El Valor de la Integridad. 3era Parte

El Valor de la Integridad. 3era Parte

Mensaje del Apóstol Dr. Miguel Bogaert Portela

Dios es el que pone el querer y el hacer y cuando pone ese querer y hacer en tu corazón es para que quieras hacer los cambios y transformaciones que tienes que hacer. Dios nunca te va a obligar, pero sí pondrá en ti un espíritu tanto del querer como del hacer para que puedas hacer los cambios, porque con cada cambio y transformación que hagas, serás bendecido. Tienes que creer que eres un bendito de Jehová.

 

Hasta el momento hemos visto a la luz de la Palabra, la importancia de la virtud de la integridad.

 

Colosenses 3:16 dice:

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”.

Una vez usted comience a cultivar la integridad, va a empezar a tener la mente de Cristo y hará los cambios que tenga que hacer para caminar en santidad, es en este momento que mostrará lo divino de Dios en su vida y sus frutos serán conocidos.

 

La concesión y la conveniencia vienen a ser rebeldía delante de Dios.

 

Job: 4-6 dice:

“¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?”.

 

Aquí no se habla del temor castigador, sino más bien del temor reverente a Dios, nos dice que para ser íntegros, tenemos que empezar a caminar en este tipo de temor, el temor hace que busquemos la integridad de Dios en nuestras vidas y que hagamos de esto un plan de vida en nosotros.

 

Salmos 26:1-5 dice:

“Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehová sin titubear.  Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.  Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y ando en tu verdad.  No me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté”.

 

Si no hay temor a Dios, no habrá fe, si no hay integridad, no hay una fe verdadera porque la integridad es el resultado del temor. La unidad y la conexión entre la integridad y la fe van a traer como resultado nuestros frutos.

 

Esto implica lo siguiente: Si usted es integro, también será justo, si es justo, comenzará a caminar en santidad, y para mantener la santidad, necesita fe; la fe nos va a dar la persistencia para continuar caminando en santidad.

 

Cuando tienes fe y caminas en santidad, vas a ver los frutos y estos no son más que el resultado de portar lo divino de Dios. Es decir, los frutos que damos por el temor a Dios, por la justicia y la integridad en nuestras vidas es portar lo divino de Dios. Una vez que estás caminando en lo divino de Dios, todo lo que sale de ti son frutos apetecibles, lo contrario ocurre, cuando eres orgulloso y egoísta, tus frutos no serán apetecibles.

 

La persona que entra en el sistema de la integridad, no cuestiona y no juzga. Un cristiano verdadero es reconocido por sus frutos.

 

Romanos 7:4 dice:

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”.

 

El evangelio no es egoísta y la Iglesia lo que hace es prepararte, te empodera y enseña para que hagas los cambios y transformaciones para que puedas entrar al sistema de Dios, no para que te quedes con todo lo que estás aprendiendo, sino más bien, para que empieces a dar frutos.

 

Mientras más creces espiritualmente, más credibilidad vas a tener afuera en el mundo, mientras más cambios hagas aquí dentro, más vas a llamar la atención de todos allá fuera.

 

Dios es quien te pone en la Iglesia que debes estar, no todas las iglesias son para todo el mundo, Él es quien conoce tu potencial y la intención de tu corazón. Si estás acostumbrado a manejarte dentro de un sistema de concesiones y de conveniencia, vas a buscar una Iglesia donde se te predique de concesiones y conveniencia; si por el contrario se le habla de justicia e integridad, se va a sentir mal en ese lugar, porque este sistema lo va a enfrentar.

 

En el momento que Dios nos llamó y dio el privilegio de servirle, estuvimos esperando por un año por una cobertura y una paternidad, porque estábamos buscando un sistema integro, no uno de concesiones, sino uno sin conveniencias, y hasta que Dios no habló, no hicimos nada; todo va a depender del sistema en el que te has movido y hacia donde quieres ir.

 

Lo contrario de la integridad es la hipocresía y Dios odia la hipocresía, en estos tiempos que estamos viviendo todo se está manejando por este código de modalidad donde el sistema ético es la hipocresía. Esta palabra proviene del vocablo griego hypokrites, que se refiere a un actor de las antiguas obras de teatro griegas que llevaba una máscara y exageraba su papel específico, así se define la hipocresía, alguien que pretende ser lo que no es

 

Lucas 11:37-52 dice:

“Luego que hubo hablado, le rogó un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la mesa.  El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes de comer.  Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?  Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.  Más!! Ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.  ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben”.

 

Jesús ataca la hipocresía de los escribas, de aquellos que dicen que son y no son nada.

 

Tenemos que ser fieles y leales a Dios y a las autoridades, tenemos que salir de ese sistema y entrar en el sistema de la integridad. Pablo nos dice que la hipocresía será notoria en los últimos tiempos. En los tiempos postreros habrá más gente hipócrita que gente integra

 

1 Timoteo 4:1 dice:

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.

 

Isaías 1:11-13 dice:

“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.  ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?  No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes”.

 

Cuando pasas todo el día en el mundo allá fuera, necesitas buscar un momento de estacionamiento para encontrarte contigo mismo y con Dios e ir a la cruz del calvario, pedirle perdón a Dios cada vez que vives tu vida de una manera que no es integra a Sus ojos.

 

El problema no radica en la falta de unción en las Iglesias, sino más bien, en el estado en que vamos a la Iglesia, muchas veces incluso sin expectativas de que Dios tiene algo para nosotros y que quiere bendecirnos.

 

Versículos 17-18: “aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

 

Dios estaba cansado de ese pueblo hipócrita, viviendo bajo ese sistema, venían delante de Dios y levantaban sus manos, pero en su comportamiento no eran íntegros.

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