Y su rival la provocaba amargamente para irritarla, porque el SEÑOR no le había dado hijos. 1 Samuel 1: 6

Dice la palabra que Ana lloraba y no comía porque no tenía hijos. A causa de esto, su corazón se había entristecido, llenándose de amargura y resentimiento. Su dolor era tan grande que nada podía quitárselo; ni aun las palabras de su esposo podían consolarla.

Nada había que pudiera motivarla ni que la sacara de la tristeza. Solamente un hijo podía hacer que ella cambiara. Pero un día ella fue a la presencia de Dios y Le oró, no de la misma manera a la que estaba acostumbrada; esta vez fue diferente.

Porque cuando ella le pedía a Dios por un hijo era para mostrarle a Penina, su rival, que ella sí podía tener hijos. Pero cuando ella cambió su oración, Dios le respondió, porque oró por un hijo, no para contender con alguien, sino para glorificar a Dios.

Muchos estamos esperando la respuesta a nuestras oraciones y, hasta que cambiemos el motivo por lo cual estamos orando, esta no llegará. Solamente nos responderá si lo hacemos con un corazón limpio y libre de contienda.

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