Yo pongo mis palabras en tus labios. Jeremías 1: 9

El enemigo ha tratado por todos los medios de callar nuestra boca para que no decretemos la Palabra de Dios, manteniéndonos en silencio, y de esta forma tenernos dominados. Porque cuando declaramos la Palabra los Cielos se abren, los yugos se rompen, los muros son derribados y las tinieblas tienen que huir. No pueden resistir
el poder que tiene, porque la Palabra es martillo que despedaza la roca.

Para esto tenemos que ser valientes, recordando la palabra que Dios dio a Jeremías cuando le dijo: “He puesto mis palabras en tu boca para arrancar,
derribar, destruir, para edificar y plantar”. Por eso tenemos que abrir nuestra boca para arruinar los planes del enemigo, y abrirla para plantar las promesas del Altísimo.

Declaremos cada mañana que los poderes del infierno que vienen en contra de nosotros están atados, y desatemos la bendición que desciende del tercer Cielo. Veremos a los ángeles peleando a favor de nosotros, por la Palabra que ha salido de nuestra boca para que se cumpla ¡No calles!, porque Él nos ha dado autoridad sobre reinos y naciones.

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