Limpiémonos de toda contaminación

Limpiémonos de toda contaminación

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

2 Corintios 7:1 dice:

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 

 

Cuando habla de carne me está hablando de alma, y ahí Dios está pidiéndole que nosotros como hijos de Él nos descontaminemos, nos limpiemos, y esto es importante que lo podamos ver y entender, porque muchas veces nosotros estamos peleando contra pecados carnales, pero sin embargo, nos olvidamos de algunos pecados que son producidos en nuestra mente, procesados en nuestra conciencia y son pecados. Y si Dios quiere que nos descontaminemos es porque alguna vez, nosotros fuimos limpios.

Contaminación significa manchar, ensuciar algo que está limpio, que es puro. Muchas veces, personas que tienen contaminación, creen que la contaminación viene de fuera, y la contaminación no viene de afuera, viene de adentro. Afuera se manifiesta tu contaminación, a través de tu cuerpo, pero tu contaminación viene de adentro, por eso en Marcos 7:23 dice: “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. Las maldades no vienen de afuera, afuera no hay maldades, las maldades las provocamos nosotros por lo que tenemos adentro, la manifestamos nosotros. Y el enemigo usa lo que nosotros tenemos adentro para magnificar esas maldades.

 

Hebreo 12:15 dice:

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

 

Lo peor es que contaminamos a otros, a los que están al lado nuestro, a nuestro alrededor. Y Dios quiere una iglesia que se descontamine. Para poder estar espiritual, tenemos que descontaminarnos. Dios tiene tantas cosas para darnos, pero nosotros no lo podemos recibir por la contaminación que tenemos.

 

La palabra dice que somos salvos por Su gracia, pero tienes que descontaminarte primero para alcanzar esa gracia. No te puedes conformar con solo buscar una iglesia, con venir a la iglesia. Dios está buscando una iglesia que se purifique, que se descontamine.

 

La raíz de amargura nos contamina, pero también la lengua.

 

Santiago 3:6 dice:

“Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno”.

 

La lengua, es controlada por tu mente, lo que hay en ella es lo que  sueltas por la lengua, pero, lo que hay en tu mente es el producto de lo que hay en tu conciencia, por eso, nosotros como hijos de Dios, como creyentes, como Pablo dice,  tenemos que lavar nuestra mente, tenemos que lavar nuestra conciencia con la sangre de Jesucristo.

 

Dios no te va a hablar a través de tu mente, Dios te puso la mente para entender lo que Él está diciendo a tu conciencia.

 

Tenemos que descontaminarnos, porque, cada contaminación que nosotros tenemos no nos permite entrar en la dimensión de Gloria que Dios tiene.

 

1 Corintios 8:7 dice:

“Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina”.

 

Hay una contaminación de conciencia, y esa contaminación viene por no tener el crecimiento espiritual, no tener el conocimiento en la palabra.

 

Cuando tienes una conciencia débil, no trabajada por la palabra, una conciencia inmadura, en ignorancia en las cosas de Dios, serás de fácil contaminación. Por eso, muchos de nosotros ya tenemos la mente cauterizada, ya a lo malo le llamamos bueno.

 

Cada uno de nosotros debemos de esforzarnos por ser limpios por la palabra y el Espíritu Santo, porque Dios quiere que entremos en un nivel de pureza, no es que lleguemos a ser puros, pero la intención de ser descontaminados, eso le agrada a Dios.  El que no está descontaminado, en su conciencia y en su alma, no va a poder ver a Dios.

 

Pureza significa ser libre de contaminación, no tener mezclas con el mal. Estamos más enfocados en esos pecados carnales, que en ver los pecados almáticos, esos son peores, tu orgullo, tu ego, tu vanagloria, tu mente.

 

Las personas contaminadas no pueden tener relación con Dios, no pueden accesar a las dimensiones de la promesa.

 

Mateo 5:8 dice:

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.

 

Dios está buscando un pueblo que empiece a descontaminarse. Hemos contaminado la casa de Dios con lo que hemos traído. Descontaminarte de tus intenciones, ¿cuáles son tus motivos de buscar a Dios? ¿Tú buscas a un Dios que llena tus necesidades o buscas a un Dios que te llena de amor? Corazón no es más que tu conciencia, es lo más íntimo que tienes.

 

Dios nos llama a descontaminarnos para poder ser luz entre los que se pierden.

 

2 Corintios 3:17-18 dice:

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”.

 

Tiene que estar el Espíritu Santo para yo ser libre, pero el Espíritu Santo, no está donde hay contaminación. Necesitas ser transformado para ir de gloria en gloria. Esa transformación tiene que estar en tu mente y en tu conciencia.

 

2 Corintios 4:1-3 dice:

“Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

 

El evangelio está encubierto en ti porque estamos contaminados, por eso, no podemos reflejar la gloria de Dios.

 

Sólo nos podemos descontaminar conforme a Su palabra revelada.

 

Hablamos de Dios, creemos en Dios, queremos manifestar a Dios, pero no nos queremos descontaminar, porque la descontaminación duele, a nadie le gusta dejar lo que le gusta, su propia agenda. El Espíritu de Dios quiere despertar tu conciencia, pero tu mente no lo permite. Por eso tenemos que doblegar la mente con nuestros pensamientos, con la palabra, para que entonces, la conciencia pueda tener un despertar. Conforme más se va cauterizando nuestra conciencia, más normal vemos las cosas que la palabra llama malo. La conciencia viene a ser como una trompeta de Dios, que te anuncia lo que a Dios no le agrada y lo que a Dios le agrada.

 

Cada uno de nosotros viene con dos propósitos: recuperar lo que hemos perdido y descontaminarnos de todo pecado.

 

Muchos de nosotros estamos pasando procesos y tratos, y no nos damos cuenta que eso es Dios puliéndote, limpiándote, descontaminándote.

 

La única manera de acceso a Dios es lavando nuestra conciencia con la sangre de la cruz, y solo nuestro espíritu regenerado tiene comunión con Dios, si tú espíritu no está regenerado no hay comunión con Dios.

 

A medida que los creyentes crecen espiritualmente, comienzan a caminar juntos, hay un testimonio de conciencia y hay un testimonio del Espíritu Santo, ambos empiezan a caminar juntos. El testimonio de tu conciencia y el testimonio de tu espíritu empiezan a caminar juntos.

 

En Romanos 9:1 Pablo dijo:

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo,

 

El testimonio de la conciencia es tu forma de actuar.

 

Hechos 23:1 dice:

“…yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”.

 

Tu mente es un laboratorio de lo que hay en tu conciencia.

 

Hechos 24:16 dice:

“Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.

 

El odio no se produce en tu mente, se produce en tu conciencia. Tu mente refleja con actitudes lo que es el odio y el orgullo, por eso se hace tan difícil perdonar.

 

Tu problema más fuerte no está en tu mente, está en lo que recibe tu mente de la conciencia, por eso, las revelaciones de Dios te las tiene que dar en tu conciencia, para que tú la puedas entender con tu mente y con esta, la expreses. Por eso Pablo dijo: yo tengo testimonio de mi conciencia y del Espíritu Santo.

 

2 Corintios 1:12 dice:

“Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que, con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros”.

 

La revelación de la cruz no puede estar en tu mente, porque la vas a olvidar, pero, en tu conciencia no hay olvido.

 

Tito 1:15 dice:

“Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.”.

 

Tu mente tiene que estar regenerada para que puedas entender y no distorsionar lo que Dios quiere contigo.

 

Cuando tú empiezas a descontaminar tu conciencia, tu mente, es cuando nuevas relaciones empiezan, porque una mente y conciencia descontaminada, siempre van a estar en motivos e intenciones originales.

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