En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona. Proverbios 27: 19

Dios conoce nuestro corazón, pero en Su infinita misericordia espera pacientemente para que se produzca un cambio, a fin de poder confiar plenamente en nosotros y darnos lo que nos corresponde, para siempre.

Dios conocía el corazón de Saúl, sabía sus intenciones y de lo que era capaz, pero pese a todo esto le dio una oportunidad y lo escogió como rey. Aunque no ungió a Saúl con el cuerno, lo ungió y fue rey. Al tiempo, Saúl mostró su verdadero corazón: desobedeció a Dios. Esto hizo que el Señor se apartara para siempre de su lado, que perdiera su reinado y que Dios escogiera a David como rey.

Nuestro corazón tiene que ser descubierto delante de Su presencia para que podamos ser libres de la maldad, el egoísmo, la envidia, que nos llevan a desobedecer a Dios y a las autoridades impuestas por Él.

El confiar en que estamos sirviendo en la obra, que nos usa y que tenemos unción, no nos garantiza que nuestro corazón está sano. Él está dando tiempo para que nos demos cuenta de lo que opera en nosotros, lo aborrezcamos y nos arrepintamos, para Él permanecer por siempre y no quitarnos lo que nos ha dado.

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