La Escritura dice: Todo aquel que en él cree, no será defraudado. Romanos 10: 11

Dios es un Dios de promesas, y quiere que todos sus hijos se adueñen de ellas. Por eso necesitamos entender que son nuestras y nos pertenecen, porque así Él lo dispuso.

Creó todo para que lo disfrutemos y nos gocemos. Él se complace cuando nos ve hacerlo, y que nada desperdiciamos de lo que nos da. No vale la pena preocuparse, seguir tristes y melancólicos, pensando que toda nuestra vida será igual. No lo será, porque todo el que confíe en Él no será jamás defraudado.

Si has dejado atrás tus sueños pensando que no valen la pena, es tiempo de tomarlos nuevamente y seguir soñando más y más, porque cuando sueñas estás confiando en Él. Sueña con tu casa nueva, tu carro, viajando por todas partes del mundo, ayudando al necesitado, extendiendo el Reino, llevando la Palabra a los lugares más lejanos, sanando enfermos, poseyendo riquezas. Sueña con lo que eres, un(a) hijo(a) del Rey de Gloria.

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