Obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien. Josué 24: 24

La obediencia es un principio divino, el cual se nos hace difícil cumplir y mucho más mantener. Es una batalla tan fuerte que a veces pensamos que estamos siendo obedientes sin serlo. No puede llevarse a medias; es por completo. Y sí puede lograrse, porque Cristo nos dio testimonio de que es posible, pero para esto tenemos que renunciar a todo lo que nos impida alcanzarla. Entre estos están los deseos, pensamientos y conceptos propios.

De no hacerlo, siempre estaremos poniendo delante nuestra verdad, la cual nos impide ser obedientes. Empezamos a buscar argumentos de por qué no hacemos las cosas. El que es obediente solamente ejecuta la orden; no permite que lo que pueda creer o pensar esté por encima.

La obediencia es hermosa y agrada a Dios. Muchos empiezan, pero no pueden mantenerse, ya que debemos cumplirla como un estilo de vida, con la firme voluntad de no ceder a algo que nos haga desobedientes.

Por eso tenemos que conocer la Palabra, pues será esta la que nos confrontará en el momento cuando no estemos cumpliendo con lo establecido por Dios. De esta forma nos irá bien en todo.

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