Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. Juan 15: 8

La vida que llevamos es un reflejo de nuestra relación con Dios. Si nuestra vida es desorganizada, vacía, seca, en esa misma condición está nuestra vida espiritual. Si al contrario, nuestra vida está centrada en la oración y dependemos de ella, el resultado es glorioso, porque la oración es la que nos enseña a ser discípulos de Cristo.

Un discípulo es uno que imita, e imitamos al Hijo de Dios hecho carne; es decir a Cristo, el cual alcanzó una relación perfecta con Su Padre Celestial, demostrando que Su vida fue el resultado de vivir en la Presencia de Dios. Y esta hizo que se mantuviera alineado al Cielo.

Dios nos ha llamado a dar muchos frutos, pero solamente nuestra relación con Él puede dárnoslos y cambiar nuestra condición. No nos conformemos con lo que somos, porque nuestra vida será mejor como resultado de una relación íntima con Él.

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