Mi corazón está dispuesto, Dios mío; quiero cantar salmos en tu honor. Salmos 108:1

Dios está buscando corazones que se entreguen y se dejen moldear sin poner resistencia ante Su voluntad; corazones como el de David, quien no se resistió al trato cuando estaba al cuidado de las ovejas, apartado de todas las cosas. Ese corazón se deleitaba en adorarlo y alabarlo sin ver el lugar ni las condiciones que lo rodeaban. Él no se enfocó en lo externo, sino en buscar Su presencia y deleitarse en ella.

Cuando nuestro corazón es de Dios solamente queremos agradarlo; que Él mire con agrado lo que estamos haciendo, dándole el primer lugar en nuestra vida y haciéndose irrelevante todo lo demás.

No nos deleitemos en lo material sino en las cosas del espíritu que traen paz y gozo. Llenémonos de plenitud al saber que solamente hay un dueño para nuestro corazón, Él. Vivamos cada día para demostrarle nuestro amor verdadero, el cual sobrepasa todas las cosas.

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