A nadie le gusta confesar sus debilidades

Si de algo hay que gloriarse, me gloriaré de las cosas que demuestran mi debilidad. 2 Corintios 11: 30

 

A nadie le gusta confesar sus debilidades y mucho menos que se las hagan saber. Siempre estamos ocultando aquello que nos avergüenza porque vivimos para guardar las apariencias. Esto demuestra que no nos interesa cambiar, porque el reconocimiento es lo que nos da el valor para hacerle frente y encarar con valentía lo que no podemos dominar.

 

Pablo fue un hombre que demostró una valentía inigualable cuando perseguía a los cristianos para matarlos. Al momento de rendirse a Cristo pudo reconocer que estaba lleno de debilidades y que no le importaba admitirlo. Esto nos enseña que todo el tiempo estaba escondiendo lo que realmente era por temor a ser desplazado o desechado, pero llegó el momento en que fue libre y pudo expresar todo lo que sentía y padecía.

 

Este proceder de Pablo es digno de imitar, ya que él estaba decidido a cumplir su propósito y, si no reconocía sus limitaciones, no podría hacerlo, porque ellas iban a destruirlo. Cuántos llamados han sido abortados por hombres y mujeres de Dios llenos de dones, pues nunca se dispusieron a enfrentar su condición, y en el momento de crisis no pudieron resistir porque no habían levantado las columnas que los sostuvieran.

 

Enfrentemos con valor aquello que no hemos podido confesar, y pidámosle que todo eso se convierta en una fortaleza invencible e inconmovible donde Él se glorificará.

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