciéndote: «Cuando parecía que a otros no les importaba, cuando otros no estaban interesados, cuando te dejaron sola…». Él dice: «Hija, Yo nunca te dejé. Y las cosas que destrozaron tu corazón también hirieron el mío».

Y Él dice: «Yo estoy aquí para sanarte. Soy capaz de quitar todo dolor». Así que ahora mismo libero tu amor sanador sobre tu hija. Y el Señor te dice ahora mismo: «Aunque otros te hayan abandonado, Yo nunca te dejaré, Yo nunca te defraudaré, Yo nunca te abandonaré». Yo desato el amor del Señor en tu corazón ahora mismo. Él dice: «Yo te amo más de lo que puedes imaginar, te amo completamente. Te conozco por completo, y aun así te amo completamente».

Así como permitas que Dios sane tu corazón, empezarás a caminar en tu propósito… en el nombre de Jesús. ¡Amén, amén!

Dios te liberta y te llana de gozo

 

Profeta Montserrat Bogaert: ¡Cuánta sabiduría nos ha compartido la profeta Jo! Si las mujeres aplican estas enseñanzas tendrán un corazón saludable, lleno de gozo y una vida próspera para cumplir con su propósito.

Mujer, luego de leer estos sabios consejos, no hay razón para seguir en esa condición porque hay un Dios que sana y que liberta. Cuando te sientas triste, frustrada, sola… recurre a Él [Dios] porque siempre está para el que lo busca.

Cuéntanos, a partir de este momento, cuál ha sido tu reacción, cómo tú has tomado eso y cuáles han sido las decisiones. Luego dinos cuáles han sido los testimonios de un corazón sano. ¡Que Dios te bendiga!

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