Y ahora, Señor, ¿qué espero? En Ti está mi esperanza. Salmos 39: 7

Estamos tan acostumbrados a que todos los días transcurran sin novedad alguna que ya no tenemos expectativas y, sin darnos cuenta, caemos en una rutina. Esto nos hace sentir insatisfechos y sin esperanza.

Cada día necesitamos tener nuestro corazón cargado de sueños, los cuales nos mantendrán en expectativa. Esto tenemos que hacerlo un estilo de vida, para que nada de lo que estemos pasando en un momento determinado nos afecte. El que tiene expectativas siempre está alabando, adorando, porque sabe que un día Dios actuará en el momento menos esperado y le dará aún más de lo que había soñado.

No dejemos que alguien nos quite la esperanza. Al contrario, proclamemos nuestras bendiciones día tras día, porque, si no llegó hoy, vendrá mañana. Sepamos que lo que no recibimos hoy se multiplicará mañana, porque nuestra esperanza está en Él.

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